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Julia Ojidos

Solo unos minutos


 

deseo

 

Hoy he robado al tiempo unos minutos de reflexión, he acabado de leer el libro y he decidido descansar mis ojos. El vagón de metro está lleno de gente gris. No me gusta levantar la mirada, siempre me encuentro ojos somnolientos que miran incapaces de saber que estoy pensando. Me planteo cambiar, pero no puedo; quizá ese lado mío que me hace estremecer cuando estás cerca, se ha solapado a mi carácter. – ¡Qué frágil soy a veces! – ¿Por qué es tan difícil pasar página? El metraje no para de pasar en mi cabeza. Soy demasiado cobarde para sincerarme conmigo misma. Tú me haces daño, lo sé, aunque esté confundida entre el amor y el sexo, tengo claro que te has llevado una parte de mí que desconocía. Separados por una capa invisible nuestros cuerpos siempre terminan arropándose entre besos. El olor de tu piel, el sudor que impregna mi cuerpo cuando más te deseo. Me estremece las sacudidas en la espalda, tus labios húmedos y entreabiertos; arden, recogen sorbos de deseo. Aspiran incansables el jadeo de mis labios.  Tu cuerpo es una fina línea en la pared que se arquea y embiste, flaquea unos segundos hasta que penetra de nuevo. Mi visión se vuelve borrosa, dejo de oír, solo siento el roce de tu piel, tus jadeos. El calor asciende cada vez más, hasta que encuentro ese trozo de mí, que solo tú me sabes dar. Me aprietas con fuerza los glúteos, me azotas, haces que mis palabras se derritan en mi lengua. Me coges de las caderas, cierro los ojos, sé lo que llega ahora; levanto las caderas y te sumerges dentro de mis aguas, tu lengua perfecciona las sacudidas, hundes y rozas buscando el elixir. Hasta que termina otra vez. Bebes lo que mi fuente derrama, lames los restos en mi piel. Tu mirada en ese momento me embebe, me manipula, me castiga, me golpea, me desarma. Me coges por las muñecas y me penetras con suavidad hasta que mi montaña se cubra de nieve. Besas mi pubis, patinas con tu lengua por el surco de mi ombligo, me traicionas con un dulce cosquilleo en las costillas. Intento incorporarme, pero tu mirada me aplasta contra la almohada. Silenciosa y ambiciosa mi lengua abre tus labios y penetra firme en tu boca, dejando y arrastrando las súplicas que hacen eco en nuestros pensamientos. De tantas formas me tienes atrapada, que cuando te despediste de mí, sentí un terrible hueco, un vacío vertiginoso que se vaciaba dentro de mi ser. No puedo dormir sin pensar en cada minuto que disfrute a tu lado, pero ahora me doy cuenta de que solo fueron eso, minutos. Minutos robados de tu vida, porque la mía siempre es igual, contigo o sin ti.

 

©Julia OJidos Núñez
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Jovenes con talento-Stitches – Shawn Mendes cover – ft. Dani García


Braisins producciones está formado por jovenes con talento,  crean vídeos musicales, publicitarios, y de todo tipo. Muestran sus proyectos a través de un canal de Youtube. Los cover son uno de sus trabajos. Sinceramente, son muy buenos. Aquí os dejo uno de sus trabajos. Suerte chicos!!! , seguir creciendo😉

 

 

Artista: Dani García
https://www.youtube.com/channel/UCqMP…
Producción musical: Ernesto Feilberg
Producción AV, grabación y montaje: Cristina Redondo y Arwen Sánchez

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El trabajo bien hecho – La Chapuzas


 

 

La Chapuzas

 

Hoy en día marca tendencia los colectivos de emprendedores, sobre todo si hablamos de trabajos y proyectos que encargamos por Internet. Las tecnologías han abierto puertas a jóvenes emprendedores que unen sus ideas y proyectos para ofrecer un mercado competitivo y de calidad. Un ejemplo claro es La chapuzas, el mejor sitio donde plasmar una  frase memorable en una taza de café o si prefieres personalizar un vinilo, una tarjeta…, todas las cosas que se te ocurran.  – ¿Quieres preparar un evento importante en tu vida? desde La Chapuzas tendrás un asesoramiento especializado, que sin duda su resultado dejará a tus invitados con la boca abierta.

En su pagina web encontrarás todo lo que necesitas;

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¿Quién está detrás de este tinglao?

Ana María Fernández Izquierdo |La Chapuzas

Me llamo Ana María, soñadora, pintamonas, diseñadora y sobre todo, fabricante de chapas. Mi mayor locura, fundar La Chapuzas . Después de estudiar interpretación de lengua de signos española, trabajar de recepcionista y a su vez estudiar en una escuela de ilustración, decidí emprender mi nueva aventura comprando una máquina de chapas.
Lo de emprender viene de familia, mi abuelo dice que no le gusta el nombre de La Chapuzas, pero después de tanto tiempo da penica cambiarlo.

David | La Chapuzas

 

La mitad que completa La Chapuzas es David, que en sus ratejos colabora conmigo. Montador y estudiante de artes gráficas desde los 16 años, por vocación y tradición familiar, reconvertido en diseñador, arte finalista y maquetador. Su visión de la vida es rojiblanca.

Junticos nos empeñamos en dar forma a vuestros sueños.

Novedades literarias


El Laberinto de los Espíritus

Carlos Ruiz Zafón

Título alternativo: El Cementerio de los Libros Olvidados 4
Editorial: Planeta
Año publicación: A la venta el 17/11/16
Temas: Narrativa

Resumen y sinopsis de El Laberinto de los Espíritus de Carlos Ruiz Zafón

Daniel Sempere ya no es aquel niño que descubrió un ejemplar único de La Sombra del Viento en el Cementerio de los Libros Olvidados. Es ahora un joven que sigue sin poder recordar el rostro de su madre, y que se exige a sí mismo conocer la verdad.

Como un mecanismo de relojería, de nuevo el embrujo del relato nos arrastra a través de la más fascinante de las historias, en la que comparecen todos los protagonistas de la saga con sus verdades y secretos, para componer una novela que pronto formará parte de la leyenda.


El asesinato de Sócrates

Marcos Chicot

Editorial: Planeta
Año publicación: 2016
Temas: Narrativa

Resumen y sinopsis de El asesinato de Sócrates de Marcos Chicot

Un filósofo que cambió el mundo. Un tenebroso vaticinio. Una intriga histórica ambientada en el siglo más apasionante de la Grecia clásica.

Grecia, siglo V a. C.

Un oscuro oráculo vaticina la muerte de Sócrates. Un recién nacido es condenado a morir por su propio padre.

