HISTORIAS DE WHATSAPP (CASO CERRADO)


helicoptero

Olivia tiene claro donde ir, su padre tiene un taller de coches a dos calles de donde se encuentra. Hace mucho que no le visita y lo primero que hace después de atravesar el barrio chino, es llamarle;

– Papá, ¿cómo estás? – pone los ojos en blanco mientras espera que responda.
– Olivia, hija. Me tenías preocupado. He ido a visitarte al hospital y un agente me ha dicho que no puedes recibir visitas. ¿Has cambiado de teléfono?
– Escucha papá, necesito que escuches atentamente, de acuerdo. – después de unos segundos en silencio.
– ¿Qué pasa Olivia? ¿Te has metido en algún lío? – intenta controlar sus impulsos, coge aire y contesta.
– No precisamente un lío, pero necesito las llaves de tu taller. – su tono anodino, preocupa más al viejo.
– Olivia, tengo que sincerarme contigo, nunca pensé que te lo diría por teléfono, pero he sido un mal padre para ti. Quiero que me escuches…, sé que ahora no tienes tiempo de escuchar a un viejo que se muere. Necesito que sepas que siempre te he querido y que no he sabido tratarte como te mereces. Hija, tengo cáncer. – la joven escucha mientras se muerde el labio con rabia.
– No sé qué decir, lo siento…,
– Puedes recoger las llaves en el Bar Pustral. – terminó sus palabras de forma sibilante, casi sin fuerzas.
– Papá, tienes que comprender que mi vida corre peligro, necesito que no llames a la policía y no des datos sobre mí. De acuerdo. – espera impaciente la contestación.
– Lo sé hija, he visto las noticias. Confío en ti, prométeme que te cuidarás.
– Sí, papá, pero necesito que hagas una llamada al Bar Pustral, el viejo Pi Bull no tiene que saber que me llevo las llaves, entraré por la puerta de atrás y las cogeré. Solo espera a llamar unos quince minutos desde que corte la llamada. – antes de colgar…
– Ah, ¡Gracias, papá! Te quiero. – Se quedó mirando el auricular, algo disgustada por no saber que su padre padecía cáncer desde hace varios meses.

           Martín sube las escaleras de dos en dos, sabe que Julian al que llaman el viejo Pi Bull un exboxeador de los años 60, vive en el tercer piso de unos apartamentos cedidos por el estado. Es el único pariente cercano que tiene Olivia, es una información muy valiosa. Sabía que tarde o temprano necesitaría la ayuda del viejo. Por eso después de dejar a Valeria en la fábrica dentro de su coche. Caminó hasta el centro y se camufló en la red de metro con la intención de sonsacar información a Pi bull. Golpeó fuertemente la puerta. Se oyó desde fuera el chirriante sonido de unos ruedines sobre el parqu. Julián, miró por la mirilla y reconoció al policía. Fue la misma persona que le impidió ver a su hija en el hospital. Abrió despacio.
– En que le puedo ayudar, Agente. – le miraba de soslayo.
– ¿Puedo pasar? Me gustaría hacerle unas preguntas. – su voz plúmbea se distorsionaba en los oídos del viejo.

– Pase, está en su casa. – sus movimientos eran lánguidos y desgarbados. Avanzaba hacía el sillón mientras arrastraba su máquina de oxígeno.
Sabe que su hija ya no está ingresada, verdad…

– Si, lo sé. También sé por qué ha venido. Y la verdad le diré que malgasta su tiempo viniendo a molestarme. Si piensa que le voy a decir alguna cosa que pueda perjudicar a Olivia, lo tiene claro. Míreme Martín, estoy hecho un asco. No sé si mañana podré abrir los ojos. El cáncer está devorando mis huesos, y la verdad es que estoy preparado para morir. – Se gira lentamente y sonríe al inexpresivo Martín que le mira rabioso.

– Bueno eso lo veremos, señor boxeador. Le traigo un regalito que nos mantendrá entretenidos unos minutos. – Martín no preguntó nada sobre Olivia, se abalanzó sobre el viejo, le quitó la mascarilla. Le redujo de un puñetazo; le hizo caer al sillón. Allí comenzó su juego. Arranco su nariz, vació la cuenca de sus ojos, le cortó la lengua y las orejas. – el viejo se dejó hacer, la sumisión fue la bendición que él necesitaba para morir. – antes de marcharse, lavó sus manos y buscó una caja para guardar sus trofeos. Encontró lo que estaba buscando, una caja metálica, colmada de fotografías. Las sacó para meter sus tesoros y le distrajo una foto en blanco y negro. Pit Bull vestido con un mono de mecánico trabajando en un garaje, junto a él su viejo amigo; el dueño del Bar Pustral.

