ADICTOS2

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ADICTOS XII

Mateo empieza a gritar, mueve una de sus piernas intentando zafarse de Víctor. Los ruidos empiezan a llegar cercanos desde el interior del armario. El pequeño se revuelve apoyando sus manos contra el suelo y dando patadas con su pierna buena a diestro y siniestro. Está oscuro, apenas alcanza a desplazar la puerta corredera del armario. Grita con todas sus fuerzas. En el exterior se oyen pasos, muchos pasos. En ese momento Víctor deja de atacarle. Abre lentamente la puerta del armario. Desde allí ve a un grupo de encapuchados; registran el lugar, buscan víveres que se guardan en sus mochilas. Mateo vuelve a gritar, pilla distraído a Víctor que intenta averiguar si son zombis o humanos. Uno de ellos se desplaza despacio hacía el armario, en una de sus manos porta un bate de béisbol. Abre despacio la puerta, Víctor desde el interior apoya sus brazos para impedir que la abra.

– ¡Tíos aquí hay dos zombis! – se miran asintiendo con la cabeza, se están preparando.

Víctor se levanta, el olor a sudor le vuelve a llevar al infierno. Su exquisito olfato le avisa de que tiene que comer. Son más de trece, pero no le importa. Piensa que ya está jodido y no habrá cura para él.

Entonces se arma de valor y salta del armario cómo un gato salvaje. Les pilla desprevenidos, se abalanza contra uno de ellos mordiéndole la cara. Víctor ruge como un león, desgarra a tirones la cara de aquel individuo, le introduce los dedos en los ojos vaciando su interior. Estaba hambriento. Se colocó estratégicamente para que Mateo pudiera salir por la otra puerta; así lo hizo. Recto hacía una de las habitaciones y se escondió bajo la cama. Víctor recibió muchos golpes, pero pudo esquivar los que iban dirigidos a la cabeza. Aquellos individuos se habían olvidado del pequeño, o eso le pareció. Después de golpear y matar a más de uno, se tiró por la ventana.

Las calles estaban tomadas por perros callejeros. Varios contenedores ardían en medio de la calzada. Seguían oyéndose cristales rotos. Un grupo de encapuchados armados con toda clase de artilugios golpeaban con bates de béisbol las paredes de los edificios. Uno de aquellos jóvenes, pegaba carteles en las paredes, en coches y farolas.

Uno de aquellos carteles fue a parar a los pies de Víctor, pudo leer “ Apocalipsis Zombi”

¿Estas con nosotros o con ellos?

Le vieron desde lejos y comenzaron a levantar sus armas al aire de forma amenazante. Comenzaron a gritar en unísono. Los golpes de la madera contra el suelo, hacían estremecer a Víctor. Tenía que escapar de allí. Así que miro a ambos lados y decidió ir en dirección al Parque del Retiro.

El jefe de Irina

Diez años antes

Quedaban varias horas para la entrevista de trabajo. Toni había realizado un viaje muy largo y estaba agotado. La farmacéutica XPARIS le había ofrecido un puesto que no podía rechazar. Un contrato muy goloso para una persona como él. Había trabajado en empresas con perdidas de dinero en su país y ahora sus cotizaciones en bolsa habían subido considerablemente hasta alcanzar el 60 % de su valor inicial. Su trabajo consistía en eso, intentar por todos los medios que las empresas alcanzaran la cumbre. Costara, lo que costara. Entre los trabajos que realizaba; abarcaba muchos campos, desde la extorsión, el secuestro, blanqueo de dinero, etc… una larga lista que Toni sabía desempeñar con mucha maestría, acompañado de sus mejores hombres. Su contrato era claro, nada de preguntas; solo obedecer las ordenes del jefe y ejecutarlas a su manera.

La farmacéutica XPARIS pionera en la investigación de enfermedades contagiosas, lepra, Ántrax y otras muchas enfermedades ofreció a Toni que trabajará con ellos, en la parte de atrás. Allí se cocinaba el plato estrella; la droga “krokodil” una alternativa a la heroína, pero más barata para el patrocinador. Sus componentes son muy fáciles de encontrar ya que se puede cocinar a partir de la codeína, yodo y fósforo rojo en un proceso similar a la síntesis de la Metanfetamina, pero al sintetizar los compuestos como la desomorfina los resultados son escalofriantes; altamente impuros con subproductos orgánicos tóxicos y corrosivos.

