ABDUCCIÓN ( PARTE II )
Doce horas antes de la lluvia de estrellas.

Alice no encontraba el carrete de fotos de su cámara réflex, estaba buscando en el estuche de la cámara, después miró en el bolso. Pero solo encontró el envase vacío.
– Solo quedan horas y necesito ese carrete para el reportaje fotográfico.- hablaba sola muchas veces, gesticulaba con los brazos queriendo pegar el aire.-estaba sometida a mucha presión mediática, era una de las mejores reporteras gráficas y la revista había insistido en que las fotos de aquella noche tenían que ser sublimes.
Esa noche era la clave para recibir uno de los premios más importantes para un periodista gráfico. Se levantó temprano y decidió coger su cámara; comenzó a andar por el bosque.- aquel lugar casi mágico era uno de sus sitios preferidos, se refugiaba entre las piedras dilatadas por la erosión; bebía de las aguas del arroyo y se olvidaba del tiempo y los problemas.
Esa mañana era diferente, el sol proyectaba una luz plomiza en lo alto de la colina. Se sentó cerca del arroyo, un ligero aroma metálico la invadió por completo. Al contemplar sus aguas descubrió que su color había adquirido una tonalidad rojiza con textura densa. Dirigió su mirada al cielo, escrutó cada palmo de aquellas nubes que lo cubrían casi por completo.
– ¡Qué es esto!- empezó a fotografiar la masa uniforme y sólida que cubría gran parte de aquella extensión.
Se empezó a poner un poco nerviosa, una cierta inquietud cobraba vida en su cuerpo y no sabía calmarla. Anduvo durante un par de horas; durante todo el recorrido le perseguía ese desagradable olor metálico. No daba crédito a los cambios que experimentaba aquel entorno; los árboles se desprendían de sus hojas de forma inmediata, dejando un aspecto deleznable al tacto. El suelo se cubría por una espesa capa de material indescriptible, con distintas tonalidades, dando aquella zona una apariencia sórdida.
Alice era especialista en naturaleza, había trabajado con infinidad de biólogos y lo que aquella mañana estaba presenciando era algo increíble.
Se percató que aquel trozo de bosque estaba arropado por un inmenso silencio, es como si el tiempo se hubiera detenido, solo se escuchaba el crujir de las hojas bajo sus pies.
Intentaba averiguar que estaba sucediendo, pero no encontraba ninguna explicación lógica de lo que estaba pasando. Se dejó caer en el suelo, colocó un objetivo de gran alcance en su cámara; a unos dos kilómetros de distancia vio correr a un pequeño ciervo; corría despavorido.-pudo ver el miedo en sus ojos.- Alice tragó saliva, estaba en alerta, notaba una ligera presión en el pecho que la impedía respirar. En cuestión de segundos y a través del objetivo, empezó a caer del cielo unas extrañas gotas, trasparentes con una base pesada de color platino. Por alguna razón parecía que acorralaban el animal.- antes de que Alice pudiera pestañear.- el animal emitió un chirriante sonido que elevó las hojas dispersas en la arena. Su cuerpo empezó a levitar a medio metro de altura.- miraba aquel panorama muerta de miedo.- se oía su fatigada respiración junto con las ráfagas disparadas por su cámara.
Aquellas supuestas gotas de agua se introducían rápidamente en el cuerpo del venado; el animal medio muerto se estremecía.- lo más impactante para Alice fue el color amarillo que adquirieron sus ojos.
La mutación había comenzado. El color grisáceo se iba adueñando del tono pelirrojo y brillante de su pelaje; dejando sin vida aquella figura animal.
Desde aquella posición empezó a ver movimientos extraños, detrás de una gran extensión de arboles y hierbajos secos, apareció un extraño ser. Acerco la imagen de su objetivo hasta conseguir enfocar aquella siniestra aparición. Parte de su cuerpo tomaba la forma del tronco de un árbol; consiguiendo una textura similar, pero la otra parte de su cuerpo era escalofriante.- ¡en cuestión de segundos parecía gaseosa!- el espectro de color oscuro dejaba arrastrar una sombra casi humana.
Transcurren unos minutos y aquella forma vuelve a adquirir otra trasformación, su contorno dibuja una solidez metálica, plomiza. – Alice no sabía qué pensar; sus conjeturas estaban salpicadas por un inmenso pesimismo que le causó el vómito.- No lo pudo evitar, la arcada surgió de su boca sin poder evitarlo; se oyó en aquel silencioso paraje como un trueno en la noche. Inmediatamente miró por el objetivo y aquel ser de estructura heterogénea abrió su gran boca y de ella salieron pequeños insectos voladores, a su vez el grito crepitaba por el bosque animando a otros seres a seguir el rastro de aquel desconocido sonido.- El cuerpo de Alice empezó a temblar, un sudor frío recorrió su cuerpo.
– ¡Esto no me está ocurriendo!, no puede ser, ¡no me reconozco! – hablaba entre dientes sin parar de pensar en el siniestro ser que ahora la seguía…- continuó hablando sola, mientras corría sin parar; intentando evitar las zonas de prado cercanas a la civilización, donde sin duda seria una presa fácil.
Pasó muy cerca del arroyo y las pocas aguas que emanaban del interior de la tierra, empezaron a levitar; por el rabillo del ojo contemplo a unos insectos robóticos que salían de ese manto de agua que se elevaba a medio metro del suelo.
-, ¡Joder!, ¿qué coño es esto?- su instinto periodístico hizo sacar otro carrete de su riñonera y colocó en la máquina sin esfuerzo. Puso en marcha el dispositivo automático de su cámara y empezó a disparar fotos mientras corría. Estaba acostumbrada a hacer ese tipo de fotografías.- Por un momento la memoria de Alices viajo a la Sabana, donde un león de grandes dimensiones corría tras ella; cayó en una trampa para leones; una jaula camuflada la salvo de la muerte y la elevó hasta la copa de un árbol centenario.
Un sabor amargo en la boca la despertó de sus recuerdos. La sapidez a óxido le bajó por la garganta. En ese momento se percató que algo se movía pegado a su boca, dirigió su mirada a la punta de la nariz y un pequeño insecto volador escaneaba su cara con un diminuto láser, la proyección venía de un orifico en la zona central de la cabeza.

