Ocho horas antes de la lluvia de estrellas

Como todos los domingos a las once de la mañana los padres de Madison iban a visitarla al hospital. Salieron de casa. Estaban contentos, los últimos informes médicos que les entregó Zanc, eran esperanzadores. Después de tres años en coma, estaba reaccionando positivamente a un innovador tratamiento que la haría despertar en unos meses. Por suerte para Madison el golpe sufrido en el accidente no le ocasionó muchos daños cerebrales.
Estaban casi llegando al desvío de la nacional III, cuando el sol se eclipsó.
– ¡No es posible!, la información del tiempo no hablaba de que iba a llover esta mañana.- Lucas el padre de Madison, pone la radio de su coche.- mueve el botón con la intención de localizar una emisora que se oiga con la tormenta.
– Por Dios Lucas, ¡déjame a mí!, lo haces demasiado deprisa.- Janet intenta con mucho tacto coger alguna emisora donde poder escuchar las noticias meteorológicas.
Están cruzando unos de los puentes que les lleva a la entrada norte del hospital, cuando una fila de coches les hace detenerse.
– ¿Cómo es posible?- Mira hacía delante; la fila se pierde en el horizonte. Intenta dar marcha  atrás con la esperanza de salir por la nacional II, pero es inútil, los coches iban llegando y parando.
Una enorme nube negra se dirige en su dirección.- Lucas salió del coche; mientras su esposa se dedicaba a girar el botón de la radio con la esperanza de encontrar alguna emisora.
Comienza a andar, se une a un grupo de conductores que abandonan sus vehículos intentando saber que está ocurriendo.
Una luz cegadora comenzó a iluminar los primeros coches de aquella gran fila, permanecían parados y con las luces de emergencia.- la gente no podía entender lo que ocurría; pequeñas plataformas plateadas bajaban a gran velocidad por un haz de luz. Un potente láser proyectaba una honda de energía que impulsaba a los vehículos a doce metros del suelo, a continuación aquella peculiar energía elevaba la temperatura de los motores y estallaban en cadena. La imagen era dantesca; provoca una huida en masa hacía otra dirección.
Lucas intenta correr hacia su coche, pero cae al suelo a pocos metros. El grito de la gente ensordece todo el lugar, haciendo eco en los oídos de Janet que mira con asombro y miedo las sombras que se forman ante sus ojos.- Se queda agarrotada. Entra en un estado de pánico; oye gritar a su marido.- le ve a escasos metros del coche, las sombras le alcanzan. La presión en su cabeza aumenta, la gira de forma mecánica; dirige la mirada hacía su coche.- donde los ojos de su esposa le contemplan.
Todo ocurre demasiado rápido y Janet intenta salir de su coche para ayudar a su marido.- está aterrada, no puede respirar.- intenta superar su miedo y se aproxima corriendo.- ¡ya es demasiado tarde!
Está levitando a medio metro del suelo, algo le ha penetrado en el graneo, se tambalea en el aire, sus extremidades se convulsionan.- Janet grita su nombre.-

– ¡Lucas!- en milésimas de segundo, gira la cabeza y abre los ojos.- Janet cae de rodillas, los bonitos ojos azules de Lucas han adquirido un tono amarillento.
Ella se empieza abandonar, sabe que no puede escapar corriendo. No tiene ganas de luchar, mira alrededor con lágrimas en los ojos. Muchos están muertos, otros parecen estarlo. Su marido cae en el asfalto. Janet gatea a su lado, la gran sombra se abalanza sobre ella y abre su gran boca. Ella le lanza una mirada desafiante. Pequeñas puntas de lanzas se clavan en la mujer, matándola de inmediato.
Una sacudida seguida por un ruido ensordecedor se oye cerca del hospital. El suelo del puente se derrumba y la gran nube metálica vuelve a moverse.
Desde lejos se ve como un haz de luz se lleva a los que han superado la transformación.- Entre ellos el padre de Madison.

