ADICTOS3

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ADICTOS III

Una noche inolvidable

Lidia se lava los dientes frente al espejo. Tiene su cabello recogido con una pinza. Un bonito color rosado le brota en las mejillas. Estaba feliz, sin duda Éric la hizo sentir placer. Se le escapó una leve sonrisa recordando la noche anterior; cada caricia, cada beso…, no se lo podía quitar de la cabeza. ¡fue sublime!- pensaba mientras terminaba de arreglarse para acudir a su cita.- estaba deseosa de verle de nuevo, aunque solo hubiera trascurrido cuatro horas desde su placentero encuentro.

Éric esperaba en la puerta de la universidad; comenzó a sonreír, cuando vio de lejos el balanceo de la melena de Lidia mientras caminaba…- la adoraba.- podía sentir sus cálidas caricias, el más puro reflejo de la pasión de aquella noche. Cuando llegó a su altura; ella abarcó con sus brazos el cuello le propinó un profundo y húmedo beso.- le dejó sin aliento. Cuando recobraron la compostura se miraron un largo rato y entraron cogidos de la mano.

Lidia iba flotando, estaba en un estado de felicidad si precedentes, parecía que andaba levitando sobre el suelo. No era dueña de su cuerpo mientras agarraba su mano. Había poca actividad en el vestíbulo. Solo un par de estudiantes cargados de libros andaban deprisa, sin percatarse de su presencia. Suben a la primera planta, donde hay un pequeño vestuario.- dejan sus pertenencias.

– ¡Qué raro!- comenta Lidia.- le mira con cara picarona.-Éric lo confirma.

– Si, muy raro.- se peina con los dedos su rizada cabellera; coge a Lidia por la cintura; atrae su cuerpo hacía él hasta que la punta de su nariz le roza.

Mantiene la mirada lo suficiente para inhalar su aliento; sin duda alguna despierta un deseo voraz. Éric acaricia su rostro casi sin rozar las yemas de los dedos. Lidia empieza a gemir, un ligero sonido sale de su garganta de forma sensual. Su cuerpo comienza a segregar fluidos que la inundan de deseo. Él besa sus parpados, desliza su lengua por el lóbulo de la oreja. Lidia está agitada, pone sus manos sobre el miembro de Éric.- lo necesita.- desabrocha su pantalón con cierta torpeza. El cálido roce la inunda de placer.- ahora es Éric quien gime.

La coge por la cintura y apoya su cuerpo contra el lavabo. Levanta su vestido y desgarra el tanga de encaje. Ella, de forma precipitada se desabrocha los botones del vestido; sus pechos descubiertos son una tentación para Éric; que besa y succiona, mientras penetra en el interior de Lidia. Ella sigue su ritmo, besando su cuerpo y propinando pequeños tirones en el pelo de su amado. Mantiene los ojos cerrados, en ese momento no sabe dónde está. Su intención es saborear las sacudidas de placer que recorren su cuerpo y que muy despacio desatará un huracán de sensaciones que retorcerá cada musculo y pedazo de piel. Casi ha llegado al orgasmo, cuando Éric saca su pene y cambia de postura. Ahora el cuerpo de Lidia está frente el espejo. El reflejo de los dos cuerpos les excita mucho más y en pocos minutos alcanzan un lento y profundo orgasmo que les hace sujetarse fuertemente al mármol, para no caer.

Mientras intentan vestirse; Lidia percibe un olor extraño. Busca con la mirada el lugar de donde procede. El vestuario es pequeño y enseguida el espejo se cubre de vaho. En uno de sus extremos Lidia ve claramente el reflejo de una figura humana.- el joven observa su reacción y mira en aquella dirección. Aquella imagen en el espejo, se evaporó.

– ¿Estas bien?- le pregunta Éric. Por un momento he visto miedo en tus ojos.

– Si, estoy bien…, solo…, presentía que alguien estaba observando.- se acercó y depositó un delicado beso en los labios de Éric.

– ¡Vayámonos!, tenemos trabajo.- se pusieron las batas y cogieron las mascarillas; marcharon en dirección al aula de autopsias.

Se encontraron con pocos estudiantes en el pasillo, sus miradas se cruzaban cómo una proyección a cámara lenta. Lidia detectó algo diferente en aquellas miradas.

Llegaron a la sala de autopsias justo en el preciso momento que los operarios dejaban un cuerpo cubierto por una sabana y correctamente etiquetado. Tenían que esperar que el profesor llegara para iniciar la autopsia. Le dieron treinta minutos de cortesía.

– Lidia vamos a comenzar, seguro que no tarda en venir.- tenían todo preparado, pusieron la videocámara en funcionamiento.

