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Solitario, sombrío…, cerca de la furia sembrada por el mar, un escalofrío de espuma atraviesa su figura siempre firme.

Alumbrado por una sombra esquiva que juega con las olas.

Desconfía, de la delgada línea de luz que le marca el sol cuando acaba el día.

Desde allí le desafía, aluzando el horizonte, recreando el paisaje del comienzo de la noche.

Depositando en sus aguas un color plateado, donde comienza un bonito baile de sirenas.

Esa noche fría, dónde el rumbo y el cobijo se aproximan, dónde con extensas manos acaricia a buen recaudo el solemne guía.

Donde la más espesa negrura te conduce hasta la orilla…

Homenaje al faro por Julia OJidos Núñez

 

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