deseo

 

Hoy he robado al tiempo unos minutos de reflexión, he acabado de leer el libro y he decidido descansar mis ojos. El vagón de metro está lleno de gente gris. No me gusta levantar la mirada, siempre me encuentro ojos somnolientos que miran incapaces de saber que estoy pensando. Me planteo cambiar, pero no puedo; quizá ese lado mío que me hace estremecer cuando estás cerca, se ha solapado a mi carácter. – ¡Qué frágil soy a veces! – ¿Por qué es tan difícil pasar página? El metraje no para de pasar en mi cabeza. Soy demasiado cobarde para sincerarme conmigo misma. Tú me haces daño, lo sé, aunque esté confundida entre el amor y el sexo, tengo claro que te has llevado una parte de mí que desconocía. Separados por una capa invisible nuestros cuerpos siempre terminan arropándose entre besos. El olor de tu piel, el sudor que impregna mi cuerpo cuando más te deseo. Me estremece las sacudidas en la espalda, tus labios húmedos y entreabiertos; arden, recogen sorbos de deseo. Aspiran incansables el jadeo de mis labios.  Tu cuerpo es una fina línea en la pared que se arquea y embiste, flaquea unos segundos hasta que penetra de nuevo. Mi visión se vuelve borrosa, dejo de oír, solo siento el roce de tu piel, tus jadeos. El calor asciende cada vez más, hasta que encuentro ese trozo de mí, que solo tú me sabes dar. Me aprietas con fuerza los glúteos, me azotas, haces que mis palabras se derritan en mi lengua. Me coges de las caderas, cierro los ojos, sé lo que llega ahora; levanto las caderas y te sumerges dentro de mis aguas, tu lengua perfecciona las sacudidas, hundes y rozas buscando el elixir. Hasta que termina otra vez. Bebes lo que mi fuente derrama, lames los restos en mi piel. Tu mirada en ese momento me embebe, me manipula, me castiga, me golpea, me desarma. Me coges por las muñecas y me penetras con suavidad hasta que mi montaña se cubra de nieve. Besas mi pubis, patinas con tu lengua por el surco de mi ombligo, me traicionas con un dulce cosquilleo en las costillas. Intento incorporarme, pero tu mirada me aplasta contra la almohada. Silenciosa y ambiciosa mi lengua abre tus labios y penetra firme en tu boca, dejando y arrastrando las súplicas que hacen eco en nuestros pensamientos. De tantas formas me tienes atrapada, que cuando te despediste de mí, sentí un terrible hueco, un vacío vertiginoso que se vaciaba dentro de mi ser. No puedo dormir sin pensar en cada minuto que disfrute a tu lado, pero ahora me doy cuenta de que solo fueron eso, minutos. Minutos robados de tu vida, porque la mía siempre es igual, contigo o sin ti.

 

©Julia OJidos Núñez
©Blog: https://juliaojidos.wordpress.com/
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