playa

 

El mar, con su dulce

mecer de olas.

Arrebata al viento

mientras las toca,

con susurro blanco

la despoja,

de acercarse a la arena,

mientras la moja.

Dejando aparecer

entre otras cosas…

el recuerdo viviente

de caracolas.

Qué sepultadas quedan

una de otras.

La brisa se calma

por su gran derrota.

De luchar con su furia,

contra las olas.

 

                                                                              ©Julia Ojidos Núñez 09/04/94

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