Después de salir realizó una llamada. El comisario descuelga el teléfono. Tiene la mesa cubierta de los tabloides informativos. Arquea de forma exagera las cejas y presiona sus finos labios antes de hablar.
– ¿Qué coño quiere otra vez? – le pregunta de forma hosca y neutral.
– Creo que tengo algo. – necesito información de una propiedad del padre de Olivia, en los 60 fue un gimnasio clandestino, donde el gran Pi Bull, realizaba combates mañados.

Después de su lesión se asoció con el dueño del Bar Pustral y convirtieron el antro en un taller de coches. Necesito que averigüe, quien es el propietario y que firme una autorización para entrar en el recinto.
– ¡Estás loco! Sabes que estamos en una situación delicada, los de investigación interna me están vigilando. Creo que llevó un micrófono en mi puto culo, ¿sabes? Haz lo que tengas que hacer y por el amor de Dios, no me llames más. Yo me pondré en contacto contigo. – colgó justo antes de que un inspector de la secreta entrara por la puerta.
Olivia esperaba en la acera de enfrente, estaba situada detrás de una cabina telefónica, a través del cristal pudo ver al viejo cascarrabias limpiando la barra. Esperó varios minutos y decidió llamar de nuevo a su padre. Desde el primer momento que introdujo la moneda una mala sensación se apoderó de ella. Marcó el número y espero hasta que el teléfono dejó de emitir la señal de llamada. Colgó de mala gana, pensando lo peor. Cruzó la calle con la capucha puesta, no quería que el viejo la conociera a través del ventanal. Pasó al callejón asegurándose de que nadie la seguía. Fue en el último momento cuando giro medio cuerpo y vio que paraba un coche de policía en la puerta del local. Comenzó a correr hacía la puerta de atrás, entró a la galería, bajo varios peldaños y con alivio descubrió que las llaves estaban donde siempre. Fue entonces cuando decidió colarse por el pasadizo que comunicaba los locales y se perdió entre las sombras. Martín no consiguió una mierda de aquel viejo sordo, pero las fotos colgadas en la pared le desvelaron muchas cosas sobre el local donde posteriormente se dirigiría.

Valería consigue quitarse completamente la cortina de su cuerpo. Tiene que moverse e intentar escapar. Hábilmente despega de entre los dedos de sus pies un artilugio que se monta con facilidad, era un rudimentario punzón. Con paciencia pudo abrir la puerta del maletero y salir al exterior. Tiene el cuerpo entumecido y mucho frio, lo primero que se le ocurre es buscar algo para cubrirse. Ese es su primero objetivo. Mira alrededor y se da cuenta de que está en una fábrica. El olor a detergente le hace recordar las fábricas a las afueras de la ciudad. Como ha permanecido inconsciente en el traslado no ha podido calcular la distancia.
Se movió lo más rápido que pudo entre las cintas que recorrían aquel lado de fábrica. Se ocultaba tras los bidones de grasa animal. Necesitaba encontrar los vestuarios del personal. Giró hacia la derecha por un estrecho pasillo con escasa luz. Sin lugar a dudas Valeria sabía que iba directamente al taller de reparación. Descendió por un tramo de escaleras metálicas que le recordó las escaleras de un buque. La decoración industrial de las tuberías vistas y vigas de acero despejaban el suelo de máquinas. Fue entonces, cuando encontró un mono azul, colgado de la pared. No lo pensó mucho tiempo, tiró de él para descolgarlo y se lo puso, antes de hacerlo se llevó la prenda a la nariz.
– ¡Uff! – farfulló entre dientes. – se puso el mono y continuó andando.
Varios metros más adelante una puerta metálica que ocupa parcialmente la pared permanecía entornada. Allí al panorama es completamente distinto, – se camufla entre unos bidones y observa distraídamente. Había varias mujeres en una especie de cilindro, hombres con una máscara sobre la cara y con indumentaria medica; anotaban cosas en un cuaderno. Estaba bastante abstraída cuando notó el cañón de una pistola sobre la sien. Estaba ardiendo, habían disparado con ella hacía pocos minutos. Le abrasaba. Intentó moverse, pero su adversaria no dejaba de presionar la pistola sobre su cabeza.