La producción de esta droga les hacía ganar más dinero que los productos para curar enfermedades. Blanqueaban su dinero y compraban favores a la cúpula del gobierno. Carta blanca con el fisco y las autoridades. Su comienzo fue bastante fácil, comenzaron a darse publicidad regalando dosis en los barrios cercanos a Moscú. Necesitaban Yonquis cómo reclamo publicitario a su producto. Ese era uno de los trabajos más difíciles de realizar. Un equipo formado por cinco hombres se acercaba a las casas y fábricas derruidas en busca de adictos. El primer día repartieron más de cien por diferentes puntos.

Fue un verdadero bombazo, la droga multiplicaba por cuatro las sensaciones de la heroína. Te llevaba a otro planeta, les decían los que la habían probado. Dejaron de consumir heroína y se engancharon a la nueva droga que les resultaba más barata. Se establecieron varios puntos de venta.

A partir de ahí todas las negociaciones iban controladas por Toni y su equipo.

Michael leyó de nuevo la nota y llamó al rubio. Era la única persona que últimamente le ayudaba a recuperarse de la muerte de Francesca. Aquel caso le perturbaba desde que se levantaba. El rubio le dio a entender que aquella zona era de prácticas médicas. Qué pagaban a gente en exclusión social para mejorar su economía. Necesitaban probar los medicamentos en personas que de forma voluntaria y a cambio de una cantidad de dinero, realizarían aquel trabajo.

Pero Michael sabía que había algo más. Sabía cómo experto en su campo que en el proyecto “ Gama”; su proyecto, las sustancias que se preparaban en el laboratorio, no tenían esas brutales

consecuencias.

Hoy había dejado de trabajar a media mañana, se sentía cansado y un poco inquieto. Con el trozo de papel en la mano y mirando el bonito paisaje que se perfilaba desde el mirador. Esperó impaciente la llegada del rubio. Tenía muchas preguntas que no se atrevía a realizar.

El rubio se aproxima al apartamento de Michael, se coloca el cuello de la camisa antes de golpear la jamba. Espera unos minutos.

– ¿Qué pasa campeón?. – le mira con su sonrisa postiza.

– Pasa, no te quedes ahí. ¿Quieres un café? – le observaba nervioso por el rabillo del ojo.

– Bueno, ¿si es recién hecho? – deja caer su musculado cuerpo en uno de los sillones, el más próximo a la chimenea. – Michael le sirvió una taza de café como a él le gustaba; solo, con dos terrones de azúcar. Se sentó junto a él.

– ¿Qué pasa Michael, por qué me has llamado? – le mira frotándose las cejas intentando corregir la expresión de matón que le sale de forma natural.

– Bueno, veras. No hemos hablado de esto, pero creo que es necesario. No sé por qué motivo me parece que hay cosas en tu trabajo que no te agradan, aunque seas un tipo duro. – la mirada del rubio se volvió oscura, sucia. – te he llamado para que me expliques que es lo que ocurrió con Francesca.

– Creo que te equivocas, mi trabajo me gusta quizá más que a ti el tuyo. Ya sabes lo de Francesca. La han despedido. Estará disfrutando de unas merecidas vacaciones. – Michael se levantó, no podía controlar sus nervios. No apartó su mirada del rubio en ningún momento.

– Te voy a contar lo que me parece a mí que ocurre aquí. Creo que este imperio no se debe a los estudios contra el cáncer, el ántrax o cualquier enfermedad grave. Creo que aquí se realizan otro tipo de tratamientos. – le miró con valor a los ojos, quería descifrar el significado de sus expresiones. – reconoció la sorpresa en los ojos del rubio y le miró triunfante.

– Creo que vas por mal camino Michael, si sigues por ahí acabarás cómo Francesca.

– ¿Es una amenaza? o simplemente lo haces para asustarme. – se levantó y le cogió por el codo con fuerza.

– Michael, espero que lo entiendas. Es la última vez que hablamos de esto. Eres un gran tipo. Mírate, tienes todo a tu alcance. Tu cuenta bancaria va creciendo sin parar. Tienes un trabajo que te gusta. En pocos meses regresarás a casa. No eches por la borda tu vida, por intentar descubrir que le pasó a una mujer que se ha cepillado a casi toda la farmacéutica. – Michael se quedó pensativo durante unos minutos.

