frente al espejo

Hace algunos años que no me miro en ese trozo de sustrato de cristal. Esa plana superficie que se obceca en plasmar el tiempo. Solo sabe secuestrar mi imagen y distorsionarla. Cada mañana levanto mis manos y toco mi rostro. Es increíble sentir la pureza de los surcos, el pequeño espacio de mis ojos y la pronunciada nariz que se aleja de mi cara. Cierro los ojos y empiezo a imaginar; la tersa imagen que reflejaba hace tiempo. Ese reflejo que madura como el fruto, que labra la comisura de los labios hasta convertirla en una fina línea con pequeños cauces en la piel, sometidos para unirse.

¡Qué disparatada escena! es terrible para algunas personas encontrarse con uno mismo. Asimilar que el cuerpo va venciendo al espíritu, que la voz que brota de la garganta se vuelve áspera y silenciosa.
Es tan difícil asumir que te estás consumiendo…
He decidido darme una oportunidad, creo que será la última. He silenciado los susurros que me avisan del peligro.
Aquella escondida voz que me ayudaba a tomar decisiones se ha evaporado. Ahora solo hago caso a mis impulsos.

Permanezco con los ojos cerrados, aprieto con fuerza los párpados. Sé, que solo puedo mantener la mirada unos segundos.

Quiero que esa imagen, no se altere con el tiempo. – ¡Quiero volver a creer en mí!
Al abrir los ojos, un remolino de emociones entra enfriando mis poros y erizando mi vello. La piel cetrina, recobra un color fúlgido. Mis labios se llenan de vida coloreando el tapiz de mi cara. La sonrisa lobuna aparece como un tic nervioso.
Quiero que se pare el tiempo, que no avance ni retroceda. Quiero apartar de mi mente el reflejo del pasado. La encarnizada forma de quererme se ha vuelto sutil y poderosa.

Ya he aprendido a envejecer.

©Julia OJidos Núñez
©Blog: https://juliaojidos.wordpress.com/
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