Una guerra encarnizada entre Atenas y Esparta desangra Grecia.

El asesinato de Sócrates recrea magistralmente la época más extraordinaria de nuestra historia. Madres que luchan por sus hijos, amores imposibles y soldados tratando de sobrevivir se entrelazan de un modo fascinante con los gobernantes, artistas y pensadores que convirtieron Grecia en la cuna de nuestra civi-lización. A lo largo de las páginas de esta absorbente novela, brilla con luz propia la figura inigualable de Sócrates, el hombre cuya vida y muerte nos inspiran desde hace siglos, el filósofo que marca un antes y un después en la historia de la humanidad.

Corazón de acero, corazón malvado


 

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Tienes la capacidad de inventar tus propias mentiras, de crear un estado de ánimo. De sepultar la pureza que trajiste al nacer. Esquivas a la buena gente y arremetes con coraje contra ella; no sabes dónde está tu límite, tampoco lo buscas. Moldeas a gente pusilánime para que te ofrezca el poder que necesitas para vivir. Eres líder en tu pequeño mundo que proteges de mentiras y cosas materiales, pero en tu silencio, lloras de rabia y frustración. Te estremece no tener tentáculos para alcanzar lo que deseas y que nunca podrás tener. Eres anoréxica de palabras, de sentimientos; un esqueleto exangüe que vaporiza la realidad. Tu castillo de naipes se bambolea a cada momento. Te crees Blancanieves, pero eres la figura que se refleja al otro lado del espejo. Te gustaría ver lo invisible, pero solo alcanzas ver tu orgullo. Parcheas tu mundo inventado y construyes con ahínco tu poder. Tu fracaso es el apellido que robaste en el tiempo. Manipulas degradando y humillando incluso a las personas que quieres, solo así te sientes poderosa, viva. Cuando te sientes defraudada recurres al chantaje emocional, son pocos los que te siguen, pero desgraciadamente tus víctimas viven en estado amnésico. Nunca te llegas a caer, siempre encuentras un alma desconsolada que atrapas entre tus garras y estrujas hasta sacarle el jugo. Solo te lamentas si tus planes salen mal, te alegras por las derrotas de otros, te muestras indiferente a sentimientos pasados. Eres calculadora y fría, persigues la libertad de tus acciones, la codicia de tener más, cueste lo que cueste. Eres un alma desgraciada que solo cosecha victorias escondidas, sepultadas…, victorias que creas en ese mundo mágico lleno de odio y rabia. Donde no se contempla la verdadera esencia de la vida, la humildad, el amor y la amistad.

 

©Julia OJidos Núñez
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LLEGA EL FIN DE SEMANA…


 

Cierra los ojos, mece tu cuerpo y desgarra el oído con este cover, un temazo que a mí me encanta.  Un tema incombustible de Bill Whithers- Aint´s No Sunshine. De la voz desgarradora de Octavius Womack. Es el momento de desconectar, vive la música, sueña, vuela. Feliz fin de semana😉


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PIEL DE NARANJA (segunda parte)


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Vietnam, 8 de noviembre del 2000

 

Aquel día llegué al zulo con los pies llenos de ampollas, había fracasado, ningún hombre contrató mis servicios. El trayecto hacía el pequeño y húmedo galpón, no fue precisamente un paseo de vuelta a casa. El individuo que ese día controlaba aquella parte del mercado, me llevó a empujones. No paraba de farfullar en Chan. Solo distinguí varias frases.

–     Si no tengo ingresos, tu no comes. – está frase la repitió varias veces.

Aunque me sentí aliviada en aquel momento, después de aterrizar en el viejo futón; comprendí que, si no conseguía un cliente pronto, me venderían o me matarían. – No podían permitirse tener más bocas que alimentar. En aquellas fechas, dormíamos afinadas en aquel andrajoso lugar, once muchachas.

El ambiente a veces era bastante tenso. Muchas de ellas presumían de su experiencia. La competencia se masticaba en aquel zulo con sabor agrio.

Desde que me metieron allí, sabía cuál sería mi destino. Antes de dormir, apretaba los ojos con fuerza hasta que los músculos de los mofletes me dolieran. Respiraba profundamente y pedía un deseo.

Quería ser transparente, esa tendencia a la invisibilidad me haría pasar inadvertida a los ojos de cualquier hombre.

Esa noche fue una de las más desdichadas de mi vida. Al entrar, todas y cada una de las menores, contemplaron con asco la media naranja que tenía en mis manos. Susurraban con lengua afilada, maldecían y escupían en el suelo.

Permanecieron hasta bien avanzada la noche, riendo y haciendo comentarios sobre el color de mis ojos. No retuve muchas de sus palabras, me daba la impresión que querían hacer más daño del que ellas recibían a diario. Por ese motivo, ignoré las palabras que brotaban de sus perfiladas lenguas. Apreté de nuevo los ojos y me volví invisible.

 

Apenas los había cerrado, cuando un ruido continuo se incorporó en la oscuridad. Imágenes fidedignas brotaban de la pared, recreando un teatro de sombras siniestras. La imagen más destacada era, la de un hombre con nariz fuerte, boca orgullosa y huesos largos. Se miraba las manos, y de ellas dejó caer un cuchillo. Sentí que me estremecía, un dolor profundo se resbaló por la comisura de mis labios y me hizo despertar.

Divagué entre mis pensamientos, para comprender, que había sido un sueño. Un sueño que dejó una inesperada sensación en mi interior. Una ligera percepción de lo que iba a ocurrir.

La mañana transcurrió tranquila, el mercado estaba casi vacío.  Una mujer me regaló una manzana que me comí en el callejón de la casa de citas. La saboree como si fuera la última pieza que existiese en el mundo. Cada bocado inundaba de sabor mis carrillos que se movían frenéticamente conjugando su sabor y textura. Al acabar el último bocado, el ruido de unos neumáticos a gran velocidad me alejo del exquisito sabor y de aquellos minutos de gloria. Mientras me acercaba de forma sigilosa para curiosear quien se aproximaba con tanta prisa, me relamía una y otra vez hasta borrar el color de mis labios. Tenía hambre, llevaba varios días sin probar bocado.

 

Intenté alejarme de aquel barullo, entre un montón de curiosos que miraban con admiración a un grupo de bellas mujeres, que acompañaban a uno de los militares. Desde aquel ángulo, veía claramente las sonrisas de aquellas muchachas. Con manos cuidadas y bien vestidas. Me asaltó tanta curiosidad que mentalmente me alejé del mercado. Miré con otra perspectiva mi situación. Parecía estar en una nebulosa que flotaba en aire hasta llegar a las puertas del hotel. Solo tenía ojos para aquellas mujeres. No podía oír, el ajetreo del mercado a mi espalda, estaba levitando sin percibir lo que ocurriría a continuación.