– De acuerdo, no voy a preguntarte que pasó con ella, pero necesito que me expliques quien son aquellos seres, personas o diablos que se esconden en el sótano. Si me lo explicas dejaré de preguntar y de husmear donde no debo. – en ese momento paso un ángel. Permanecieron en silencio varios minutos.

– No voy a consentir que arruines mi trabajo, ¿lo has entendido? Si pones en peligro mi vida, acabarás en el sótano. ¿Lo entiendes? – las palabras salían con violencia de su boca entreabierta. Cuando dejó de hablar, su mandíbula se mantenía tensa, dibujaba unas marcas que prolongaba su torva expresión.

– A ver niño listo, que crees tu que ocurre aquí.

– No voy a decirte a ti una cosa que ya sabes. Te crees que soy tonto. Ya sabes de sobra que yo lo sé, pero por qué esa gente. ¿Qué hacen con ellas?

– Bueno, si te vas a encontrar mejor, te diré que el proyecto “Gama” forma parte de lo que pasa en el sótano. Piensa, eres químico. Estudias las variantes de la codeína. Ahí tienes la respuesta. – abrió la puerta y se marchó.

Michael, se puso la chaqueta y salió hacía el laboratorio. En el pasillo coincidió de nuevo con el rubio, estaba con otro hombre al que había visto en algunas ocasiones. Vestía de negro, no tenía cuarenta años, ni por asomo. Sonreía mientras hablaba en voz baja. Michael, oyó que decían su nombre y lo miraron de reojo.

Cruzó las puertas de seguridad, saludó al militar que escoltaba la entrada. Se dirigió a recepción. Sacó del bolsillo el trozo de papel. Chapurreando ruso le pregunto a una de las recepcionistas.

– Hola, Katia, ¿reconoces quién ha podido escribir está nota? – miró a una de sus compañeras y le ofreció el trozo de papel para que lo viera. – negó con la cabeza.

Desilusionado comenzó a andar por el largo pasillo en dirección a su laboratorio. Se preparó para entrar en él, pero justo antes de entrar, se le ocurrió una idea. Se quitó el gorro, la bata, pero mantuvo los patucos. Se encaminó hacía un lugar que nunca había visitado. Donde un equipo de más de cien personas, estudian las conductas de las enfermedades contagiosas.

Para poder entrar en aquel lugar, necesita una tarjeta especial, así que antes de ponerse el traje reglamentario para entrar allí, regresa a recepción para intentar convencer a Katia. Una bella mujer rusa que sin duda está enamorada de él.

La mujer en ese momento está hablando con el desconocido que estaba con el rubio. Se aproxima al mostrador y escucha con cautela las preguntas que le hace. Se pierde en la segunda pregunta, el tono de la voz era tan bajo que junto con el ruso, aquello era inaudible.

Lo que pudo reconocer era que vigilara de cerca a Michael. Ella descubrió que Michael estaba cerca y se sonrojó, a su vez le dedicó una deliciosa sonrisa que él respondió con gusto. El aliado del rubio se marchó, sin fijarse en él.

– Hola, de nuevo, quería pedirte un favor, sé que tienes una tarjeta especial. Eres la única de recepción que se puede mover por todos los lugares de este edificio. Me he dejado en el apartamento mi tarjeta. Y me da una pereza terrible regresar allí. – mantuvo su mirada con una seductora sonrisa que hizo ruborizar de nuevo a la joven recepcionista, – le miraba ilusionada. – bueno, es también una excusa para invitarte a tomar algo esta noche, pero solo si te parece bien.

Ella sabía que era un hombre solitario, pero muy educado. Su amiga Francesca le contaba muchas cosas sobre su relación con él. Le había contado que era un hombre divertido, le hacía reír y también disfrutar en la cama. Katia atendió una llamada desde su teléfono, cuando colgó desde uno de los cajones situado a su izquierda sacó una tarjeta y se la entregó disimuladamente a Michael.

– Bueno si te parece bien, quedamos esta noche en mi apartamento. ¿Te parece?

– Si, claro que sí. Te parece que pase sobre las siete. – le brillaban los ojos.

– Si, de acuerdo. – levantó su mano mientras se alejaba por el pasillo, custodiando en su mano la llave del infierno.

Mateo lloraba bajo la cama. Ve cómo unos zapatos se acercan hacía él. Un hombre se agacha y le descubre con la mano en la boca.

– Oye tíos aquí hay un niño, parece que está herido. – un grupo de jóvenes con bates en las manos se acercan para ayudar.