La gran explosión en el puente ha reventado los cristales del hospital. Madison sigue perdida en el mundo del sueño eterno. Se ha parado la máquina que registra su ritmo cardíaco.- ninguna máquina funciona en el hospital.- Su respiración es normal.
Un aire frío se cuela por la ventana, acaricia los brazos de la joven. Sus ojos permanecen cerrados, pero su actividad neuronal provoca un ligero movimiento en los párpados. El sistema nervioso hace que empiece a recuperar sensibilidad en el cuerpo.- ha notado el frío.- pasan breves minutos.-
Una ráfaga de aire entra inundando el espacio; Madison abre los ojos.Le empieza a llegar un desagradable olor. Intenta girar su cabeza, pero desiste.- es demasiado pronto. Acaba de despertar y su cuerpo no asimila con claridad las ordenes que le manda el cerebro.
Sabe que algo está pasando.- no se oye nada.- solo el peculiar silbido del aire que entra por la ventana. Dirige su mirada al jardín. Ve que quedan pocas hojas verdes.- sus latidos empiezan a cambiar de ritmo, su instinto la obliga a moverse de aquella posición.
Empieza a sentir un ligero hormigueo en la nuca, segundos después una pequeña descarga de energía nerviosa la obliga a girar el cuello; que gira lentamente hacía la ventana, emite un sordo gemido, el dolor que le produce el cuello la pilla por sorpresa. Intenta bascular su cuerpo para cambiar de posición.- necesita colocarse en dirección a los árboles.- cree que marchitan rápidamente o es su imaginación dormida. Aturdida se vuelve a impulsar sin apenas ayuda de los brazos.- Los tres años en coma le pasan factura.- Su cuerpo ha perdido gran parte de su masa muscular. Lo intenta varias veces, cada vez coge más fuerza, hasta que al final cae al suelo.
Su cuerpo queda de costado, en dirección al jardín. Las hojas verdes ya no muestran su armonioso color.- en este momento Madison piensa que está muerta.- empieza a darse cuenta que está sola. Se acuerda que tiene familia y no están con ella.
En su cabeza empiezan a deambular imágenes del pasado, está regenerando los recuerdos. Ella sabe que ha estado en coma, pero no recuerda con nitidez que es lo que la ocurrió.
Permanece en el suelo durante horas, intenta conseguir que su cuerpo se mueva. Primero, un ligero movimiento en los dedos de las manos y de los pies. Desliza despacio las piernas, pero no logra doblar las articulaciones. Está agotada, sin aliento. Dirige la mirada al cielo y es entonces cuando una nube plomiza la deja sin respiración. Pestañea varias veces, intentando creer lo qué están viendo sus ojos.- En ese mismo momento un ruido chirriante se oye en el pasillo; un alboroto de muebles en movimiento que chocan contra las paredes.- otra vez el silencio.- la puerta de su habitación está cerrada, pero el sonido de un animal despierta su atención; es como si inhalara por debajo de la puerta intentando identificar un olor. Ahora vuelve a estar en calma. Un profundo miedo aterriza golpeándole fuertemente la cabeza. Al tocarse la cabeza descubre la placa metálica que la cubre el cráneo de oreja a oreja. Palpa despacio con los dedos, su pelo ha dejado de crecer en esa zona.
Después de media hora en silencio, empieza a despertar de un estado dormitivo, la inunda un profundo olor metálico; al respirarlo le araña la garganta dejando un sabor a óxido en los labios.
Un fuerte ruido la sobresalta; consigue ponerse de rodillas y arrastrarse hacía la puerta. Aguza el oído apoyándolo en ella. Puede distinguir el jadeo de un animal y unos pasos cercanos.
Está muy nerviosa y cansada. Empieza a estar deshidratada y necesita beber agua.
Observa la habitación, descubre una puerta entornada al otro lado del ventanal; entra despacio mirando su oscuridad.-Un miedo galopa en su interior, distorsiona la realidad.- ha despertado del coma y lo que ahora descubre se aleja mucho de lo vivido anteriormente.- Se impulsa para alcanzar el lavabo, logra incorporarse y abre los grifos. El rugido de la tubería le hace entrar en depresión, pone sus labios agrietados en la boca del grifo y succiona las cuatro gotas que se desprenden.
La única preocupación que Madison tiene ahora es poder beber.- recuerda que en la sala al final del pasillo se encuentra un dispensador de agua.- seguro que también habrá algo para comer.
Alcanza el primer pasillo arrastrando su pequeño cuerpo por las paredes. Le tiemblan las piernas.- está muy débil.- Sé para de golpe a la mitad; vuelve a oír un ligero siseo que la pone en alerta. El sonido procede de la habitación número diez, una luz intensa ilumina la rendija de la puerta, alguien grita. El grito desgarrador le hace derrumbarse, cae al suelo sin poder evitarlo.- Algo o alguien golpean los muebles produciendo un sonido chirriante hasta acabar chocando con las paredes.- Invade aquel pasillo un silencio absoluto…
La puerta se abre, un extraño ser sale por ella, lo que ven sus ojos es una verdadera tortura. Su cuerpo se va encogiendo…, consigue agazaparse detrás de un carro de lavandería. Observa aterrada aquella sombra inocua; se mueve levitando y busca en todas las habitaciones; está al acecho, busca otro infeliz que alimente su alma. La habitación deja al descubierto el horror de aquel grito. Un hombre sentado en la cama, parece una escultura de piedra. No puede apartar su mirada de aquella habitación. Una bocanada de aire entra por la ventana y la figura se derrumba convirtiéndose en polvo.
Solo quedan pocos metros para alcanzar la sala; Madison se aproxima, tiene una necesidad imperiosa de ingerir líquido. Solo una obsesión le ocupa sus pensamientos; un vaso de agua fresca para calmar su sed.
Está un poco distraída, ha dejado de pensar en lo que está ocurriendo, su objetivo es alcanzar la sala.- Está a oscuras, solo un haz de luz ilumina un pequeño espacio. La estancia está repleta de sillas y máquinas. Se intenta levantar apoyándose en el reposabrazos de un gran sillón. Detecta un ligero movimiento y retrocede sin dejar de temblar. Alguien la chistea desde el otro lado de la sala.