Los gritos se oían lejanos a mí, me encontraba tumbada sobre la calzada. Me dolía la cabeza. Desde mi posición solo podía ver pequeñas nubes en el cielo que se movían despacio. El cielo era azul claro, muy bonito. En ese preciso momento, volvió a mis oídos el claxon de los coches, el murmullo del mercado. Intenté levantarme, pero unas manos amables me sujetaban impidiendo que me incorporara. Un hombre joven y guapo, me sonreía. Saca algo de la mochila y me abre la camisa. Después supe que era médico y que estaba reconociéndome, me habían atropellado.

Estaba tan enfrascada en aquella imagen de chicas jóvenes, felices y sonrientes que no me di cuenta cuando crucé la gran avenida. Cuando el doctor vio oportuno que me incorporara, observe a mi alrededor. Varios militares miraban intrigados, insinuando una sonrisa en los labios. En mis manos, todavía permanecía, varios trozos de mi naranja. Las miré con lágrimas en los ojos, estaba muerta de miedo. Había llamado la atención de aquellos hombres, después de que me vieran tendida en el suelo, con parte de mi ropa subida hasta la cintura.

Mi cuerpo empezó agarrotarse, tenía un horrible dolor de cabeza ocasionado por el golpe, comencé andar como un esqueleto exangüe, sin aliento. Alguien me cogió del brazo e intentó decirme algo. Yo no entendía su idioma. Abrí los ojos todo lo que pude, para hacerle entender que no comprendía.

 

–     Tienes que descansar, el golpe ha sido fuerte. – habló despacio, intentaba vocalizar todo lo que podía. – Al ver la expresión de la joven, decidió sacar de la mochila un libro de autoayuda, aprender frases cortas en su idioma.

 

Alguien se aproximó por detrás del doctor, era mi carcelero. Su cara expresaba sorpresa. Creo que no sabía lo que había ocurrido.

–     Tu querer servicios. Tener que pagar por chica. ¿Cuánto tiempo quieres tener? – le dijo mirándole fijamente a los ojos.

–     Ella es virgen, va a costar mucho a visitante. Es la única que es virgen.

 

Le miré a los ojos, en ese momento comprendí que no quería mis servicios. Bajé la cabeza y me aparté de su lado. Había soñado durante milésimas de segundos; me había imaginado en los brazos de aquel joven que con tanto cariño curó las heridas de mi cabeza y mis brazos.

–     ¿Cuánto?

 

Alguien me agarro del brazo, giré mi cuerpo y el joven doctor me obsequio con una bonita sonrisa y una caricia en el rostro. Subimos a su habitación, él cogía mi mano. Estaba preparada para ofrecerme sin tapujos, ni condiciones. Sabía cómo hacerlo, lo había visto muchas veces. Él me ofreció un poco de té, lo tomé de pie. Sin parar de mirarle, estaba atenta a sus indicaciones. Al no entender su idioma, nuestro diálogo se limitaba a un movimiento de brazo o de cabeza. Josep se descalzó y tiro la mochila a un lado de la habitación. Se quitó la camisa y entró en el pequeño baño. Salió con el pelo mojado y el pantalón desabrochado. Me indicó que me acercara. Sabía que era el momento y por alguna extraña razón, ya no tenía miedo. Me temblaban un poco las manos y las posé sobre su bragueta. Estaba dispuesta a hacerle disfrutar, sin embargo, y para mi sorpresa, él cogió mis manos y las mantuvo largo rato entre las suyas. Me miró y me dijo en un chapurreado camboyano.

–   Yo no quiero sexo, he pagado a tu dueño para que descanses durante una semana. Necesitas descansar… – Josep le coge del mentón e intenta hacerse entender. – Ella ha entendido lo más importante, baja la mirada y comienza a llorar. – Los labios de Josep se arquean, simulan una sonrisa amarga. Sabe que aquella mujercita no había estado con ningún hombre, lo sabía porque su amigo el taxista le había comentado los rumores que corrían en el mercado.

Josep acomoda la cama, y por señas me indica que me acueste. Acomoda unos almohadones en el suelo y se acuesta. Yo me dirijo a la cama marital, sin ganas, con movimientos lánguidos y desgarbados.

 

 

Vietnam, 16 de noviembre del 2000

 

Creo que mi situación espiritual ha cambiado, ahora sé que mi futuro puede cambiar. Veo todos los días a Josep. Él paga a mi dueño para examinar mis heridas. Nadie sabe que todavía soy virgen. Es un secreto que guardamos los dos. Me está enseñando varias palabras y frases en inglés. – Él dice que aprendo rápido, que soy una chica lista y guapa. – ¡Estoy feliz!

La puerta del pequeño galpón se abre de forma brusca. Alguien acompaña a uno de los hombres del recinto. Un anciano bajito con cierto aire insomne, vestido con bata de color gris y un maletín, se aproxima hacía mí. Me obliga abrir las piernas, enciende una lamparita. Se remanga hasta los codos, introduce uno de sus dedos por mi vagina. – se miran y sonríen. Las carcajadas se oyen como martillazos dentro de mis oídos. Ya saben que sigo siendo virgen.

–    Lávate y ponte este vestido. Vas a salir. – no dudé ni un momento en hacer lo que me pedía. –  Voy a ver a Josep, pensé. Soy feliz.

 

Vietnam, 25 de diciembre del 2000

 

Todas las noches termino llorando, cierro los ojos y quiero desaparecer. Intentó serenarme para no hundirme en un pozo profundo; es entonces cuando le veo, entre las aguas sucias de la corriente. – mi padre está cerca, alentando mi vida, con sus palabras y caricias. Le noto cada noche, después de sentirme la chica más miserable del mundo; sobre las suaves sábanas de raso y con el cuerpo limpio y perfumado, espero al que ahora es dueño de mi cuerpo, pero no de mi corazón.

Aquella mañana cuando creía que Josep había pagado mis servicios, fui al mercado cómo todos los días, me extrañó que mi carcelero no pusiera en mis manos media naranja. Le seguí jubilosa, con ganas de ver al amor de mi vida. Cuando llegué a la gran explanada que servía de centro de intercambios, un hombre de unos sesenta años de mirada melosa y dientes dorados, esperaba apoyado en un coche. Atisbé como una figura oscura y corpulenta, bajaba el cristal de la ventanilla y observaba mi lánguido cuerpo que se encogía sobre sí mismo en cada pestañeo. Abrió la puerta de atrás y me invitó a subir. Con la cabeza gacha y con lágrimas en los ojos, puse el pie en el estribo del vehículo y me impulsé para caer al vacío. Me sentí como un paracaidista cuando se lanza desde más de 3000 pies, pero con un inconveniente, que, en la mochila, no guardaba el paracaídas, sino todos mis sueños.

