Cuarenta y ocho horas después de la muerte de Jack

Todo estaba completamente a oscuras, respiraba el aire viciado dentro del ataúd. Jack volvió a la vida después de sentir que su cuerpo se desplomaba en el comienzo de un pequeño túnel. Una luz cegadora le guiaba hacía el exterior, allí, varias sombras movían despacio su cuerpo. La paz interior comenzó a despertar. Algo tiraba con fuerza de él y entonces se dio cuenta de que acababa de nacer. Sintió como se estremecía su cuerpo a causa de un frío polar, olía su propio aliento. No podía moverse, pero por alguna extraña razón sabía cómo intentarlo. No entendía que hacía allí, tumbado bocarriba con el cuerpo rígido, entumecido. Sentía su piel fría y sin vida, pero no tenía miedo. Estaba en el más absoluto silencio, la respiración comenzó a ser más agitada. Su cuerpo comenzaba a despertar. Pequeños y dolorosos estímulos viajaban por los músculos de su cuerpo haciendo castañear los dientes. El ruido que producía su boca le distrajo varios segundos de otro sonido que le llegaba desde el exterior.
Alguien estaba hablando o eso le parecía al joven Jack que también lograba percibir como arrastraban la lápida por encima de su cabeza. En esos momentos su respiración se vuelve más agitada, intenta gritar, pero solo consigue que varios gusanos se le metieran en la boca. Ahora, tenía claro donde estaba, los escupió y volvió a coger una bocanada de aire templado.
Al otro lado y con una palanca en la mano, Martín ejercía fuerza para que la tapa saltara por los aires. Apenas había luz, pero la suficiente para ver los ojos abiertos de Jack, que miraba enloquecido hacía el exterior. No le dio tiempo a pestañear, cuando dos enormes hombres le sacaron de tan angustiosa prisión. Le elevaron por encima de la caja y le depositaron en una camilla. Con la misma asombrosa precisión pusieron dentro del ataúd, a su querido amigo Óscar. Todo fue demasiado rápido, en cuestión de minutos el cuerpo aletargado de Jack solo percibía los pequeños pinchazos de las agujas en su brazo. Sus pensamientos estaban inertes, viajaban fuera de allí.

Después de varias horas dentro de la ambulancia, Martín sacó su móvil desechable, mandó un mensaje a un número oculto. El mensaje decía;
– “Mi sobrina ya ha nacido, espero que vengas a verla” – en segundos recibió la respuesta.
– Por supuesto que iremos a verla.