– Madison, ¿eres tú?- desgraciadamente no puede emitir ningún sonido. Una pequeña lesión cerebral la impide hablar.
– Solo emite un gruñido como el que produce un animal.- se sorprende de no poder articular palabra. Le aterra no volver a hablar, sus ojos se inundan de lágrimas.
Mantener el equilibrio es más complicado de lo que ella cree, se levanta y cae. Su cuerpo emite un sonido seco al chocar contra el suelo.
El sonido se desplaza de forma vertiginosa por el pasillo.-ya no queda nadie vivo en aquella planta, solo ella y aquel individuo que la llama por su nombre.
En la otra punta, una especie de animal aguza su olfato y se dirige a gran velocidad hacía la sala. Le acompañan infinidad de pequeños insectos robóticos con hambre de presa.
Madison intenta ponerse de nuevo en pie, lo consigue gracias a una fuerte mano que la sujeta sin soltarla.
Aquella peculiar figura animal se asoma a la puerta; es cómo un perro, pero su aspecto siniestro consigue que Madison se estremezca. Una sustancia grumosa se desprende de su hocico metálico, llenado el suelo de color amarillo.
Permanecen abrazados en el sillón, respiran despacio, no quieren que huelan su miedo, casi ni pestañean.- pasa muy cerca de ellos les roza las piernas, pero asombrosamente no les ve.
Madison se siente incomoda, no puede controlar los inquietantes impulsos nerviosos que manda el cerebro a su cuerpo, no tiene control de sus movimientos. Se produce una pequeña descarga en sus piernas y se mueven.Los insectos robóticos se aproximan corriendo hacia ellos. Recorren su cuerpo, analizan con un pequeño láser. Un instinto de supervivencia hace que Madison y su acompañante inspiren una bocanada de aire y la mantengan sin expulsar. Un extraño insecto se coloca a la altura de los ojos que permanecen abiertos. El animal metálico mira en su dirección esperando la confirmación de aquellos seres diminutos.
Parece que pasan horas, cuando uno a uno van abandonado la habitación, el último en hacerlo es aquella estructura semi metálica en forma de lobo.
La tensión sometida en escasos segundos hace que sus cuerpos se desplomen uno sobre el otro.- incapaces de moverse, permanecen allí abrazados durante un tiempo.-Se quedan dormidos.
Madison es la primera en despertar; entra más luz por la ventana y ve con claridad el cuerpo de un muchacho menor que ella, abrazándola como un niño a su oso de peluche. Le observa con curiosidad, no quiere moverse para no despertarle. Es atractivo y corpulento, su piel está bronceada, lo que le hace pensar que vive cerca de la costa.
Intenta moverse y le retira el brazo que reposa sobre su cuerpo; en ese momento él se despierta. Unos enormes ojos verdes le miran con asombro.
– Madison, ¿Estás bien?-Jack la mira a los ojos y descubre con tristeza que no se acuerda de él.
Madison intenta hablar, pero no consigue pronunciar ni una palabra.- Se ruboriza.- él la acaricia la cara, con un solo gesto le trasmite la confianza que necesita. Fue entonces cuando ella no pudo aguantar la presión, el miedo y se derrumba en sus brazos, llorando desconsoladamente.
Mientras abraza su cuerpo, besa la diadema de metal de su cabeza.-que es igual a la suya.
Jack se levantó despacio, ella permaneció inerte durante una hora aproximadamente, intentaba encontrar algún recuerdo que pudiera enlazar con la cara de Jack.
