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El día del interrogatorio
Jessica yacía en el suelo, después de convulsionar; aunque Lucas le sujetaba la cabeza, la rigidez de su espalda y el golpe contra el suelo le fracturó las cervicales. Él se encontraba en medio de aquel extraño episodio de colapso cerebral. Seguía manteniendo la cabeza de la joven, esperaba la ambulancia. A su lado, de pie y con una mirada que pudo reconocer como lasciva, estaba Martín. Hablaba a través del móvil.

– Martín al habla, necesito una ambulancia urgente. –Lucas pudo oír claramente lo que decía e incluso pudo leer sus labios.

En pocos minutos, los técnicos sanitarios entran en la sala, estaban desorientados. Lucas había presenciado miles de veces el protocolo sanitario para un caso como el de Jessica. Observó que aquellos tipos estaban descoordinados. Fue todo muy rápido, las constantes de Jessica iban bajando de forma progresiva. Respiraba con dificultad. Un fluido negruzco le salía en forma de cascada desde el interior de su oído. Lucas se incorpora y escruta a Martín que mantiene la mirada perdida en el cuerpo de la joven. Antes de atravesar la puerta de salida, Lucas se informa de dónde será el ingreso hospitalario.

La bolsa de deporte de Óscar

Aquella tarde cuando Óscar decidió pasar por el gimnasio, para recoger la ropa deportiva y la bolsa de su gran amigo Jack. Antes de que viera a la profesora de yoga subida en aquella furgoneta, sucedieron varios acontecimientos que marcaron el destino del joven bróker.
El otoño entró de lleno en la ciudad, las frías y vacías calles mostraban las luces cálidas de los edificios, la gente volvía a sus casas después de una jornada laboral. Muchos bajaban a sus mascotas, otros se disponían a hacer running o se dirigían a impartir clases de yoga en el barrio chino. Ese fue el caso de Olivia. Una joven solitaria que vivía en un pequeño apartamento en el sur de la ciudad. Tenía una peculiar afición hacía lo desconocido; mantenía relaciones sexuales con extraños que conocía a través de la nueva aplicación de WhatsApp. Su primera vez fue en un restaurante cerca de donde vivía. Al parecer era alguien conocido, no le pudo ver la cara. Mantenía una careta sobre su rostro. Era empleado del restaurante, o eso creía Olivia. Aquella noche había quedado con él dentro del local.

Salió de su apartamento, bastante eufórica, había bebido un poco antes de salir. Cruzó la avenida y se dirigió a buen paso por el callejón. Las indicaciones para entrar estaban bastantes claras en el mensaje. Quiso consultar con exactitud el número de la puerta, pero una vez que WhatsApp te marcaba como mensaje leído, la nueva aplicación borraba de forma automática el mensaje. Desaparecía, aquel mensaje no se podía recuperar de ninguna manera.

El gimnasio estaba repleto de gente. Las calles de barrio chino estaban desiertas, los farolillos rojos marcaban el paso del dragón, la criatura mágica recorría las calles adoquinadas, practicando la danza para anunciar el nuevo año. Varios niños corren detrás de él simulando sus pasos y ofreciendo a los transeúntes una divertida sonrisa. Después del paso del dragón, el tramo de la calle que se dirige al gimnasio sucumbe a un solitario silencio. Una furgoneta con cristales tintados aparca frente a la puerta. Dos hombres encapuchados entran en el local portando varias bolsas de deportes. Pasan por el mostrador de recepción haciendo caso omiso a las palabras de advertencia de la señora Lin. Se oye su aflautada voz por encima del sonido del televisor. Uno de los intrusos salta por la ventanilla de recepción y golpea brutamente la cabeza de la señora Lin que muere de inmediato. Entre los dos se hacen cargo del frágil cuerpo de la anciana y los ocultan en la furgoneta. Acto seguido suben el volumen del televisor. Esperan entre las sombras, hasta que la sesión de esa hora acabe. Tienen solo un par de horas para preparar el quirófano, antes de que Olivia comience su clase.

Aquellos individuos tienen una trama muy bien estudiada, les ha venido de perlas, encontrar una candidata para el implante, reúne todas las condiciones para obtener el éxito. Además, matarán dos pájaros de un tiro. Han seguido de cerca a Óscar y a Elena. Saben que quieren acabar con la vida de Jack, cosa que no se pueden permitir, ya que el joven bróker tiene su entrada en ese juego, próximamente.

Cesar uno de los miembros de Ghost es el que dirige a sus hombres sobre el terreno. Aquella tarde abrió las dos taquillas y reemplazó la sustancia venenosa que Óscar quería suministrar a Jack para acabar con su vida. La nueva sustancia no dejaría huellas de ningún tipo en el organismo, es más, recobraría la vida en 48 h aproximadamente. Simularían su muerte para que Jack desapareciera del mapa.