 

 

Vietnam, 17 de noviembre del 2000

Josep miraba el reloj nervioso, paseaba de aquí para allá, miraba de forma furtiva el mercado, esperaba ver a Loan camuflarse entre la gente y llegar a su encuentro.  Había pagado varias semanas por adelantado, quería tenerla cerca, darle seguridad durante el tiempo que le permitiera la situación.

Aquella mañana regresó al campamento médico que había a las afueras de la ciudad, tenía muchos pacientes que atender. Entre ellos, muchas chicas de la edad de Loan. Necesitaban varias intervenciones para poder volver a caminar. Estuvo absorto en su trabajo varias horas. Tiempo que dedico en exclusiva a sus pacientes.

 

Vietnam, 30 de marzo del 2002

 

Hoy es la segunda vez que mi esposo me llevará al mercado. Quiere comprar telas para sus esposas, confía en mi buen gusto y me ha llevado con mis mejores galas. Mi vestido tiene un corte europeo de color gris plomo con pequeños detalles en verde botella, un escote de cuello a la caja. En el pelo varias flores naturales del jardín. Soy la única de sus esposas que no se maquilla, él dice que estoy preciosa sin maquillar. Mi mirada inocente le gusta y no quiere que la pierda. – cuando está sobrio es encantador e incluso afable, pero son pocas horas al día; momento que aprovecho para relajarme.

Había pasado poco tiempo desde que abandoné el centro de la ciudad, me acuerdo la mala impresión que me dio su rostro cuando bajó la ventanilla y me hizo subir al coche. Aquella mañana no paré de llorar, me despedí del mercado y de Josep en silencio, con nudo en la garganta y un único deseo – morirme.

La primera noche dormí de un tirón, mi cama era enorme…, tenía un colchón cómodo y sábanas de seda color crema. Dos mujeres me arreglaron el pelo y me bañaron. En el gran baño tenía todo lo que una joven campesina podía necesitar. Perfume, maquillaje, jabón de colores. Una de las mujeres que me acomodó la cama, me dijo que había tenido suerte de caer en aquella casa.

Me sentí feliz y protegida, en ese momento comprendí que tampoco había sido tan malo. Por fin mi destino había cambiado y había tenido suerte de que aquel alto cargo del ejército se enamorara de mis ojos.

Desperté sobresaltada, alguien rozaba mi espalda. Era él, estaba desnudo y me observaba mientras dormía. Le miré a los ojos, me beso la frente y luego los labios. – se marchó.

 

Estaba asustada, mi corazón se movía velozmente dentro de mi pecho, lo notaba fuera de mí…, casi lo podía agarrar con la mano. Ese primer encuentro me inundó de malos pensamientos y recordaba, una y otra vez, el sueño que tuve en el zulo.

 

Al entrar a la ciudad el vehículo que conducía mi esposo, aminoró la marcha. La entrada a la calle principal en día de mercado era bastante complicada. Como era un coche oficial la gente se apartaba deprisa. Aparcó a las puertas del hotel. Al bajar del coche mis pensamientos se inundaron de buenos recuerdos; ardía en deseos de encontrarme con Josep. Seguía pensando en él cada noche, me imaginaba que era él quien tomaba mi cuerpo cada madrugada. Tenía ganas que viera mi aspecto; no se notaba los moratones de mi cara y el ojo ya no lo tenía hinchado.

 

 

 

Vietnam, 30 de marzo del 2002

Josep había bajado al mercado, necesitaba llenar la pequeña nevera del hotel con fruta fresca, tenía una semana de descanso y aprovechaba para dormir y pasear. Aquella mañana regresó antes de lo esperado a la pequeña habitación. Llevaba la mochila llena de fruta, un coche pasó bastante rápido por su lado. Tuvo que saltar a uno de los pasillos que había entre los puestos; cuando recobró el equilibrio y levantó la mirada. La vio a las puertas del hotel. – estaba preciosa. Había cogido algo de peso y ya era toda una mujer. Llevaba un vestido precioso y unas sandalias con hebilla. Josep contuvo por unos segundos la respiración y soltó el aire con media sonrisa. Todos sus temores se fueron disipando hasta que un hombre alto y fuerte, coge bruscamente del brazo y le obliga a seguirle. Josep nota como le hierve la sangre y se acumula en la sien. Avanza con paso firme atravesando la ancha calzada, antes de que pudiera reprimir a ese gilipollas, unos preciosos ojos se encontraron con los suyos por encima del hombro de aquel militar. Ella hizo un movimiento negativo y él paro en seco. Se quedó observándola, con la boca abierta. Fueron varios segundos, pero suficientes para descifrar lo que ella sentía por Josep.

 

Vietnam, 12 de septiembre del 2003

Cada vez viene menos a mi alcoba, dice que soy un dique seco y que no le puedo dar más hijos. – más hijos. – tiene trece hijos con todas sus esposas. Está obsesionado, quiere un hijo con mis ojos y hay días que está toda la noche intentando montarme, pero está tan borracho que se duerme sobre mí. Tengo que ingeniármelas para quitármelo de encima, le empujo y aprovecho para darle patadas y escupirle. – le odio. Y estoy haciendo lo necesario para no quedarme embarazada.  Desde que tiene esa obsesión conmigo, apenas acude al ministerio. Se pasa durmiendo la borrachera en mi habitación. Aprovecho para vestirme de campesina y bajar al mercado. Necesito verle de lejos, solo en ese momento soy feliz.

Todas las mañanas sale comiendo una manzana, tiene el pelo mojado y se ha dejado una tupida barba que le da un aspecto muy interesante. Le observo en la distancia, aspirando el aroma de su champú que viaja a mí a través de la suave brisa matutina. Solo puedo observar, no quiero que me vea, no quiero estropear la única cosa que me mantiene viva, mi amor por Josep.

Din, le espera en su viejo taxi, pero me di cuenta, que llevaba más maletas que de costumbre. – Se marcha y no le volveré a ver más. Fue un impulso no meditado, salí a la calzada y grité su nombre.

–     Josep. – el mundo se paró en ese mismo instante. Me temblaban las piernas y el miedo se apoderó de mi cuerpo como el aire que entraba en mis pulmones.

Dejó caer la mochila al suelo; me cogió en brazos y besó mi frente.

–    Loan, ¿estás bien? – me miraba de arriba  abajo, palpa mis hombros nerviosamente.

–     Si, Josep, estoy bien. ¿Te marchas?

