imsonio

Me levanto con el pelo pegado a la cara a causa del sudor que se escapa de mis poros. Las noches son terribles, no soy capaz de recuperar el aliento. No puedo abrir los ojos, porque mi imagen aparece en la pared de enfrente. Tengo ardor en el estómago y los labios secos a causa de la sed. Los medicamentos ya no me quitan el dolor punzante que taladra mis ilusiones. Estoy preso en un abismo oscuro donde la muerte se disfraza con mi piel. – ¡No quiero morir, no estoy preparado!

Cada noche cuando apago la luz, comienza el teatro de títeres, aparecen pequeñas sombras que entran por la ventana, acompañadas por una suave brisa que arrastra olores extraños. Mantengo los ojos cerrados y me arropó por encima de la nariz. Mi cuerpo forma un ovillo por debajo de la manta. Un ligero cosquilleo aparece en mis pies, se desliza sigiloso por mis piernas hasta alcanzar el centro de la espalda, donde una pequeña descarga me hace estremecer. Leves sacudidas hacen que castañean los dientes y me obliga a abrir los ojos; entumecidos, pero completamente abiertos miro con horror las escenas que se desencadenan en la pared.

Mi cuerpo tiembla, mientras mis ojos mueren, contemplando con angustia como va a ser mi muerte. Las imágenes comienzan a dibujar objetos de esta habitación. Dando forma, sin lugar a dudas al momento exacto, miro el reloj de mi mesilla y hasta la hora coincide. ¡No puede ser hoy! – pienso mientras me cubro la cabeza. Temo seguir mirando la pared, no quiero descubrir que ya estoy muerto, que el momento ha llegado y no he podido saborear las pequeñas cosas de la vida. Con manos temblorosas y los ojos llorosos despego de mi cara la sabana, mi barrera para los miedos; abro lentamente los ojos, mientras comienzo a pestañear. La pared muestra una imagen espejo de la habitación, me incorporo lentamente, permanezco sentado frente a la imagen, mantengo mi brazo cubriendo la cara; lo bajo hasta mi regazo y me veo allí sentado en la misma posición, aunque con el cuerpo desgarbado y viejo. Es la primera vez que un sueño me muestra mi destino y no es precisamente la muerte. Ahora más tranquilo y con la seguridad de que no ha llegado mi hora. Mi sabio cuerpo comienza a calentar las sabanas, dejo de temblar y me entrego al sueño profundo.

©Julia OJidos Núñez
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