Intentó quitárselo de la cara, pero clavaba sus patas metálicas en el moflete; usó sus dedos como pinzas y tiró de él.- le escocía la garganta.- no sabía si alguno de eso extraños insectos se habían apoderado del interior de su cuerpo. Cuando consiguió quitarse aquel apestoso bicho, descubrió con horror que en las patas metálicas arrastraba largas tiras de su piel.
Comenzó a llover o eso le parecía a Alice; necesitaba descansar, llevaba corriendo más de una hora.- no podía más con su cuerpo.- había tenido que dar un gran rodeo para no ser descubierta en la planicie, ahora escondida en la grieta de una roca, esperaba que aquellos seres no la descubrieran y poder llegar a su hogar.

Oliver oyó la noticia en su vieja radio. Aquel domingo le tocó trabajar durante todo el día. La guardia en el laboratorio los fines de semanas superaban las trece horas de jornada. Es un erudito Astrobiólogo; está trabajando con una sustancia amarillenta que encontraron en el sur del continente Europeo. “ Clasificada como potencialmente peligrosa ” con alto índice de iones metálicos. – Desconocía su procedencia; según su amigo y biólogo italiano Franchesco, apareció por todos los parques de la ciudad, no sin antes descomponer cada árbol y jardín del entorno.
Estaba inmerso en el análisis de aquella sustancia. Miraba a través del microscopio. Le asombraba la construcción de aquella materia que le recordaba la transformación de la biomasa. Observaba los cambios que constantemente aparecían ante sus ojos, anotaba con cuidado todos los detalles, analizando cada proceso y dibujando en su preciado bloc.
Se quedó pensando un momento, miraba sin ver, algo le llamó la atención; en la bandeja donde había posado su ojos.- sin percatarse de un extraño movimiento.- observo la diversidad de color que adquiría los restos de esa grumosa sustancia. Se acercó despacio sin comprender que estaba ocurriendo. Pequeñas gotas de agua se desprendían de aquella materia; comenzaban a juntarse sin cesar de moverse.
Agarró la bandeja con cuidado, la acercó a la luz, estudió su estructura a través de una lente sujeta por un brazo mecánico. Allí, bajo su asombro, pequeñas piezas metálicas se ensamblaban dando forma a lo que parecía un pequeño insecto.
Dejó caer la bandeja, necesitaba salir de aquella sala, estaba cansado y el traje de seguridad le oprimía todo el cuerpo. Pasó por el arco de desinfección y salió directamente a los vestuarios. Se quitó con cuidado el casco que le protegía de cualquier contagio; estaba sudando, su reflejo en el espejo le hizo despegar ese miedo momentáneo.- Cuando sales de la sala de seguridad antes de tu descanso, el protocolo de seguridad se activa y se cierra herméticamente.- Comenzó a controlar su respiración, había dormido mal y la carrera de aquella mañana le había pasado factura. El grifo de la ducha inició un incansable goteo.- ese sonido acompaña los pensamientos de Oliver.- intenta encontrar alguna explicación sobre aquellas pequeñas criaturas.