–      ¡Madre mía! Hablas inglés mejor que yo. – aspiraba el aroma de su piel, su colonia me traía buenos recuerdos de aquellas semanas que dormí en su cama, mientras él dormía en el suelo.  Su perfecta dentadura y su sonrisa me volvían loca.

–     Din, espera cinco minutos ahora vuelvo. – me indicó que le siguiera hasta la parte de atrás del hotel. Un pequeño callejón, lleno de camiones aparcados.

–     ¿Qué haces aquí Loan? – bajé la cabeza y reprimí las lágrimas. Me cogió del mentón y acarició mi rostro.

–     Me escapo todos los días, para verte salir del hotel. Mi antiguo dueño me vendió al hombre que viste en el mercado. Al principio era cariñoso y atento, pero ahora está obsesionado, quiere un hijo.

–     Lo peor, es cuando viene borracho, se vuelve violento. Me viola varias veces y cuando acaba me pega una paliza.

–    No lo voy a permitir, me oyes. – se mesa nerviosamente el pelo, da varios pasos en el callejón y termina frente a mí. Una y otra vez. Está pensando.

–    Ven conmigo a España. Treinta niñas de las naranjas viajan hoy en el mismo vuelo. Mi país ha creado una plataforma, para adoptar a esas niñas. Intentaré colarte en el avión.

–     No puedo Josep. – la rabia salía por mis poros en forma de pequeñas y estrepitosas gotas que mojaban mi blusón. No lo entiendes, te matará. Es un hombre con mucho poder. Cuando se dé cuenta de que no estoy, lo primero que hará será, cerrar carreteras y el aeropuerto. Este es mi destino Josep.

 

En ese momento una figura alta y delgada, esperada en la entrada del callejón. Era el lugarteniente de mi marido. Un hombre siniestro, con cara desfigurada y ojos de ardilla; me miraba sin pestañear. En ese momento salí corriendo. Apenas pude despedirme de Josep. Me metí en el coche y no me atreví a mirar atrás.

Antes de llegar a casa, en una parte de la carretera donde todavía había barro y grandes árboles rotos, Sang, paró el coche. Comenzó a reír.

–     Quieres que tu marido se entere, que sales todos los días, para ver al médico. – sabía lo que aquel apestoso ser, quería, lo sabía por la miraba lasciva, por los gestos obscenos que me hacía en las esquinas de la casa cuando mi marido no miraba. Intenté salir del vehículo, pero no fui demasiado rápida, ni fuerte. Sus garras se hundieron en mi pecho, me obligó a desnudarme y meterme en la parte de atrás del todoterreno.

Me puso unas esposas en las muñecas, me colocó bocabajo, me separó las piernas. Primero introdujo sus sucios dedos. Le oía lo excitado que estaba. Jadeaba, sin parar. Notaba como le caía la baba sobre mi espalda. Apreté los ojos y los mantuve cerrados. No sé, en qué momento me penetró, lo hizo varias veces, vaginal y analmente. No oía nada, estaba sumergida en una profunda oscuridad, sin ruidos, sin olores, sin vida…

La temperatura bajó de golpe, las nubes se apoderaron del cielo, formando trizas de color gris oscuro. Comenzó a llover. El agua golpeaba sobre el capó del coche, martilleaba gota a gota esparciendo el aroma a tierra mojada. Me incorporé; estaba completamente sola. Llevaba las manos esposadas, desnuda. Sobre mi piel había restos de semen y sangre. La sangre era mía. Me brotaba de la parte de atrás. Me palpe los glúteos, sabía que tenía un desgarro. Salí del coche y agradecí las gotas de aguas que comenzaron a lavar mi cuerpo, grité y lloré con furia hasta que caí sobre el barro.

 

Al abrir los ojos, me encontré sobre las sábanas de seda. Tenía dolor por todas las partes de mi cuerpo. No sé cómo llegué allí, hasta que Josep entró por la puerta.

Mi marido estaba de viaje, aquella mañana se duchó y se marchó sin percatarse de que yo no estaba en la casa. Por eso, el lugarteniente ocupó su puesto desde primera hora de la mañana, me vio salir por la puerta de servicio y me siguió.

 

Vietnam, 12 de septiembre del 2003

 

–     Din, sigue a ese todoterreno. No te acerques mucho. Necesito saber dónde va.

–     Josep, va a perder el vuelo. – no escuchaba las palabras de Din

 

El taxista le siguió con prudencia, a aquella hora de la mañana los camiones cargados de trabajadores recorrían las carreteras. A tan solo dos coches de distancia, estaba el todoterreno. Parecía tener mucha prisa en llegar a su destino, no paraba de adelantar imprudentemente por la derecha. Se distanciaba cada vez más. Casi lo perdieron varias veces, en una de las salidas giró a la derecha. Era un terreno escarpado, lleno de lodo y ramas viejas. Era la vieja carretera que llegaba al rio, la zona estaba llena de lujosas casas. Después de las devastadoras inundaciones, apenas se utilizaba. Usaban la autopista. Perdió de vista al todoterreno una hora aproximadamente, un camión se cruzó en aquel recorrido y le costó retirarlo del barro.

No tuvieron más remedio que dejar el coche a un lado y bajar andando. Hacía mucho calor. La camiseta estaba repleta de sudor pegajoso. Se limpiaba la frente con un pañuelo. Anduvieron más de media hora hasta que vieron el coche en medio de la calzada. Se acercaron lentamente, se asomó por el cristal. La vio allí tendida, desnuda y sangrando. Sobre ella estaba el militar, Josep abrió la puerta y al comprobar que no se movía, mantuvo los dedos en el cuello para comprobar que tenía pulso. Estaba muerto. Le arrastro afuera del vehículo por los pies. Todavía tenía su miembro erecto. Hacía pocos minutos de su muerte y Josep le intentó reanimar sin éxito. A lo lejos las fuertes sacudidas de los truenos anunciaban la entrada de una estrepitosa tormenta.

–    Din, está muerto. Necesito que me ayudes a deshacerme del cuerpo.

–     Con mucho gusto, este indeseable quiso violar a mi hija, hace unos años. Tiene enemigos en cada rincón. Su mujer se alegrará cuando no vuelva a pegarla nunca más.

Arrastraron el cuerpo, ladera abajo y lo dejaron caer al río. Cuando volvieron al todoterreno, Loan estaba tumbada sobre el barro.

 

–     Kim, abre la puerta. – Din sabía que podía confiar en el ama de llaves. La conocía desde que era pequeño. Pertenecían a la misma aldea.

–    ¿Qué le ha pasado? – le miro nerviosa.