El terreno estaba fangoso por las últimas lluvias, el cielo seguía cubierto por nubes que impedían que luciera el sol. El olor a tierra mojada se impregnaba de forma deliciosa en el bosque de pinos. Lucas miraba los alrededores, intentando visualizar que había ocurrido en aquel escarpado terreno, cercano al desguace. Había establecido un perímetro de seguridad y estudiaban el terreno colindante.
Valeria miraba atenta dentro de los contenedores de basura del viejo desguace. Varios agentes de su equipo estaban interrogando a los trabajadores del lugar. El equipo forense había establecido un pequeño laboratorio de campaña para agilizar los análisis de las muestras. El brazo era uno de los restos que estaba en mejor estado, a pesar del bocado del perro, se mantenía entero.
Lucas ya estaba en el lugar donde se encontraron los restos, observaba con atención. Hizo un recorrido con la mirada e imaginó como había ocurrido la escena. Comenzó a oír sus fuertes latidos, notaba una ligera presión en la sien. Su mirada se volvió inocua, en ese momento vio a una mujer dentro del coche, mal herida. Apenas se mueve. El coche permanece colgado de una grúa pluma, el coche se tambalea. Lucas avanza varios pasos y se sitúa cerca de la trituradora, en estos momentos está parada, pero él la ve funcionando en su cabeza. La grúa avanza varios metros y suelta el vehículo a las fauces metálicas que ahogan los gritos de la mujer, con sus horribles chirridos.
– ¿Qué te parece Lucas? – le mira atentamente.
– Los restos son de Lucía, sin lugar a dudas.
– ¿Cómo has determinado eso? Las pruebas no están analizadas.
– Creo que aquí está jugando mucha gente al mismo juego. Tengo una corazonada.
– Cuéntamelo…, no seas tímido. – le propone Valeria con una impaciente sonrisa.
– Está bien, ven conmigo. -Se acercan a uno de los coches del equipo y la invita a entrar.
– Creo que hay dos asesinos implicados, completamente opuestos en sus perfiles. El problema de esto, es como vincularlos. No estoy seguro, pero creo que por alguna razón la organización quiere un determinado perfil de sus víctimas, pero alguien se adelanta y somete primero a la víctima a una serie de juegos. Si es adecuada para el implante, continúan con el método, cómo fue el caso de Olivia, Jessica. – Valeria le mira a los ojos y comienza a sopesar la información que acaba de darle Lucas.
– Quieres decir que el primer filtro lo hace un individuo, que a su vez interpreta las ordenes de sus superiores, como le da la gana. Hablo del caso de Sandra, esa mujer fue violada antes y después de su muerte. Las torturas más horribles y dolorosas se las hicieron en vida, le arrancaban trozos de piel, de todo su cuerpo en especial sus tatuajes y le quemaron la cara con ácido.
– A ese punto quiero llegar, en el sótano de Jessica, encontramos miles de tarros repletos de restos humanos. Entre todos, uno de ellos me llamo la atención. Un tarro que contenía piel tatuada de la parte de una axila. El tatuaje es de un dragón chino. – se produjo un incómodo silencio. – Valeria abre la consola del vehículo, teclea su código de seguridad.
– Ya sé, hacía donde me quieres llevar…, Lucía tenía un tatuaje en su axila. ¿Verdad?
La consola se abrió dando paso a un vídeo sadomasoquista que Lucía grababa en sus misteriosas citas. En una de las imágenes donde ella permanecía atada al cabecero de la cama, se ve con claridad el perfil de un dragón chino, tatuado en su axila.
– Entonces podemos determinar que el asesino de Sandra es el mismo que el de Lucía. En el caso de que sea ella, la que está en el amasijo metálico.
– Pero Lucas, hay varias cosas que no terminan por cuadrarme. – Valeria dirige la mirada hacia la consola.
– ¿Por qué de todas las chicas que les gusta ese rollo, eligieron a Sandra y a Lucía?
– Esa es la gran pregunta Valeria, todos los indicios se pierden en el Pub Nube. Es la pieza principal del rompecabezas. Por eso quiero que este fin de semana te hagas pasar por una necesitada del sexo Sado. El primer paso es preparar tu trayectoria en las redes y tus gustos por los perfiles de citas. Además de establecer contacto con otras chicas en la nueva aplicación de Whatsapp. – Valeria le mira con cara traviesa. Una expresión que Lucas conocía de sobra.

Tres horas después de recorrer y recoger pruebas en el desguace, Valeria va al estudio de un viejo amigo. Un investigador experto en fotografía y redes que siempre está disponible para Valeria. El propósito de la atractiva Agente es que su querido amigo pose con ella en la cama, rollo Sado y suba las fotos comprometidas a un perfil creado para ese propósito.
El equipo de fotografía y vídeo está preparado, el loft donde vive y trabaja es el escenario morboso de aquel álbum fotográfico.
– Valeria, ¿estás preparada?
– Sí. – coge aire y enmaraña con los dedos su cabello.

Una cama redonda vestida con una manta de pelo blanco, brilla con los focos. Valeria lleva una máscara de gata sobre su cara, solo se le ven sus carnosos labios pintados de rojo y el brillo de su mirada. Sus pechos están al descubierto, en sus pezones cuelgan dos grandes aros adornadas con varias tiras de cuero, por debajo de su pecho se ajusta un corsé color vino. A partir de ahí solo se cubre por unas medias hasta el muslo, sujetas con un liguero de encaje. Se tumba y entre sus piernas, coloca de forma sensual una fusta de piel de camello.
Ahora toca la sesión de fotos con su querido amigo. El joven, tiene la cabeza cubierta por un buzo con cremallera plateada. Solo se le pueden ver los ojos, la nariz y la boca permanecen ocultos. Está completamente desnudo, solo tiene un pequeño taparrabos. Lleva un collar de perro en el cuello y ella tira del con fuerza, agitando en el aire la fusta, le golpea los glúteos y le somete. Cuando ya ha controlado al sumiso, orina sobre su espalda. Ella le ordena que se masturbe y acabe dentro de su vagina.