Comenzó a cambiarse. Un estruendoso ruido le dejó paralizado, pero en pocos segundos se pierde en la lejanía. El silencio invadió el vestuario, los focos empezaron a emitir una luz intermitente, el goteo había cesado. Un aliento profundo y metálico salia de las tuberías. – Empezó a oír un extraño zumbido.- En ese momento su vieja radio comenzó a emitir chasquidos seguidos de un grito chirriante. Presionó sus oídos lo más fuerte que pudo, pero no pudo evitar que le brotará un hilo de sangre.
Estaba aturdido. Intentó moverse, pero permanecía bloqueado, miraba alrededor con los ojos desorbitados, esperando encontrarse con algo. Respiraba por la boca, el sabor de su saliva le puso en alerta.
Decidió lavarse la cara, se miró al espejo. – Oliver era un hombre de color con cuerpo atlético, otra de sus pasiones era practicar deporte. Aquel día antes de comenzar la jornada laboral salió a correr por el bosque cercano a su casa.- Ahora vio y comprendió lo que le estaba ocurriendo; del casco que yacía en el suelo, salían pequeñas criaturas, que empezaron a introducirse dentro de su cuerpo. La agonía formó parte de sus pensamientos, luchó contra algo incontrolable. Aunque el sabía que perdería en esta lucha, su cuerpo reaccionó defendiéndose contra aquellos extraños invasores. – su cabeza era un torbellino de imágenes y secuencias rápidas, donde veía pasar su vida a la velocidad de la luz.

El dolor era insoportable, pequeñas gotas salían del nacimiento de las uñas, tejían una especia de fibra lubricada por una materia desconocida. Se palpaba el rostro, extraños bultos iban y venían reconstruyendo su cara; cesaron por un momento aquellos rítmicos movimientos. Sus ojos miran al cenit. Sucumbe a la transformación celular humana o eso creían aquellos seres – El proceso había terminado; el color de su piel permaneció intacto, su cuerpo se derrumbó contra el suelo golpeándose la cabeza. Uno de los insectos se aproximó a Oliver, levanto cuidadosamente el párpado, escaneó su iris y se marchó.
Pasaron cuatro horas después de la abducción; el recinto estaba desierto. Solo quedaba el cuerpo de Oliver tirado en el vestuario rodeado de esa grumosa materia amarilla.
Fue sometido a un cambio radical, consiguió resistir a una metamorfosis robótica. La mayor parte de sus neuronas permanecían intactas. Su cuerpo había regenerado células humanas junto a un lubricante parecido a la sangre. ¡Asombrosamente había sobrevivido!

Le despertó una extraña acidez que le subía silenciosa hacía la garganta. El sabor amargo le hizo expulsar los restos de la exploración robótica. Abrió los ojos y una nube rugosa le impedía ver con claridad, pestañeó varias veces; intentando lubricar el ojo. Ordenó a su cuerpo que se moviera, pero su cerebro no era partidario de moverse. Comenzó a arrastrarse cómo pudo hasta llegar al lavabo.
Intentó controlar el equilibrio, parecía un bebé al inicio de sus primeros pasos. Se tambaleaba, un horrible dolor de cabeza palpitaba sin parar.
Cerraba y abría los ojos para intentar enfocar su imagen en el espejo, solo veía un enorme cuerpo oscuro…, su contorno. El pestañeo empezó siendo menos continuado y su fotosensibilidad a la luz fue más llevadera. Se asustó de su propia silueta, su cuerpo estaba más fornido y parte de lo que había sido vello en el dorso, eran extraños trozos de fibra. Se acercó más hacía el espejo, para poder ver con claridad la variedad de colores que se dibujaban en su iris. Una última convulsión despertó su cuerpo entumecido; pequeñas sacudidas en las extremidades puso su sistema nervioso en orden. Cuando volvió a mirarse, sus ojos habían adoptado un color amarillo intenso.

Alice cayó en un sueño profundo, su cuerpo se resistía al cambio celular. Habían pasado solo dos horas desde que encontró el refugio. Mientras dormía, su anticuerpos avanzaban con una imperiosa necesidad, acabar con los extraños microorganismos; habían entrado en su cuerpo como pequeñas cápsulas, depositadas por los insectos en la piel. Sin embargo, no lograron evitar el daño en uno de sus ojos; el color natural de su iris se transformó en un pigmento artificial amarillo intenso.
La despertó el latido de su corazón, el bombeo era rápido; inició un proceso de inhalación, una gran bocanada de aire abrió por completo sus pulmones. Ya con los ojos abiertos se palpó la cara, sacó de la riñonera un pequeño espejo; descubrió con horror el aspecto de su rostro. La falta de piel en uno de sus lados dejó al descubierto un tejido quebradizo y de aspecto oxidado, pero lo que más la inquietó fue el color de uno de sus ojos.
Salió de su escondite, un ligero olor a metal permanecía en el ambiente. Su cuerpo seguía agarrotado, desplazaba su peso arrastrando los pies. Miraba inquietante al pequeño y bonito bosque, ahora convertido en polvo y hojarasca. Los árboles conservaban el tronco, pero al tocarlo se desvanecía como el humo.- Se puso a llorar; es la primera vez en mucho tiempo que no sentía esa extraña sensación de estar al límite. El miedo a la muerte era voraz en su trabajo. Intentó coordinar su cuerpo dolorido. Se encaminó hacia la carretera, con la esperanza de que algún vehículo la auxiliara y la llevara a un centro médico.