–     La hemos encontrado en el rio, me supongo que estaba dándose un baño y la corriente la arrastró hasta la orilla.

 

Mientras las mujeres le lavaban y le ponían el blusón, Josep preparaba un antibiótico y un calmante; tuvo que darle tres puntos en el ano. – Por suerte el marido de Loan no se enteró de lo ocurrido. Tres meses más tarde, en unos arrozales cerca de La Bahía de Halong, encontraron el cuerpo y el vehículo de Sang. Las fuertes lluvias de los últimos meses habían arrastrado su cuerpo más de noventa kilómetros.

 

Barcelona, 12 de septiembre del 2005

Josep acaba la reunión con la plataforma “El derecho de las niñas vietnamitas” desde el 2001 ha participado de forma altruista en beneficio de la misma. Lleva tan solo un año fuera de allí y por una parte se siente aliviado, pero su nostalgia va más allá de su fe.

Hace varios años que no sabe nada de Loan. Recuerda con cierta congoja, el día que tuvo que ponerle puntos. Nunca había experimentado nada igual. No imaginaba cuanto poder tenía aquella muchacha de ojos rasgados y piel melocotón. Cuando la cosía, sentía un dolor interno que desgarraba poco a poco su alma. Fue entonces cuando comprendió, que un hilo los había unido para siempre.

 

Vietnam, 22 de julio del 2010

Josep llega a Vietnam después de varios años sin pisar aquella tierra, va acompañado por familias españolas que decidieron adoptar a las niñas de las naranjas. Su incansable trabajo como médico y su dedicación plena para aquella causa, le convirtieron en un personaje importante en la vida social de Vietnam. Por eso estaba allí, para inaugurar un nuevo hospital construido en una de las zonas más devastadas.

Rechazó la posibilidad de hospedarse en uno de los hoteles más lujosos de la capital. Quiso descansar antes de la inauguración en el único lugar donde se había sentido más cerca de Loan. Tumbado sobre la cama, recordó con una sonrisa en los labios aquellos días que cuidó de ella.

 

Después de la inauguración se celebró una cena, acudieron representantes del gobierno e importantes empresarios. Josep dialoga con un pequeño grupo compuesto por médicos y ciudadanos importantes. Absorto en la conversación no se percató de quien entraba a la sala en aquel momento. Bebió de su copa y levantó los ojos. Sus miradas se cruzaron. Por alguna razón dejó aquel lugar por unos segundos y se refugió en aquella mirada. La mirada más profunda que había visto jamás. Era Loan, llevaba un vestido ceñido de color escarlata, un escote pronunciado en forma de V. El pelo suelto y largo, peinado hacía un lado.

Su marido se acercó al grupo, saludó, con una inclinación de cabeza y se alejó; dejando a Loan al lado de Josep. Todos los presentes intercambiaron presentaciones y saludos, hasta que le tocó el turno a Josep. No sabía cómo actuar, así que, discurriendo una estrategia se presentó como si no la conociera.

–   Soy Josep, mucho gusto. – le cogió la mano y la besó. – Ella sonrió e inclinó la cabeza a la vez que retiraba su mano.

–   Mucho gusto, me llamo Loan. – aquella preciosa niña, ya era una mujer. Una mujer con veinte años que hablaba perfectamente inglés.

 

No pudieron estar mucho tiempo juntos aquella noche, tenían compromisos que atender. El marido de Loan no paraba de presentarles a influyentes empresarios que la miraban con ojos lascivos. Ella no quería pensar en nada más que no fuera en Josep. Pensaba en él cada noche. Se imaginaba que yacía junto a ella en la cama marital. Dibujaba sus labios en la almohada, esperando la humedad de su aliento.

Loan no sabía que aquella noche, sería una de las peores de su vida. Su marido estaba negociando ciertos asuntos turbios, uno de su trato, era Loan. Por eso había permitido que le acompañara a aquel evento. Le faltaban varios acuerdos y sabía que si veían a su bella mujer cerrarían el trato. Se trataba de un empresario que actuaba por encima de la ley, se decía que además de la exportación e importación hacía trabajos sucios para el gobierno. Aquella noche aquel individuo quedó prendado por Loan.

–    Cerramos el trato con dos condiciones; la primera que tu gente escolte la mercancía hasta la montaña. La segunda que tu mujer venga a mi casa cuando se le diga.

–    Quiero hablar de mis porcentajes. – le dijo mientras daba un sorbo de vino.

–   Te ofrezco un 5 % al mes. No te puedo ofrecer más. – no tardó muchos segundos en asentir.

 

 

Vietnam, 2 de agosto del 2010

Josep después de ver a Loan la noche de la inauguración, anuló el vuelo de vuelta a Barcelona. Creía que tendría más posibilidades de volverla a ver, así que, decidió apuntarse como médico colaborador en el nuevo hospital. No sabía para cuanto tiempo, pero tenía que intentarlo, era la única forma que tenía de espantar a su conciencia. Una conciencia que le hablaba a gritos, suplicando que volviera a por ella.

 

 

Vietnam, 1 de agosto del 2010

 

Soy la mujer más feliz del universo, mi sueño se está transformando en una realidad. Josep está aquí. Adoro su presencia; adoro el montículo de su nariz, la expresión de sus ojos. Me gustaría deshacerme en sus labios, percibir el tacto de sus palabras en ellos. Él me quiere, me lo dijo con la mirada. Esa mirada gris, que me persigue cada noche y que acalora mis sábanas. Tengo que verle, necesito verle.

El teléfono del despacho comenzó a sonar, mi marido leía en la sala de lectura. Se levantó y descolgó el teléfono; me miró desde lejos. Aquella inyección de alegría y esperanza se fue disipando cuando oí la conversación. Aquella noche tenía que cumplir con mi obligación, acudir a una fiesta privada.

Mi marido no me acompañó, dijo al chofer donde me tenía que llevar. Estaba nerviosa, no sabía que tenía que hacer, ni a donde me dirigía. No paraba de dar vueltas a una pregunta. – ¿por qué yo? – tiene seis mujeres más.