Olivia llegó al taller de su padre, antes de nada, sacó la tarjeta que había cogido en el gimnasio y marcó el número de Lucas.

– Lucas al teléfono. – esperaba ensimismado.
– Lucas soy Olivia, no sé si tengo mucho tiempo, pero necesito que me ayudes. Martín me está siguiendo. Estoy en el antiguo gimnasio Neprom. Creo que pronto llegará. Sé dónde intervienen a las mujeres, cuando terminé aquí voy para allá. No recuerdo el nombre de la fábrica, pero sé que está muy cerca del desguace. Por favor, manda una patrulla… – la comunicación quedó en silencio.
– Olivia, ¿estás ahí? – Olivia arrojó el teléfono al inodoro, alguien había entrado en el recinto. Sabía que hacer, detrás de una taquilla su padre escondía dinero y armas. También las llaves de una vieja camioneta. Saltó por una de las ventanas traseras y se alejó corriendo por una de las calles colindantes.
El garaje estaba a oscuras, no quería dar la luz. Sabía perfectamente donde estaba aparcada la vieja chatarra. Antes de que diera un paso, las luces se encendieron; Martín estaba de pie junto al vehículo.
– Hola, gatita, eres una chica, mala, mala, mala. – Sacó una navaja de su bolsillo y vació el aire de los neumáticos delanteros.
– Sé, que estás en alguna parte. Déjate ver, para que vuelva admirar tu cuerpo. Venga Olivia no seas tímida…
Olivia salió de las sombras, levanto el arma y se acercó unos metros hacia donde se encontraba Martín.
– ¡Qué interesante! – sabes usar un arma. ¡Si señor! Eres el tipo de mujer que me gusta, peligrosa y extremadamente sensual, pero llegaste tarde al gimnasio. El arma no está cargada. Siento decirte que vacié el cargador, antes de que llegaras. Así que te recomiendo que lo dejes despacio sobre el coche de tu derecha y te arrodilles con las manos por encima de tu cabeza.
– Te crees que soy tonta, esta arma está cargada. Te lo voy a demostrar. – apuntó a la cabeza del policía, pero le resultaba demasiado fácil acabar con su vida de un disparo, así que decidió virar unos centímetros el cañón de su arma y disparar al pavimento de hormigón. El estruendoso ruido hizo que un pitido se alojara en sus oídos, el olor a pólvora envenenaba el ambiente, haciéndole más sórdido. – Martín fue rápido y se tiró sobre el capó de la furgoneta, rodó y salió corriendo para cubrirse entre los coches cercanos. Olivia estaba decidida a acabar con su vida.
Lucas se puso en marcha, las últimas coordenadas que emitió el teléfono fueron en el baño del taller. Los metrajes de la zona vieron como Olivia entraba por la puerta trasera y también a Martin varios minutos después. Le vio salir, pero Olivia no apareció en la imagen. Lucas pensaba que la había matado, pero después de registrar el perímetro, dedujo que había podido escapar. Las paredes que cubrían el despacho del taller estaban prácticamente forradas por viejas fotografías. El padre de Olivia cuando boxeaba, foto de familia…, pero le llamó la atención una fotografía sacada muy cerca de allí, Olivia y su padre posaban delante de una furgoneta en la puerta de los aparcamientos públicos. Sin mediar palabra, salió por la puerta y sus hombres le siguieron.

