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Un nuevo contacto

El autobús aquella tarde tardaba en llegar. Olivia espera en la marquesina de su parada, entre sus manos su Smartphone que no para de emitir leves timbrazos de mensajes. Sonríe mientras contesta a los mensajes de forma rápida. Se da cuenta de que se ha quedado sola en la parada. Son las seis de la tarde, pero la oscuridad cierne bajo el cielo gris negruzco. La llovizna otoñal ha refrescado el ambiente, la humedad viaja ciega por las calles huérfanas de gente. Mira de forma distraída hacia ambos lados. Se moja los labios con la punta de la lengua y sigue leyendo los mensajes. Todos los jueves trabaja como monitora de yoga en un gimnasio en el barrio chino. La línea del autobús cruza parte de la ciudad, pero aquella tarde se retrasaba.
Consulta su reloj y levanta la cabeza, observa que hay un callejón en la acera de enfrente. Solo logra distinguir la bajada de una escalera de incendios y junto a ella varios cubos de basura. Se levanta un poco inquieta y estira las piernas. Le llama la atención una sombra que aparece en el comienzo del callejón. Una alargada figura bien definida asoma por la esquina. Aquella imagen inquieta más a la joven y la embriaga un temeroso presentimiento. Vuelve a mirar la pantalla de su móvil y ve cómo el sistema se reinicia. En ese momento distingue a lo lejos los faros del autobús que avanza con precaución de no pasarse la parada. Las puertas se abren emitiendo un leve chirrido. Se quita la capucha de su abrigo y deja al descubierto su corta melena negra, se coloca el flequillo; de manera que queda oculto uno de sus ojos. Saluda al conductor; él responde con inclinación de cabeza y arranca el vehículo. Olivia se siente más relajada, camina hacia la parte trasera donde se sienta. No hay mucha gente, pero reconoce a varias personas que a veces coincide en ese viaje. El sonido de otro mensaje le hace embozar una pequeña sonrisa. Hace un par de semanas apareció el número de una persona que había añadido a Facebook, no le conocía. Desde aquel día su número aparece en la agenda del teléfono. El mensaje provenía de ese número. Aquel mensaje decía;
–  Mira hacia atrás. – Giró lentamente la cabeza y vio la figura de un hombre delgado.
–  ¿Quién eres? –  Le preguntó arqueando las cejas, se movían frunciendo el ceño. Arrugando la zona donde se ubicaba el piercing.
–  Ya lo descubrirás.

Se sentó de lado, no paraba de mirar la extraña figura que se desdibujaba a medida que el autobús avanzaba. No comprendía nada de lo que estaba sucediendo. Apoyo la cabeza en el cristal de la ventana y comenzó a contemplar la oscuridad que envolvía las calles. Pronto comenzó a divisar el arco de dragones donde comenzaba el barrio chino. Los faroles rojos, alegraban de forma violenta los trazos de las calles empedradas. Las prostitutas se alojaban en los quicios de las puertas ofreciendo elegantemente su cuerpo semidesnudo. Algunas estaban ataviadas con el traje típico, para el reclamo de los nostálgicos. El olor a opio disparaba los registros de aire saludable.

El autobús paró. Olivia Se volvió a colocar la capucha antes de bajar. Sus ojos negros brillaban bajo la luz de los faroles,   su rostro porcelana le daba un toque vampírico. Su ropa negra y gris se camuflaba entre aquellas calles. Su lugar de trabajo estaba a pocos metros de allí. Bajó el corto tramo de escaleras metálicas que la separaba de la superficie. Encendió la luz del portal y la música comenzó a llegarle discretamente a los oídos.
Allí la esperaban cuatro alumnas, tumbadas en sus colchonetas, esperaban impacientes su llegada. Antes de apagar el móvil vio el icono de nuevo mensaje de WhatsApp; solo aparece el número; una extraña imagen en el perfil. El rostro de un hombre, su cabeza está cubierta por una capucha. Era tenebroso, pero a la vez excitante.
Continuará…

©Julia OJidos Núñez
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