El coche aparcó frente al hotel más lujoso de la ciudad, alguien vestido con un traje tradicional me acompañó a la suite presidencial que ocupaba la planta del ático. Un equipo de seguridad me cacheó y después abrió la puerta. La sala estaba llena de hombres con uniforme, muchos eran de aquí, pero otros eran norteamericanos. Había muchas chicas sentadas en grandes y confortables sillones. Mujer como yo, esposas, hermanas de personas influyentes. Un camarero me ofreció una copa, pero la rechacé. Alguien a quién había visto en la fiesta de inauguración se acercó y me dijo que le acompañara. Pasamos varias estancias hasta llegar a una de las habitaciones. – Entré temerosa, no sabía lo que me espera al otro lado. Vi a varios hombres desnudos y a tres mujeres sobre la cama, lo hacían entre ellas mientras los hombres observaban masturbándose. Eso era el valor que tenía para un hombre vietnamita, en concreto para mi esposo. Me quede allí parada, sin saber qué hacer, un individuo con batín de seda, me dijo que me desnudara. Las mujeres de la cama dejaron de comerse a besos y abandonaron la habitación. El hombre que realizó la negociación con mi marido salió del aseo, se tocaba ligeramente la nariz, ordenó que salieran todos los hombres menos el más joven de ellos. Un chico afeminado, pero con buen aspecto, que miraba con ojos suplicantes al amo. – Sí, así era, había comprado sus servicios como a mí y tenía derecho a obligarme hacer lo que le diera la gana. Jamás había estado con dos hombres a la vez, no sabía que querían de mí. – qué debía hacer. Me senté a los pies de la cama y esperé indicaciones. El hombre del batín se acercó a mí, saco de uno de sus bolsillos un pequeño botecito, color dorado. Me lo acercó a la nariz. – inhala. – apresuró a decirme.

Aquella sustancia penetró por el tabique nasal como un polvorín. En pocos minutos estaba sobre la cama, la mano del amo tocaba mi clítoris, mientras el afeminado joven le introducía el pene en la boca. Aquella sustancia hizo que me soltara, mi cuerpo sucumbió a un placer indescriptible, un placer impuesto a base de heroína, un mecanismo aéreo que controlaba mi cuerpo y mi alma. Sentía latigazos de placer mientras cambiamos de postura, ahora el afeminado me penetraba, mientras el amo le penetraba a él.

No sé en qué momento me quedé dormida, sentí la boca amarga, me incorporé despacio. Estaba completamente bloqueada por dos cuerpos, una mujer y otro hombre que no había visto en mi vida.

Alguien entró por la puerta, era mi marido. Tenía la cara descompuesta, se dirigió hacía mi como un depredador a punto de saltar sobre su presa. Las dos personas que tenía sobre mis piernas se apartaron de forma apresurada. Me senté encima de la almohada y encogí las rodillas. Me tapé la cabeza con las manos, pero no sirvió de nada. La fuerte mano de mi esposo se posó sobre mi pelo y me hizo levantar la cabeza. En cuestión de segundos, hundía una pequeña daga en la comisura de mis labios, rajando la boca. Sentí un fuerte hormigueo y acto seguido un fuerte dolor que se extendía hasta mi oído. La sangre brotó con fuerza, bañándome por completo. Me levanté con una de mis manos apretando mi cara. Tambaleándome inicie una lenta huida por el pasillo del hotel, hasta alcanzar la calle. Me desplomé en la calzada, desnuda, con el rostro desfigurado y un corazón que no dejó de latir.

 

Din estaba haciendo un servicio por la zona centro de la capital. Sabía que en menos de media hora tenía que pasar a recoger a Josep. El tráfico era bastante denso y su cliente decidió bajar del taxi y seguir a pie. Fue en ese momento cuando vio cómo se desplomaba Loan. La cogió en brazos y la metió en el taxi.

Los servicios de urgencias del hospital comenzaron a atender a Loan. Josep estaba en el hotel, recibió la llamada de Din y no tardó en salir disparado hacía el centro hospitalario. Le estaban realizando una intervención para cortar la hemorragia, al limpiar la sangre de su rostro, el cirujano descubre que es una herida dislacerante, profunda.

Josep entra en la zona blanca, desde allí puede ver perfectamente la intervención a través de la cristalera. Está bastante nervioso. No quiere perderla. Solo piensa en sacarla del país, solo así podrá salvarla. Se le ocurre una idea y sube hablar con el director del hospital y jefe de cirugía.

–     Pasa Josep, me he enterado que ha entrado en quirófano, una vieja amiga.

–      ¿Cómo va la operación? – el director, le observa con atención.

–     Le están reconstruyendo la cara. – no consiguió reprimir las lágrimas.

–     Siéntate, tenemos que hablar. – se acarició el mentón. Se dirigió hacia la cafetera y comenzó a preparar café.

–     ¿Qué necesitas Josep?

–    Tú y yo hemos trabajado juntos por este país. Sabemos que muchas cosas no las podemos cambiar. Las costumbres están desgraciadamente, muy arraigadas en su forma de vida. – el director acaba de hablar y le ofrece una taza de café.

–     Necesito sacarla del país. Necesito que firmes su defunción. Loan tiene que desaparecer, no quiero que le pase ninguna cosa más. Su marido no parará hasta matarla.

–     ¿Cómo piensas sacarla del país? – le mira distante.

–     La ONG española está recogiendo el hospital de campaña. Se trasladará a Barcelona en dos días. Con ellos viajarán varios pacientes que necesitan un tratamiento específico. Solo necesito que firmes la defunción.

–    ¿Qué cuerpo, entregarás a su esposo?

–     Ese cretino tiene seis esposas más, su cara está desfigurada, seguro que en la morgue hay otra mujer en la misma situación que Loan. – el cuerpo del director se destensó. Volvió la cabeza para asentir su propuesta.

–     Es mejor que lo prepares esta noche Josep, puedes trasladar a Loan en helicóptero al campamento de la ONG, cuando salga del postoperatorio.

–     Gracias. – se levantó y abrazo fuertemente a su amigo.

 

Barcelona, 3 de agosto del 2010

–     Josep, el quirófano está preparado. – Le mira enfundado en su atuendo de color azul.

–     Vamos allá. – Se coloca la mascarilla y los guantes; entra.

–     Loan, vamos a dejarte muy guapa. Confía en mí. – Cuenta despacio hacía atrás comenzando desde diez.

Allí sobre la mesa de operaciones, comprendí lo enamorada que estaba de Josep. Aquel hombre cambió mi vida. Me alejo del miedo, de las calles…, me hizo sentir mujer. Una mujer libre y dueña de su propia vida.

–     Despierta dormilona. – Josep le acariciaba los brazos. – La operación había sido un éxito, Loan era una mujer fuerte.

–    ¿Dónde estoy? – dijo con voz entumecida.

–    Estás en Barcelona, a salvo. – los ojos de Loan comenzaron a brillar inundando de humedad sus pestañas. Tenía tapada la parte izquierda de la cara.

–     Me duele la boca. – apenas vocalizaba, el rictus izquierdo de la boca se inclinaba hacia un lado.

–     Te he reconstruido el lado izquierdo de la cara, músculos y tejidos que se desgarraron a causa de la fuerza e inclinación del navajazo. Necesitaras varias operaciones para que tu cara pueda ser como la de antes.