El garaje volvió a quedarse a oscuras, las carcajadas de Martín se oían por todos los sitios. Olivia mantenía los ojos muy abiertos, no quería ser cazada por aquel violador y asesino. Le temblaban las manos, el odio le recorría el cuerpo, quería vengarse de las vejaciones sufridas por aquel monstruo. Mantenía empuñando su arma, cuando las luces volvieron a encenderse. Se ocultó tras una de las columnas centrales y esperó a reconocer algún sonido. Aguza el oído y cierra los ojos. Solo se podía oír el repiqueteo del agua que caía por el sumidero. Su leve jadeo y el frio que le helaba la sangre. Alguien entró por la puerta, el ruido metálico al cerrase la hizo sujetar más fuerte el arma. Distinguió dos sombras desde su posición, luego entraron cuatro más. Vio cómo se movían alrededor del perímetro y decidió marcharse por las alcantarillas. Antes de que pudiera cerrar la tapa vio con claridad como Martín salió de su escondite.
– Lucas, menos mal que has venido. El asesino se ha escapado. Lo tenía acorralado. Pero un descuido…,
– Martín tira tu arma. Se te acusa de cinco violaciones y tres asesinatos. – hizo amago de tirar su arma al suelo, pero apuntó hacía Lucas, tubo los suficientes reflejos de esquivar la bala. Desde su posición Lucas apretó el gatillo y le disparó en la cabeza. Martín cayó desplomado sobre el cemento.
Lucas llamó a la ambulancia y pidió por radio un helicóptero, su propósito era llegar lo antes posible a la zona sur. No quería hacerlo en coche porque en hora punta, tardaría tres horas en llegar. Sabía que Olivia se dirigía hacia allí.

Valeria miró por el rabillo del ojo y distinguió la silueta de una joven que no pudo reconocer en su primera observación. Olivia seguía apuntándola con el arma. Ahora no la presionaba con el cañón en la sien. La laceración ocasionada por la quemadura le escocía mucho. Estaba oculta en un pequeño almacén. Olivia no sabía quién era la mujer que apuntaba, pero tenía claro que no trabajaba en la fábrica. Pudo mover la cabeza y le miró a los ojos.
– Olivia, te llamas así, verdad. Mi nombre es Valeria, soy Agente Especial. He llegado cómo tú llegaste la primera vez. Inconsciente, desnuda, en el maletero del coche de un policía corrupto. Llamado Martín. Necesito que dejes de apuntarme con esa arma. ¡De acuerdo! – Olivia la mira en silencio y después de unos minutos asiente con la cabeza. Le entrega el arma a Valeria.
Lucas recibe una llamada de su equipo de analistas, han descifrado el servidor del Pub Nube, allí, hay datos suficientes para implicar al comisario, a Martín y al alcalde entre otros muchos. Según los datos Jack está en algún lugar secreto. Lucas cree que forma parte de aquel enjambre corrupto, pero tendría que analizar todos los datos para asegurarse que es uno de los miembros de GHOST.
Sube al helicóptero y da instrucciones precisas para que a su orden y mediante las pruebas periciales que han enviado al Juez; arresten a los involucrados. Sobrevuela la ciudad rumbo al sur. Tiene una necesidad imperiosa de saber que habrá sido de Valeria…, tiene remordimientos por infiltrarla en aquel antro. Si le pasase algo…, no se lo perdonaría nunca.
El piloto le indica que hay cuatro fábricas en un perímetro cercano al desguace. Lucas intenta concentrarse, mientras sobrevuelan la zona. Intenta recordar si en las cajas de detergente halladas en la trastienda del Pub aparecía algún logotipo significativo que las distinga de otros fabricantes, pero aquellas cajas no estaban marcadas.
Le indica al piloto con un giro de su dedo índice en el aire, que vuelva a dar la vuelta. Tienen que encontrar una pista, que les haga pensar de que fábrica se trata. En pocos minutos y después de haber sobrevolado en círculo varios kilómetros. Ven una ambulancia, que se dirige a la zona de aparcamiento de una de las fábricas.
– ¡Bingo! – Lucas se comunica por radio con sus analistas. – tenemos alguna noticia que destacar.
– Si, el caso es que sí. Ayer por la noche desapareció una joven de 17 años, cuando volvía del instituto. La Policía Local nos ha informado que encontraron su móvil, entre unos arbustos a la salida de la A-3 dirección sur, les he pedido que me lo envíen, para analizarlo.
– ¿Y? – Lucas espera impaciente.
– Según la investigación de la Policía, ayer por la noche mandó un mensaje de Whatsapp a una amiga. Tenían una fiesta con varios adultos que se unieron a la nueva aplicación. Uno de los teléfonos del registro de contactos es de Martín y el otro es el de Jack. – estaba intentando asimilar lo que oía.
– Vale, en cuanto tengas más información no dudes en llamarme. – colgó antes de bajarse del helicóptero.
Valeria mantenía a Olivia detrás de ella mientras avanzaban, tenía que asegurase de que aquel era el sitio donde la empresa de tecnología implantaba los dispositivos en las mujeres. Olivia cogió una barra hierro y antes de que Valeria se diera cuenta le golpeó en la cabeza y le dejo inconsciente. Retiró el arma de sus manos y la arrastró para que nadie que pasara por allí la descubriera. Avanzó despacio hasta el umbral de la puerta metálica e inspeccionó de forma intermitente asomando la cabeza. El equipo médico en esos momentos no estaba. Así que le pareció el momento perfecto para intervenir. Se plantó a un lado de la sala, donde una capsula hermética mantenía con vida a una mujer más joven que ella. Le acababan de realizar la intervención, pero desgraciadamente no había superado la prueba. Estaba en estado vegetativo. La utilizarían para estudiar posibles secuelas. Arrastraba los pies al desplazarse. Quería ver cara a cara al miserable que la violó antes de operarla. Quería acabar con él. Una cristalera hasta el suelo, separaba aquella sala de un taller, donde se realizaban los ajustes del dispositivo en el cerebro. No había nadie por ningún sitio.
Valeria empezó a mover ligeramente la cabeza, el golpe le había ocasionado un agudo dolor en su lado izquierdo. Palpo con cuidado y se estremeció de dolor, intentó incorporarse, pero no tenía suficiente fuerza para aguantar su peso, así que decidió desplazarse reptando.