– Adelante Éric.- comenzaron a leer la etiqueta que tenía el cadáver en voz alta.

– Procedieron a dar datos del estado del cuerpo.- dar valoraciones del exterior.

– Iniciamos una necropsia anatomoclínica. – Éric empieza a dictar a la vez que ejecuta su cometido.

– Tenemos un varón de unos veinte tres años de raza blanca, de origen ruso. Estatura 1,85 cm, 68 kilos de peso

– Causa posible de la muerte, sobredosis, aunque en el primer informe forense, hay interrogaciones en este apartado. Por eso hemos decidido hacer una necropsia anatomoclínica..- comenzaron a palpar aquel cuerpo.-

Éric pellizca el panículo adiposo para determinar el estado nutricional. Presiona ligeramente con el pulgar y el índice diferentes partes del abdomen.

A continuación, ejecutan una flexo – extensión en las articulaciones principales, para determinar el grado de rigidez cadavérica. Intentan descubrir alguna malformación o mancha de nacimiento.- informa del estado de la piel;

– En el reconocimiento completo del cuerpo he encontrado zonas muy pálidas, contrastando con zonas de cianosis. Abarcando esa zona, aparecen diminutas pústulas de color verdoso.

– Retiramos los tapones de algodón de los orificios, nariz, boca y recto.

Después de un exhaustivo reconocimiento exterior e interior, realizan las pruebas pertinentes para el laboratorio. Les extrañó que en todo ese tiempo su profesor no hubiese aparecido y decidieron llevar las muestras ellos mismos.

Cruzaron la galería; ese espacio separa las salas de autopsias con las aulas. Pasaron por una puerta metálica de seguridad y se encontraron con los grandes ventanales de los laboratorios.

En el trayecto no pronunciaron ni una sola palabra, estaban distraídos con sus pensamientos. Lidia tenía una guerra filosófica en su interior. Tenía muchas dudas sobre aquella autopsia. No sabía determinar con seguridad la causa de la muerte. Los pies de la víctima en el tiempo que duró la exploración, cambiaba de color y textura de forma rápida.- algo nunca visto. Terminaron adquiriendo un color negruzco, con zonas que supuraban y jirones de tejidos en avanzado proceso de descomposición. Las venas estaban taponadas; lo asombroso era, que en parte de ellas un diminuto orificio seguía abierto, por donde circulaba de forma fluida una extraña sustancia de color verde. Parte del tejido parece muerto, pero otra parte tiene su color natural. Es como si de alguna forma esa sustancia quisiera sustituir a la sangre, drenando las venas y arterias.- necesitaba despejar sus dudas y harían todo lo posible, para conseguir los resultados del laboratorio.

No podían pasar directamente al laboratorio, no estaban autorizados. Una apertura en forma de bandeja giratoria es la única comunicación con el interior. Un conserje les hizo rellenar un formulario y cogió las muestras que depositó en una bandeja.

– ¿Qué te ha parecido la necropsia?- le pregunta Éric con cierto tono de preocupación.

– No sé que pensar…, nunca he visto un cadáver que presente esos cambios en la mesa de autopsias. La apariencia de sus órganos determina una oxidación metabólica avanzada, sobre todo en el riñón; Pero luego otros órganos parecen que no han sufrido nada; cosa imposible en una intoxicación por sobredosis. – Éric le mira pensativo.

– Tienes razón, es imposible que los tóxicos solo actuarán en varias partes del cuerpo y en otras no. Es cómo si esa sustancia regenerara los órganos básicos.

– Éric, tú sabes que eso es imposible. Necesitamos saber los componentes de esa nueva droga. Los resultados de los análisis.

– ¿Te acuerdas de la autopsia que realicé el día de la puntuación? – continuó hablando.- Algo había en la barrera hematoencefálica, en varias de las pruebas se veía una densa capa de esa sustancia verde.

– Si pudiésemos conseguir los resultados de patología…, despejaría alguna duda.

– Sígueme…, supongo que el cuerpo estará en el aula. Quiero comprobar una cosa.

Corrieron por el pasillo con la esperanza de que el cuerpo estuviera en el aula. Giraron por el segundo pasillo; en ese momento vieron la camilla salir de la sala, iba en dirección al ascensor. Solo les dio tiempo a ver los pies del cadáver que sobresalían de la sábana.

Se fueron a casa. Estaban cansados de la noche anterior. Se quedaron dormidos en el sofá. Lidia tenía un sueño agitado. Su cuerpo temblaba en los brazos de Éric.- veía con claridad las imágenes de aquel sueño.-

Estaba otra vez en la fiesta de la facultad, oía la música de lejos. Su visión era a vista de pájaro; percibía con claridad el latido de su corazón y su fuerte respiración.