Estaba sediento, necesitaba sacar agua de la máquina expendedora, no sabía cómo hacerlo sin hacer mucho ruido.Intentó hacer palanca en el cierre con una llave que había en el suelo.- no lo consiguió.-
– Madison, quédate aquí, de acuerdo, enseguida vuelvo.- Madison se acurrucó como una niña en el sillón y no dejó de observarle hasta que abandonó la sala.
No lograba encontrar la cara de Jack en ninguno de sus recuerdos, el caso era que su proximidad la tranquilizaba, la llenaba de una sensación desconocida, se sentía arropada. Solo quería permanecer a su lado.
Sumergida en aquel silencio.- empezó a oír leves sonidos.- parecen lejanos.- se levantó del sillón.Tenía más control sobre su cuerpo. Se encaminó hacía la puerta. A lo lejos, vio el reflejo de una sombra con aspecto humano. Intentó esconderse, pero fue demasiado tarde. Un leve sonido atrajo la atención de la sombra; levitaba despacio hacía su dirección. Se quedó paralizada, un ataque de ansiedad la devoró por dentro. Su respiración se aceleraba, no le daba tiempo a coger aire. Empezaba a colapsar sus pulmones; cuando levantó la cabeza se encontró con una mirada penetrante. Una estructura metálica, que cambia de aspecto en cuestión de segundos, la miraba con unos espeluznantes ojos de color amarillo. Le mantenía la mirada.Emitió un escalofriante bufido que consiguió que Madison se orinase encima.
El ruido era tan fuerte que de sus oídos brotaba unos pequeños hilos de sangre. Permaneció allí, mirándole a los ojos sin poder moverse, encogida por el miedo. De una forma espectacular, la sombra atravesó su cuerpo y salió por la ventana de la sala.
Cayó de rodillas, aislándose del mundo, ese mundo lleno de terror que se apoderaba de su alma.- Solo quería volver al coma.
Jack regresó corriendo al oír aquel desagradable bufido que envolvió todos los rincones del hospital. La vio de rodillas, meciendo su cuerpo; lloraba…, se estremecía, mantenía la mirada perdida. La abrazó con fuerza y no paró de besarla hasta que calmó sus lágrimas.
Jack sabía más cosas de lo que estaba ocurriendo; había oído la noticia de la lluvia de estrellas, también el último comunicado emitido desde Canadá. Pero le llamó la atención el llamamiento realizado por Alice.
Le contó todos los detalles a Madison, le comentó que él es su pareja. El día del accidente iban juntos en el coche cuando un conductor perdió el control de su camión y mando por los aires el coche en el que viajaban, aterrizando en las frías aguas de un río próximo.
Prepararon lo necesario para su viaje, recuperaron fuerzas. En pocas horas marcharon por unos de los puentes que se dirigen hacia el norte, su destino la gasolinera cerca del cañón. La sonrisa de Madison brotó en su rostro, se sentía protegida cerca de Jack. – Miraban hacía al norte, mientras que Jack empujaba la silla de ruedas.

  Julia Ojidos Núñez

 

 

Queridos lectores muchas gracias por leer este relato, ha sido un éxito. Muchos de vosotros me habéis sugerido que me planteara realizar una novela larga. He decidido escribirla. Está será la última parte que publicaré en el blog.
Muchas gracias a todos.
Un gran abrazo y buen fin de semana.

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