Lucas entra en la galería, detrás de él el piloto empuñando un arma. El olor a detergente cada vez era más pesado. Le picaba la garganta y los ojos. Descendieron varios pisos y vieron cómo la entrada de vehículos estaba abierta. La rampa estaba despejada, pero la ambulancia continuaba fuera. No había entrado. Se ocultaron y esperaron varios minutos. Alguien descendió por la rampa empujando una camilla, sobre ella había una joven que parecía dormida. Giraron a la izquierda y se metieron en el montacargas. Salieron de su escondite y bajaron por las escaleras al sótano, allí estaba el coche de Martín, con la puerta del maletero abierta y una raída cortina en el suelo. Se acercó a inspeccionar el vehículo. No había ni rastro de Valeria, no tardó mucho en deducir que habría hecho ella, así que se dirigió hacía la zona de taller.
A Valeria le pareció oír pasos, se agazapó detrás de un registro de agua. Vio dos siluetas que empuñaban un arma. Pasaron por su lado sin percatarse de que estaba allí. No descubrió que se trataba de Lucas hasta que no se aproximó a una zona iluminada. Entonces intentó ir tras él, pero no podía guardar el equilibrio si corría. Así que lo hizo lo más rápido que pudo. Lucas había cruzado la zona médica. El piloto comprobó en los monitores los cuerpos de las jóvenes metidas en las capsulas. Una de ellas estaba viva, permanecía con los ojos abierto. Al ver al hombre, le sonrió. Él golpeó la pantalla protectora y le habló.
– Pronto te sacaré de aquí. – le dijo mientras le guiñaba un ojo.

Olivia seguía adelante, oyó ruido en uno de los despachos, entró y se colocó detrás de un armario lleno de archivadores. Un joven de aspecto enjuto y de pelo engominado miraba distraído unos papeles. A Olivia le recordaba a alguien, pero no sabía bien que papel representaba en esta mierda. Le había visto en algún sitio, pero en esos momentos por más que intentaba recordar no lograba ubicar su cara.
Jack estaba destruyendo todos los documentos que le involucraban en el negocio tecnológico. Por eso había creado la empresa GHOST, para lucrarse de los beneficios que le ofrecía el alcalde y el comisario a cambio de que permaneciera con la boca cerrada. Él era una pieza clave en el rompecabezas. Su vida dinámica como Agente, el entendimiento de la economía y los procesos de comprar acciones, pero sobre todo de mover grandes sumas de dinero. Su socio no le iba a defraudar, el fantasma estaba en prisión. Jack solo tenía que parecer una víctima en vez de uno de los creadores de la empresa. El rechazo del gobierno para sacar al mercado un dispositivo que era efectivo un 30 % en la prevención de cáncer en el cerebro. Le hizo ver una oportunidad de oro. Con la ayuda del alcalde y el comisario tuvieron esa oportunidad, pero aquello no era posible. El 30 % no era real, después de más de cien intentos solo uno de ellos había salido con éxito, Olivia. Jack sabía que el tiempo se agotaba y tenía que desaparecer.