Se vio sentada en aquella silla; a cámara lenta procesó toda y cada una de las personas que estaban cerca de allí. Seguía el ritmo de su cuerpo al bailar. Alcanzaba a ver cada gota de sudor que se desprendían aquellos cuerpos en movimiento.

Sus miradas…, presentaban una simbiosis. Sus cuerpos empezaron a desquebrajarse, se les descolgaban los brazos, caminaban arrastrando los pies. En ese momento siente una presión en el brazo. Alguien la sujeta con fuerza, ve perfectamente su cara; le reconoce. Es el joven al que le han practicado la necropsia.

En ese momento su corazón corre a gran velocidad y de su garganta sale un grito sordo. Se incorpora con los ojos abiertos de par en par. Comprueba que solo ha sido una pesadilla. Intenta calmarse; siente la mano de Éric sobre su hombro.

– Lidia, ¿estás bien?- le pregunta Éric mientras le quita un mechón de pelo que le cubre la cara.

– Ahora sí. – estaba aturdida con aquellas imágenes.

– Cuéntame, ¿qué es lo que has soñado?- la abrazó contra su pecho.

– Éric, ¿te acuerdas del tipo que me agarró anoche?

– Claro, cómo no me voy a acordar, hasta mis nudillos se acuerdan y también mi brazo.

– No te has percatado que es el mismo tipo de la autopsia.- Éric arquea sus cejas intentando recordar la cara de aquel desagradable ejemplar.

– La verdad es que ahora que lo dices…, aunque todo ocurrió muy rápido. -solo le llevo unos segundos comparar aquel rostro.

– Tienes razón.- un escalofrió recorrió la espalda de Éric volcando una extraña sensación por todo su cuerpo.

Se quedaron pensativos mucho tiempo; divagando entre preguntas y respuestas.- tenían un mal presentimiento.

Éric decidió darse una ducha, no paraba de darle vueltas al sueño de Lidia y aquella tremenda casualidad. Se miraba al espejo sin ver, pero su brazo le llamó la atención. Pequeñas pústulas verdosas se esparcían alrededor del mordisco. Palpó con suavidad la zona afectada; trozos gruesos de piel se desprendían con facilidad.

IRINA DIRECTA AL POZO

Bajó alegremente las escaleras de su piso, se topó con varios indigentes que aporreaban las puertas del edificio pidiendo algo para comer. El día anterior no se había percatado del horrible olor que procedía del sótano. Era propiedad del dueño del edificio. Ningún vecino podía entrar y dejar sus pertenencias. Decidió asomarse desde el último tramo de escalera para intentar averiguar si había alguna rata o simplemente el cuerpo de algún indigente muerto. Se oía el ruido metódico de una vieja caldera, el chillido de las ratas sobre las tuberías. La escasa luz de una desnuda bombilla alumbra con dificultad aquel angosto lugar. Las sombras de las paredes la persiguen como si fuera ella misma. Se le seca la garganta, el olor hace que le escuezan los ojos. Aquel olor se podía masticar.- se tapa con la parte inferior de su camiseta.

Puede distinguir una vieja puerta de madera en el fondo del estrecho pasillo.- quiere saber que hay dentro. La escasa luz en aquella zona la hace temblar.- se acerca despacio. Tienta la superficie de madera rugosa; está desgastada; tiene zonas en las que la pintura ha saltado. Aquella puerta tenía muchas capas de pintura. Busca alguna apertura u orificio para poder ver el interior. Encuentra unos pequeños agujeros que casi no dejan pasar el aire. Aproxima su cara a esa parte y el olor la golpea tan fuerte que la hace retroceder. Se acerca de nuevo.- un orificio de mayor tamaño taponado con un trozo de tela la llama la atención. Tira despacio de aquel trozo de tela y deja al descubierto un agujero por el que entran tres dedos. Coge aire y mira en el interior. Las paredes parecen de ladrillo, en algunos sitios las ve con claridad, una bombilla de pocos vatios ilumina la habitación. Una mesa con lo que parecen utensilios para hacer licor.- se separa de la puerta y vuelve a coger aire por la boca.- cuando vuelve a mirar, percibe movimiento; algo se mueve rápido hacía la puerta. Antes de que pudiera actuar, un ojo la miraba desde el otro lado.

©Julia OJidos Núñez

©Blog: https://juliaojidos.wordpress.com/

Book tráiler: http://youtu.be/Q9JpsBZ0cBo?list=UUTacE0vO2VqxpkEge4hL8Sg

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