– Ven, arrástrate hacía aquí. Te vamos a ayudar. . – uno de ellos empieza a dar ordenes.

– Frank, ¿te acuerdas donde hemos visto una silla de ruedas? – intentaba pensar en que apartamento lo había visto.

– Ya me acuerdo, en el piso del viejo zombi. El que estaba sin cabeza sentado en el trono.

– Joder, era de risa tío. Es la primera vez que veo a un zombi cagando. De veras tío, cuando entramos allí el olor era horrible. Habían pasado hacía poco tiempo por este edificio. La gente que estaba viva, a unos se los comían y a otros por algún motivo los convertían. Ese viejo estaba cagando cuando llegaron. Tenía su buga aparcado al lado del trono. El viejo tenía mal las piernas. Entonces le descubren cagando y le muerden, creo que se dan cuenta de que es un puto viejo y le arrancan la cabeza. Cuando llegamos se había convertido y aquel olor era…, asqueroso.

– Pues te ha tocado volver y traer el buga del viejo.

– No jodas tío, es lo peor que he visto nunca. – le miró y asintió con la cabeza.

– No voy solo, me llevo al tiras.

Mateo estaba más tranquilo. Se sentó en la silla de ruedas y comió una barrita de cereales que había en la cocina. Estuvo narrando a ese grupo de jóvenes todas sus vivencias después de conducir el autobús.

– Ósea que dices que se puede curar. – le miran asombrados.

– Tío, perdona, pero no me lo creo. – se miraban unos a otros, esperando que continuara hablando el pequeño.

– Si, es verdad, Lidia puede curarlos, pero necesitan más suero y material para investigar. Lo he visto con mis propios ojos. – su mirada arrogante le bastó para convencer a más de un oyente que se reunían a su alrededor.

Hao recuerda el momento que se alejaba de la base militar cómo si fuera aquel día. Sus vivencias nunca ha estado tan presente como últimamente. Ha regresado a su casa donde con la compañía de Lin intenta contactar con un gran amigo suyo.

Lin descuelga el auricular y marca otro número, sin demasiada suerte. Hao bebe tragos de whisky mientras piensa en Irina. Está esperanzado, las últimas horas han sido cruciales para mantenerla con vida. Está estable y parece que va recuperando sus tejidos. La flebitis y la gangrena ha disminuido su avance, Michael ha podido frenar la osteomielitis de los huesos de la mandíbula. Aunque en las últimas horas le ha aparecido una necrosis en las orejas, pero es leve.

Lo que más le preocupaba a Michael era el riñón y el hígado, pero parece que no están dañados.

Después de más de cinco llamadas. Alguien contesta al otro lado. Hao coge ilusionado el auricular.

– Izan querido amigo, cuanto tiempo. – Lin estaba feliz, había complacido a su jefe. Era una mujer humilde. Quería al hombre bueno que tenía enfrente. Había compartido muchos años de su vida con él. Le amaba en silencio.

– Hola, Hao, ¿cómo estás? – la risa de Izan lo decía todo. Habían trabajado juntos en China. Hao colaboraba con la Interpol. Desde que salió de aquel agujero en “El jardín de las delicias” su vida no fue nada fácil. Sus padres y hermanos murieron a causa de una extraña enfermedad procedente de aquel lugar en la montaña. Trabajó muy duro y estudió varias carreras, se convirtió en un joven brillante que las empresas más importantes de China querían contratar.

– ¿Dónde estás ahora, amigo? – esperó impaciente.

– Estoy investigando en colaboración con el ejército lo que está ocurriendo en estos momentos en distintas ciudades de España y Europa. Sabemos que todo comenzó en Moscú. Allí seguimos a un hombre que trabaja en la farmacéutica XPARIS, un tal Toni. Un experto en asuntos turbios. Tenemos un colaborador dentro, no es de los nuestros, pero ayuda; pertenece a una organización privada, la mayoría son exmilitares contratados por el servicio internacional antidrogas.

– Le llaman el rubio y según mi información está metido hasta el fondo en este tinglado. La sustancia ha cambiado desde que salió de Moscú. Es como si evolucionara. Antes los individuos que consumían la droga se descomponían en vida, tardaban escasos meses en morir, pero ahora es diferente…, se trasforman. No se mueren por consumirlas. Se alimentan de otros seres o de humanos.

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©Julia OJidos Núñez

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