– Pon las manos por encima de tu cabeza. – le dice Olivia mientras le apunta con el arma.
– ¿Sabía que vendrías? – le dijo con media sonrisa.
– Ya…, ahora siéntate. – Olivia no percibe un ligero movimiento que hace Jack.
– Sube las manos hacia arriba.
– No te pongas nerviosa. – en ese momento aprieta el botón de un dispositivo y Olivia suelta el arma y presiona fuertemente sus oídos, pocos segundos después cae al suelo y se queda en un estado hipnótico, mientras que de sus oídos brota un hilo de sangre.

Valeria entra en aquella zona y ve a Olivia tendida en el suelo, se acerca hacía ella e intenta que salga de su estado, la zarandea por los hombros e incluso le propina un par de bofetadas. Olivia vuelve en sí, quejándose de dolor y mesando su cabeza. Intenta que aquel dolor se vaya con unas palmadas sobre el pelo.

El piloto se abalanza sobre Jack y le reduce en pocos minutos. Realiza una llamada al equipo de rescate, para que entren en la nave. Los equipos de asalto, entran de tres en tres. Detienen a treinta personas, entre ellas varias personas de alto cargo en el gobierno. Lucas vio que Valeria tenía cubierta de sangre la cabeza. Se acercó a ella y la abrazó con fuerza.
– No me hagas esto nunca más. ¿Te queda claro? – ella se separó de él unos centímetros, le miró a los ojos y besó sus labios.

Lucas estaba junto a la cama de Valeria en el hospital central, tiene el móvil en silencio. Se queda medio dormido leyendo el periódico. Nota que el bolsillo le vibra. Desbloquea el teléfono y sale al pasillo.

– Sí señor, el caso está cerrado. Tendrá el informe en su mesa en menos de 24 horas.
– Lucas, buen trabajo. – Pese a las muestras visibles de cansancio, Lucas sonrió.

Permaneció unos minutos con la espalda apoyada en la pared, mirando hacia el techo. Un grupo de médicos pasó por su lado, hablando de la última intervención quirúrgica. Hablaban de un nuevo dispositivo que se implantaba en el cerebro; emitía descargas eléctricas a zonas que habían perdido actividad de choque. – Lucas no daba crédito a lo que estaba oyendo, se acercó con paso ligero hacía el grupo. – el dispositivo no era otro que un implante coclear, nada tenía que ver con el caso cerrado. – Después del susto entró en el lavabo, se aflojó la corbata y se lavó la cara con agua fría. Su teléfono volvió a sonar, está vez era un mensaje de texto.

– Tenemos otro caso.

©Julia OJidos Núñez
©Blog: https://juliaojidos.wordpress.com/
Depósito Legal: Safe Creative

HISTORIAS DE WHATSAPP V


mujer-con-copa-en-la-mano_1957311680

HISTORIAS DE WHATSAPP V

– ¿Qué tenemos aquí? – pregunta con tono lacónico a uno de los analistas. – tenía barba de varios días, el pelo enmarañado. Los ojos muy abiertos y pequeñas venas rojas que destacaban en el globo ocular. El exceso de café y las pocas horas de sueño marcaban el cansancio en su rostro.
– Es el metraje de vídeo en la oficina de Jack, dos días antes de su asesinato. – el analista pasaba las imágenes a cámara lenta, para que Lucas apreciara mejor la imagen.
– Para ahí, ese tipo con capucha…, ¿Quién es?
– No tengo ni idea, pero podemos comprobarlo en la base de datos. El programa analizará su estructura ósea y calculará el peso. Sacará varios perfiles, si ese tipo está fichado o aparece en cualquier metraje de la ciudad, daremos con él.
– Buen trabajo. Quiero ver las imágenes desde que Jack aparca su coche en la plaza de aparcamiento. – El analista deja su asiento a Lucas y va a buscar una taza de café.
Lucas miraba la pantalla, sabía que cualquier detalle podría ser de gran ayuda. Tenía su móvil cerca del ordenador, de vez en cuando miraba, por si había alguna novedad sobre la infiltrada, Valeria. Paró la reproducción en el mismo momento que Jack dirige la mirada al ventanal. Un sombrío reflejo hizo que Lucas, ampliara esa zona de la imagen. Un hombre delgado y alto con una capucha puesta se reflejaba en el cristal de la ventana. Sus facciones le parecían familiares. Mandó la fotografía a analizar y siguió con el metraje de la cinta.

