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Lucas está tumbado en el sofá de su despacho, se está despertando. Solo ha podido dormir tres horas, después de cuarenta y ocho revisando pruebas con Gerard. En esas horas de sueño ha tenido terribles pesadillas, todo, a consecuencia de las fotografías tomadas al cuerpo de Olivia. Abre despacio los ojos y se encuentra con el doble techo amarillento que cubre su despacho y las luces apagadas. Las persianas están medio subidas y comienza a entrar claridad. Se sienta, mueve el cuello de un lado a otro, está fatigado y su cuerpo sigue tenso. Hacía muchos años que no tenía un caso tan difícil. Bosteza y estira los brazos hacía el cielo. Se levanta entumecido y agotado. Lo primero que hace es encenderse un cigarrillo y pulsar el botón de la cafetera. Abre el último cajón de su escritorio, saca una vieja toalla, gel de baño y una muda limpia. Da un par de caladas a su cigarro y se marcha a los vestuarios de la planta baja. En el mostrador de la entrada se encuentra atendiendo el teléfono, Adriana, una nueva agente que lleva pocos meses atendiendo la locura de la centralita. Es una joven resuelta y llena de recursos, además de ser preciosa. – Piensa Lucas, mientras le mira de reojo al pasar por su lado. – Ella se da cuenta y se sonroja.

Martín ha encontrado algunas pruebas que abren otra vía de investigación. Es algo bastante singular, se trata de la muerte de un joven bróker. Después de la investigación preliminar, detuvieron a su mujer como presunta autora del asesinato, junto a su amante tramaron su muerte para cobrar un millonario seguro de vida. A Óscar le encontraron sepultado en el panteón de Jack, en un estado lamentable; le decapitaron. Pues bien, escarbando minuciosamente en la vida de aquel brillante joven, encontraron que trabajaba para una empresa fantasma que cotizaba en bolsa. Ahora los técnicos y analistas intentan averiguar de quien se trata.

Martín espera impaciente la llegada de Lucas, ha cogido las pruebas médicas que Gerard proporcionó la noche que ingresaron a Olivia. Aparta hacía un lado la pequeña manta que estaba sobre el sofá y se sienta a estudiar el informe forense y las pruebas de toxicología.
Le llama la atención el punto dónde explica la incisión que tiene Olivia detrás de una de sus orejas. Es semicircular, se puede ver claramente que envuelve la zona trasera del pabellón auditivo. Encuentran un dispositivo conectado al nervio y de ahí al cerebro. Lo más espantoso y escalofriante del caso, es que no pueden retirar ese extraño artilugio porque parte de su cóclea es inexistente. Digamos que sustituye muchas partes de la estructura interna del oído. El dispositivo se ha fusionado perfectamente con el cuerpo. En la tomografía realizada se ve su interior; en las imágenes en tres dimensiones se aprecia una tecnología muy avanzada. Tiene varios procesadores que realizan tareas independientes al cerebro, pero según la opinión de Gerard, está inacabado o es un prototipo. Al pasar las fotografías, ve con claridad la cantidad de golpes e incisiones que tiene la cabeza de Olivia y también parte de su cuerpo.
Las dudas divagan en la cabeza de Martín, hasta que se topa con la mirada amable de Lucas, que le mira expectante con una taza de café en la mano.
– ¿Has dormido, Martín? –pestañea varias veces y le sonríe.
-Tú, por lo que veo no mucho. – Lucas le ofrece un café. Que acepta sin pensar.
– He leído el informe forense. –Mira la carpeta mientras la deja cuidadosamente sobre el escritorio.
– Yo también y varias veces. –Lucas da un leve sorbo de café y se sienta en la silla que está detrás de su escritorio.
– ¿Tienes ya un perfil? –Martín le mira con entusiasmo, deseoso de que su compañero comenzara a hablar. –Lucas apura su café, se enciende otro cigarro y se apoya en la jamba de la ventana.
– Venga dispara, eres el mejor perfilista y psicólogo criminal del mundo. Eres un puto mago.
– Anoche, después de pasarme más de veinticuatro horas, analizando pruebas con Gerard. Me duché en el hospital y me fui al cementerio en compañía del Juez. Volví a abrir el panteón del difunto Jack, mi intención era recoger pruebas. Alguien, pensó lo mismo que yo. Así, que cambie de táctica, me acordé de que en la casa de Elena, la presunta asesina, habían encontrado restos de pintura de color verde; provienen de la reja recién pintada del cementerio.
– Me estás diciendo ¿Qué alguien conoce nuestros movimientos? –Le mira sorprendido.
– Efectivamente, alguien tiene las mismas ocurrencias o trabaja desde dentro. –La mirada laxa de Lucas se intensifica al observar a Martín.
– Sospechas de alguien, ¿no? -Se mesa el pelo y vuelve a mirar por la ventana.
– Sencillamente, he abierto un grupo de investigación interna. Tú no formas parte de él, porque te quiero a mi lado. – Después de varios minutos en silencio. Lucas decidió hablar.
– Martín, quiero que reúnas a todas las chicas que pertenecen al grupo de WhatsApp de Lucía. Las quiero a todas en la sala de interrogatorios, en cuatro horas.

Cuando sale Martín de su despacho, Lucas se pone unos guantes de látex y coge con cuidado la taza donde ha bebido Martín. Le introduce en una bolsa y etiqueta. Espera varios minutos y sale directo al laboratorio.

Patricia mira el reloj, quedan varios minutos para alcanzar las 12:00 h, comprueba que no pasa ningún coche y cruza para situarse en el sitio citado. La cafetería está cerrada, pero puede ver como varios empleados limpian las mesas y el suelo. Ya es la hora, lo vuelve a comprobar en el reloj. Los empleados de la cafetería salen por la puerta de atrás, dejan bolsas de basura en el contenedor y se marchan. Ahora Patricia comienza a sentir miedo. No hay gente por la calle, solo queda iluminada la zona comercial. Pasan varios minutos de la hora y nada, no hay ni un alma. Oye el motor de un coche, pero no logra verle. Le da la impresión que ya está cerca la persona que le ha citado en aquel lugar. Escucha unos pasos firmes que retumban en el asfalto, la oscuridad es absoluta en el otro lado de la calle. Decide salir corriendo, tiene la impresión de que algo malo va a suceder. Ella misma se sorprende de su coraje. -no tengo que estar aquí. –Piensa mientras no deja de correr hacía la parada de taxis.

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