–    Ahora descansa, en unas semanas vendrás a mi casa y terminaras de recuperarte.

–    A partir de ahora yo cuidaré de ti. – se acercó a sus labios y le dio un delicado beso.

 

 

Barcelona, 10 de febrero del 2012

 

Todas las tardes paseo por el jardín, tengo una gran cicatriz en la cara, pero no me importa. Todas las heridas se cicatrizan y los dolores callados acaban por diluirse. No sé quién me puso en este camino. La verdad, es que mi fe fue desapareciendo cuando mi padre empujó la balsa. He vuelto a nacer, soy un bebé que abre los ojos por primera vez. Qué inspira y llena los pulmones de una nueva vida, vida que comienza con Josep. Se cruzó en mi camino una mañana en el mercado, yo tenía tan solo diez años, pero nuestras vidas en aquel momento se fusionaron en una sola alma; fue el destino, la casualidad o quizá; alguien que vela por nosotros desde el más allá. Miro el cielo y me recreo en el vuelo de los pájaros. Me siento en el porche y oigo la puerta a mi espalda. El aire me transporta su fragancia, no me muevo, quiero recrearme, una pequeña corriente me trae su olor. Josep se aproxima lentamente hacia mí. Se inclina abrazándome por la espalda, el roce de su piel me estremece. Se coloca frente a mí y me besa en los labios. Me coge en brazos. Nuestras cómplices miradas seducen la situación. – es tan hermoso. Acaricio su rostro, recojo con avidez el amor que desprende su mirada. Me ha cuidado durante estos dos años, como ninguna mujer puede imaginar. Josep pidió dos años de excedencia para cuidarme y mimarme. Entregó su vida a mis cuidados. Tengo tantas cosas que agradecerle que al principio me causó un miedo terrible. No quería defraudarle, me ofrecía cada noche, pero él me rechazaba. Me decía una y otra vez que no tenía que ofrecerme para agradecer sus cuidados. Él esperó paciente sin importarle su deseo por tenerme. Hace unas semanas, él me hizo el amor. Fue una noche romántica, donde no faltaron las velas y una copa de vino. Dormíamos en habitaciones separadas, él no quería de ningún modo dormir conmigo hasta que no estuviera preparada. Aquella noche me colé en su habitación, desde el quicio de la puerta vi cómo se preparaba para darse un baño, me acerqué sigilosamente y comencé a observarle. Tenía el torso al descubierto, los pantalones desabrochados. Había encendido velas y en el suelo había una copa de vino. Cuando se desnudó para meterse en la bañera mi corazón comenzó a latir con fuerza. Le deseaba, nunca había tenido la necesidad imperiosa del deseo. Lo necesitaba dentro de mí. Me quité el blusón y me acerque lentamente hacía él. Antes de que posara un pie dentro de la bañera, le abracé por detrás. Le acaricié las caderas y deslicé mi mano hacía su miembro. Me cogió en brazos y me metió en la bañera. Fue cuidadoso y detallista en las caricias, sus expertas manos conocedoras del cuerpo, se deslizaban despacio, prestando delicada atención en las zonas sombrías. Comenzaba a estar lista, la humedad de mi sexo se confundía con el agua. Me subí sobre él y comencé a moverme. Quería retener ese momento, era tan feliz…, que el orgasmo me llegó demasiado rápido. Me cogió de las caderas y aceleró el ritmo, hasta que llegamos a un intenso orgasmo que nos arropó en su agua templada.

 

Barcelona, 10 de febrero del 2014

Vivir con un médico no es sencillo. Sus turnos y viajes hacen muy difícil la convivencia. En todo este tiempo, he aprendido las costumbres y el idioma. Hablo a la perfección el español, el inglés. Soy colaboradora en una ONG que protege los derechos de las mujeres en Asia. Sigo luchando por lo que creo que es posible con buenos propósitos.  Dentro de un par de días, Josep regresa de la India, han inaugurado un hospital.

 

Su trabajo en España y el voluntariado en varias organizaciones médicas hacen que sus viajes se prolonguen en el tiempo. Al principio me llamaba todos los días a cobro revertido, pero las llamadas fueron bajando de intensidad. Nuestro amor ha dejado de ser carnal, para convertirse en algo astral, propio de las almas. Mi amor por él es infinito, imposible de medir. Sus caricias son recordadas por mi piel, deleitándome con un placer incontrolable, pero a la vez efímero. Estoy en manos del destino, ese destino que empezó en aquella balsa improvisada.

Estoy un poco nerviosa, la segunda intervención será la última. Mi cara volverá a ser bella. El equipo médico está preparando el quirófano, estoy tumbada en la camilla. Josep entra en la sala. Me guiña un ojo.

–     ¿Loan, como te encuentras?  –  Josep está bastante satisfecho con la segunda operación, han podido reconstruir el lado derecho de su rostro. – Loan algo dolorida le sonríe y le mira fijamente a los ojos. Josep, le acaricia la mano y besa sus nudillos.

 

–     Te quiero Loan. – una pequeña lágrima se resbala por la mejilla de la joven y Josep la recoge con el pulgar. Ella de momento no puede hablar, tiene vendada la cara, mantiene la mandíbula apretada con un artilugio metálico de sujeción.

 

Después de la operación Josep me volvió a cuidar como la primera vez. Estábamos más distantes. Aunque en nuestras miradas solo había un amor eterno. Nuestros cuerpos no se atraían como imanes, era un poder caprichoso que nos obligaba a ansiar nuestros deseos con una mirada, pero la lujuria era algo lejano, terrenal. En ese periodo de tiempo solo hicimos el amor un par de veces. Nos sentíamos huérfanos del mundo. Incapaces de movernos al terminar. Satisfechos por ese momento que nos hacía seguir viviendo. – Era tan hermoso estar a su lado, que sobraban las palabras. No hubo despedidas, ni lágrimas. Abrió la puerta, me dedicó una bonita sonrisa y se marchó.

Varios años después…

No le puedo reprochar nada, porque todavía le amo. En todos estos años he salido con hombres, pero no han sabido llenar ese trozo de mí, que él se llevó en su maleta.  Mi vida era bastante ajetreada, mi trabajo me ocupaba muchas horas. Cuando volvía a casa era bastante tarde. Aquella mañana al abrir el buzón, toque con la yema de mis dedos aquel sobre rugoso de papel de arroz y sin saber de dónde provenía, sabía que era suya. Apenas podía creer lo que leía, era una invitación de boda. Josep se casaba, yo soy la afortunada. Quería casarse conmigo en Vietnam.

………………………………………………………………………FIN

©Julia OJidos Núñez
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