Olivia se ha vuelto a tumbar, la enfermera le había pelado una pieza de fruta. Un aviso en la megafonía le hizo abandonar la habitación. Olivia miró la puerta por el rabillo del ojo y con una de sus manos cogió el cuchillo que la enfermera había depositado encima de la mesilla. Le escondió debajo de la almohada, se incorporó y comenzó a comerse la fruta.
La oscura cortina que separaba la estancia con el pasillo cubría parcialmente la ventana, dejaba una franja descubierta, así, Olivia podía ver con claridad quién iba a entrar en su habitación. El cuarto de baño quedaba al otro lado de la cama, oculto si se miraba desde el exterior. Cuando terminó de comer la fruta. Decidió coger el cuchillo y dirigió su encorvada figura hacía el baño. Fue entonces cuando oyó hablar a Martín, también reconoció la voz del escolta. Aguzo el oído para seguir la conversación.

– ¿Está despierta? – preguntó Martín a su compañero.
– Acaba de salir la enfermera, creo que la estaban preparando para merendar.
– ¿Se puede mover? – el escolta le miró detenidamente, le extraño el tono de la pregunta.
– Pues no, por eso le pelan la fruta. – transcurre solo unos segundos.
– Bueno, hoy no hace falta que entres conmigo. Solo voy a comprobar que está bien. No voy a hacerle preguntas.
Martín entra con la mano en el bolsillo, su idea es bloquear su sistema nervioso a través del neutralizador de corriente, un dispositivo que reduce las descargas eléctricas en el cerebro y ocasiona el coma o la muerte. No quiere que Olivia le recuerde.
Olivia está forzando la puerta de emergencia que disponen todos los baños para abrirse por el pasillo. Manipula la cerradura con la ayuda del cuchillo y una vieja horquilla oxidada que había en el estante del baño. Intenta no hacer mucho ruido.
– Espere un momento agente, el jefe de enfermeras quiere hablar con usted. – escucha atentamente a la enfermera que está situada detrás de él, mientras mantiene la puerta entornada para entrar.
– Si, cómo no. Voy ahora mismo. – el escolta vio el mohín de su rostro y arqueó las cejas.

Fue el momento perfecto para que Olivia pudiera escapar de allí. Se metió en una de las salas de enfermería. Abrió una taquilla y cogió un pantalón, una camiseta y un pase del parquin subterráneo del hospital. Bajo por las escaleras hasta el aparcamiento, subió la rampa hacía la calle. A pocos metros había un quiosco de prensa, en uno de los lados una máquina expendedora de móviles de tarjeta. Comprobó los bolsillos del pantalón por si la dueña de aquella prenda no usaba monedero. Tuvo suerte, tenía dinero suficiente para comprar un móvil y algo para comer.
Caminó media hora para alejarse del hospital, giro a la derecha y entró a un callejón sin salida. Se situó en medio de la calle, divisó un cartel de color dorado con letras desiguales donde se podía leer “Cafetería”. Estaba situada en el sótano del edificio, según se aproximaba pudo ver el ventanal por donde se veía el interior. Había varias personas sentadas en los taburetes de la barra, tomando café y leyendo el periódico. Decidió bajar los cuatro escalones que le separaba de la calle y entrar. Necesitaba comer algo, estaba mareada y extenuada.

El fuerte olor a café inundaba las paredes de aquel local decorado como los 80, el ruido del molinillo ahogaba la voz de la periodista que hablaba por televisión. Olivia se sentó en un cómodo sillón color oscuro, frente al televisor. No podía oír nada, pero seguía atentamente las imágenes. La fotografía de una mujer joven, rubia y ojos claros, llamó su atención. Nadie prestaba atención a la caja tonta. Los titulares se referían a otro secuestro.
Lucas está con la cabeza entre los brazos, ha estado revisando el metraje más de cuatro horas seguidas, sus hombros no sujetaban su cabeza y se ha derrumbado sobre el escritorio. La luz de la lámpara calienta su cogote, pero está profundamente dormido y no nota el calor. Su móvil empieza a vibrar, la aplicación de seguimiento le avisa, que el dispositivo de Valeria se aleja del pub.