Oliver puso en orden sus pensamientos y volvió a dirigirse a la sala precintada. Estuvo observando un buen rato…, hasta que una majestuosa y desconocida sombra se colocó frente a él, solo les separaba un cristal de seguridad. Mantuvieron la mirada durante unos minutos. La figura con mirada desafiante se evaporó en ese preciso momento, salpicando unas gotas metálicas en el cristal.
De una forma pasmosa se reagruparon, salieron al exterior por los registros de ventilación y entrada de oxígeno.
Los ascensores del centro de investigación no funcionaban, decidió ascender por las escaleras de emergencia de la zona sur. Eso le obligaba a volver a pasar por los vestuarios.- un pequeño atajo que pocos conocían.- Ya en el interior, le sobresalto el eco de una emisora de radio. Sin duda, su agudeza auditiva se había desarrollado por encima de lo normal después de aquella transformación.- alguien desde algún lugar estaba radiando un comunicado.

– Estación de radar Méteo de King City en Canadá, les habla Richard Loys.- Espero que me escuchen… es un aviso a la población que ocupa el hemisferio sur del planeta.- sigue radiando la información, la voz se oye entrecortada. – Durante las primeras horas de la mañana se han registrado en varias zonas del planeta anomalías climatológicas sin explicación aparente. Si alguien sigue vivo… sigan las siguientes indicaciones;
– Si en la zona donde vive, las hojas de los árboles se marchitan a la velocidad de la luz. Es el momento de escapar de allí. Prepare una mochila, con comida y agua. Protéjase los ojos y la cabeza.- de repente y sin saber por qué, intenta cambiar de dial. Otra emisora emite en otra frecuencia y empiezan a radiar otro mensaje.
– Si alguien me oye, en algún lugar del hemisferio sur, por favor intenten ponerse en contacto conmigo, me llamó Alice soy fotógrafa profesional, necesito saber si alguien sigue vivo ahí fuera. No sé exactamente lo que está ocurriendo, pero les diré que son muchos y que solo quieren nuestros cuerpos.
Si están cerca de la gasolinera abandonada…- la voz de Alice era pausada, estaba cansada, quería saber si alguien seguía vivo.- Está situada a veinte kilómetros del cañón, pasaré por allí todos los días a las doce de la mañana…

Oliver creía que estaba soñando, no se imaginaba que era a escala mundial. Fue a su despacho y miro uno de los cuadernillos donde anotaba las entradas de la mercancía. Sabía que aquella sustancia guardaba alguna relación con aquellos seres y también con la esperada lluvia de estrellas. Analizó los datos, realizó cálculos y descubrió que aquella actividad inusual de pequeños seres robóticos comenzaba en el mismo momento que los árboles perdían sus hojas.

Los faros de un vehículo apuntaban el comienzo del camino al bosque.- Alice llegó a aquel lugar sin aliento.- El coche se había salido de la calzada; al acercarse vislumbro que la puerta del conductor estaba abierta.- Se aproximó más.- vio con más claridad lo que había en su interior, una silueta con apariencia humana reposa su cuerpo sobre el volante.- estiró la manga de su abrigo con la intención de usarla como guante.- solo le bastó un pequeño roce en el hombro y aquella figura se derrumbó como un castillo de naipes.
– Joder, ¿qué es esto?- cayó de rodillas en el asfalto, lloraba desconsolada.- pasaron varios minutos hasta que se recuperó.- Cómo un resorte se puso de nuevo en pie; de su nariz no paraba de salir una grumosa sustancia amarilla.- se limpió con la manga.
Continuó por la autopista, en dirección a casa. No quería perder la cordura. Durante el trayecto intentaba ordenar con detalle todos los acontecimientos ocurridos hasta ahora.
Tenía ganas de entrar en casa, darse una ducha. Bajar al sótano y revelar aquellas inquietantes fotografías.

 

                                                                                              Julia Ojidos Núñez.

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