Valeria se acaba de duchar, aquella sesión de fotos la ha agotado. Menos mal que había contratado a unos dobles para hacer los vídeos, la sesión de posado la ha realizado ella y su amigo, pero el vídeo porno Sado, no era posible…, aunque ella pensaba que…, si hubiera sido Lucas, no se hubiera negado.
– Valeria, ya tienes preparado tu perfil con las fotos y los vídeos porno. Ven a verlo. – Valeria se acerca mientras coloca su arma en la funda y abrocha la cremallera de su cazadora.
– Tiene muy buena pinta, ¿verdad? – le alborota el pelo a su viejo amigo que permanece sentado delante del ordenador.
– Está perfecto, espero que en pocas horas reciba notificaciones de amistad en las redes. Mándame una copia de todos los mensajes a mi servidor.
– Cada vez que miro tus fotos, me doy cuenta de que eres una autentica pantera. Devora hombres. Ya sabes que conmigo estas a salvo, gatita.
– Ya lo sé, mi querido amigo. Tus gustos tienen menos curvas.
– No seas malvada, curvas tienen en la entrepierna. Ja, ja, ja. – una risa contagiosa hizo desaparecer la tensión de la sesión de fotos.

Olivia abre los ojos, está algo mareada. Ya no está monitorizada, así que nada le impide moverse de la cama. Solo conserva en su mano una pequeña vía. Tiene los labios secos y la garganta le abrasa. Se sienta en el borde de la cama. En su mesilla hay un vaso vacío. Lo coge y se lo acerca a la nariz. Distingue el olor del zumo de mandarina. Gira lentamente la cabeza hacía un lado y hacía el otro. Decide levantarse lentamente, pone los pies desnudos sobre el frio suelo y le produce alivio. Mueve los pies arrastrándolos, no tiene suficiente control de su cuerpo como para levantar la pierna y dar pasos. Abre la puerta del baño y la cierra a su espalda. Coge aire y entorna los ojos. No quiere asustarse de lo que la imagen del espejo le va a mostrar. Tiene miedo de no ser ella misma. Ha sufrido mucho. Recuerda todo perfectamente. El secuestro, la operación, el abuso frecuente de Martín en su casa. El control que ejercía sobre ella cuando estaba drogada. Le odiaba con todas sus fuerzas y quería verle muerto. A él y a los psicópatas que experimentaban con mujeres con antecedentes familiares de cáncer cerebral. La puja y toda aquella pantomima era una tapadera para todo aquello.
Su mirada está perdida, las lágrimas empiezan a viajar sin control por sus mejillas. Se acuerda de aquella manera. Su imagen no ha sufrido cambio. Solo se ven los pequeños orificios donde hace unos días tenía los pendientes. El alivio inunda de nuevo sus ojos que riegan incansables sus mejillas. Está viva y sabe que corre peligro. Tiene que establecer un plan, sabe en quien confiar, solo en una persona. Una persona que le habló dulcemente en la ambulancia cámino del hospital.

Valeria está preparada, sale de su casa. Abre las puertas del coche con el mando, se sienta al volante, suspira y conecta la radio. Intenta parecer tranquila, así que para tranquilizarse enciende un cigarrillo. Desde el día que realizó la sesión de fotos e instaló la nueva aplicación de Whatsapp ha recibido más de mil notificaciones de amistad. Su equipo está analizando cada perfil que se ha añadido en su teléfono y en las redes. El depredador está entre ellos y tienen que desenmascararle.
El recorrido hasta el Pub Nube transcurre sin ningún incidente, antes de aparcar y salir del coche conecta los dispositivos de vídeo en el vehículo, al igual que los que tiene adheridos a su cuerpo. Ya está preparada. Según se va acercando al recinto se oye más nítida la música.
– Estoy preparada. Voy a entrar. Necesito confirmación de dentro.
– Adelante Valeria, tenemos a nuestro camarero en posición. Buena caza.

Valeria atravesó la oscura y gran puerta. La luz blanca intermitente le hacía pestañear. Su vista y sus oídos se fueron acostumbrando paulatinamente a los ruidos que se mezclaban azotando su cabeza. Su cuerpo retumbaba a golpe de estridentes acordes de guitarra eléctrica. La música estaba demasiado alta. Un hombre fornido se acercó pidiéndole que le acercara su móvil al lector. Después de que la luz verde del lector se apagara le entregó el teléfono. El enorme y seductor hombre acercó sus labios al oído de Valeria.
– ¿Es tu primera noche?, gatita. – le dijo con voz cazallera. – Valeria asintió tímidamente.
– ¿Ves aquella puerta?, es otra sala, allí estarás como en tu casa. – le dijo manteniendo el perfil de su barbilla entre sus dedos.

Sin más preámbulos Valeria dirigió su extraordinario cuerpo, hacia la puerta que le había indicado el fortachón.

 

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