Lucas está en el laboratorio, tiene una pequeña llave en su mano enguantada, la gira y mira detenidamente su estructura. Al parecer es una llave única, fabricada a mano, es imperfecta. Parece la llave que abre unos grilletes rudimentarios, en la parte baja se precian restos de óxido, pero no pertenecen a la composición metálica de la llave. La chaqueta está sobre la mesa del laboratorio, extraen tejido de diferentes partes. Lucas ha dado indicaciones para que encuentren restos orgánicos o tejidos adheridos a su tela. Cortan patrones en diferentes zonas cómo la axilar, cuello, mangas y lumbar. Tienen que analizar los tejidos con varios compuestos, para determinar donde ha podido estar y con quien.
Lucas está concentrado, no se percata de que al otro lado del ventanal que da al pasillo está uno de sus compañeros del servicio interno. Para llamar su atención, da pequeños golpes al cristal. Lucas levanta la vista, deposita la llave en la caja de seguridad de pruebas y sale al pasillo. Le mira a los ojos y ve preocupación en ellos.

– Sígueme. – le indica mientras se dirige hacia las escaleras de incendios.
– Lucas, no te vas a creer lo que ha pasado – cambia el rictus de sus labios, ahora los arruga y los tensa nerviosamente.
– Jessica no ha entrado en urgencias de ningún hospital. Al parecer el número de ambulancia que vino a recogerla no está registrada en ninguna empresa pública ni privada. Se ha esfumado. – Lucas comienza a pensar que hay alguien más metido en el caso, alguien con mucho poder dentro de la policía.
– Tenías razón, Martín está metido hasta el cuello, pero ¿Cuándo lo hace?
– Por ahora no puede sospechar que lo seguimos, tenemos que seguir en la línea de investigación abierta con su equipo. Tú ya sabes los que tienes que hacer. Necesito que busques información sobre propiedades, fuera de la ciudad que pertenezcan a familiares de Martín. Necesitamos saber donde cometes los crímenes.
En la casa de Jessica siguen las investigaciones, el equipo forense que está acampado en el jardín, analiza los restos de los tarros que encontraron en las estanterías del sótano. Han identificado a la joven que yacía en la mesa de madera. Es la última desaparecida, su nombre es Patricia. No se ha encontrado su móvil. Aunque por suerte, su última ubicación fue grabada en los servicios de seguridad ciudadana, que había activado en su teléfono esa misma noche. Aquella señal dejó de emitir las coordenadas en la parada de taxis.

Lucas está en la sala con los analistas. En la pantalla principal, aparecen los datos y fotos de las jóvenes. Intentan buscar un mismo patrón en todas las desapariciones. Han podido recabar información, sobre sus hábitos diarios. Lucas ha realizado un perfil común de ellas.
Sabe que no son elegidas por su físico, algo que sin duda un depredador sexual tiene muy en cuenta, pero hay algo que no le cuadra. Por una parte, tiene a una de las desaparecidas, Olivia, esta joven sobrevive a varias operaciones y es golpeada para someterla. Sin embargo, a Jessica le intervienen, le implantan un dispositivo craneal auditivo y la sueltan. Por otra parte, está Patricia y Lucía; Patricia no tiene intención de operarla, a no ser que la persona que facilita la localización de las chicas sea otro asesino que opera a espaldas de la organización. Aunque es más fácil realizar un perfil de un psicópata sexual, Lucas no duda que son dos perfiles diferentes. Su preocupación es encontrar con vida a Lucía.
Regresa a su apartamento después de varios días sin pisarlo. Camina toda la calle admirando el color de las hojas en otoño, el aroma a tierra mojada disfraza el olor del café recién hecho en el bar de la esquina. Antes de subir, pasa por el autoservicio de la familia Zhou, llevan en el barrio más de tres décadas. Le gusta el pan chino que hacen allí mismo. Compra algo de verdura y fruta, además de comida preparada para llevar. Cuando se dispone a pagar.

– Señor Zhou, puede subir el volumen del televisor. – mira de forma aséptica la noticia que están emitiendo en directo.
“Han encontrado los restos de la señora Lin, propietaria del conocido gimnasio ubicado en el barrio chino. Tiene la cara desfigurada, le ha amputado las manos”

Lucas paga su cuenta y sale del autoservicio con el móvil en la mano.

–  Valeria, soy Lucas, estoy con un caso complicado y necesito tu ayuda. Llámame.
Pasó por al lado de una papelera, abrió la tapa trasera de su móvil, quito la tarjeta y tiró el dispositivo. Medio metro más adelante y en la acera de enfrente tiró la tarjeta SIM.

©Julia OJidos Núñez
©Blog: https://juliaojidos.wordpress.com/
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