Martín regresa del despacho del jefe de enfermeras y entra a la habitación de Olivia, ha transcurrido una hora desde que intentó entrar la primera vez. La habitación estaba a oscuras, desde la puerta solo se veía un extraño haz de luz que entraba por el ventanal. La silueta de Olivia estaba oculta por la manta. Martín se acercó más y comprobó que allí no había nadie. Observó la habitación, su ropa seguía estando en el armario, encendió la luz del baño y se dio cuenta enseguida por donde se había escapado. Regresó al lado de la cama y puso la almohada simulando el cuerpo de la joven. Salió y cerró despacio la habitación.
– Martín, ¿cómo está la enferma? – le preguntó el escolta.
– Está dormida profundamente. – le respondió pensativo.

¿Dónde está Valeria?

Valeria abrió la segunda puerta que aislaba el sonido de la zona de baile del Pub Nube. Andaba con naturalidad, no sabía muy bien donde estaba situado su equipo de apoyo dentro del local. Así que cogió aire y entro contoneándose en la otra sala. Era bastante espaciosa, pero estaba llena de humo de cigarrillo, le picaban los ojos. Inspeccionó el terreno con la mirada y dirigió su equipo de grabación panorámica. Observó que toda la gente que se reunía en torno a pequeñas mesas la miraban atentamente. Embozó una amplia sonrisa y alguien en el fondo de la sala le indicó que se acercara a tomar asiento. Era un hombre delgado, con mandíbula ancha y ojos pequeños.

– ¿Es tu primera vez? – su voz plúmbea le hizo estremecer.
– Sí. – bajó los ojos como muestra de timidez. – el hombre hizo un gesto con la cabeza para que uno de los camareros se acercara.
– ¿Qué vas a tomar? – le mira a los ojos de forma lasciva.
– Eierlikör, por favor. – le mira sorprendido.
– Magnífico póngame otro para mí. Hacía mucho que nadie pedía ese licor. Si me permite preguntarle señorita.
– ¿De dónde es usted? – sus ojos leoninos miraban sin reparos.
– Creo que eso ahora no importa, ¿no cree? – Valeria se mete en su papel; abre un poco los labios y saca la punta de la lengua. Coge su copa y lame el borde de forma sensual.
– Uff, bastante sugerente, querida.

Después de tres horas bebiendo y bailando, era hora de comunicarse con el equipo. Coge su bolso de mano, pero antes de despegar su culo del asiento coloca un micro debajo de la mesa. Sabe que en pocos minutos comenzará la puja. Se disculpa y va hacía el baño. Allí logra ver a Martín al final del pasillo, habla con alguien que no para de mover los brazos.
Le manda un mensaje codificado a Lucas. Espera varios minutos hasta que la respuesta aparece en la pantalla. Consulta los usuarios que han seleccionado en la central como posibles sospechosos, pasa las imágenes una a una.
– ¡Bingo! – aparece ante sus ojos el mismo individuo de la mesa. – teclea lo más deprisa que puede;
– ¿Quién es? – espera impaciente.
– Sin identificar, pero se han encontrado imágenes que le sitúan en varios puntos cercanos a las desapariciones.
– Ten cuidado Valeria.

Estaba claro que aquel hombre de edad incalculable era el mentor de las pujas. Su forma de comportarse le hacía sospechoso.
El tono de mensaje del Whatsapp en el móvil de Valeria comienza a sonar. Ha comenzado la puja. Sale del baño y el entorno de la sala ha cambiado. La gente permanece en pie. El camarero ha repartido las máscaras. Se acerca a ella y le entrega la suya, asiente con la cabeza y se desplaza hasta la zona central.
Los mensajes no paran de sonar. Hombres y mujeres quieren pujar por estar una noche con ella, mira atentamente los perfiles y encuentra la mejor puja. En la pantalla aparece su compañero de mesa y uno de los suyos. Acepta a los dos. En ese momento termina la puja, se apagan todas las luces. Valeria nota un aliento cálido detrás de su nuca. Alguien la empieza a apretar con fuerza los glúteos. Se gira lentamente y le tranquiliza saber que se trata de uno de sus agentes.
El hombre misterioso de la mesa la coge por el brazo y la lleva a un reservado, seguidos por el policía.
Martín los ve entrar, mira extrañado al hombre corpulento que parece seguir a la pareja. Antes de que pudiera entrar en el reservado, Martín levanta su mano y golpea la nuca del policía hasta dejarlo inconsciente. Después de hacerse cargo del cuerpo, decide pasar un buen rato y se camufla discretamente dentro de la habitación, su objetivo es observar y por qué no, si la rubia no cumplía los requisitos se la llevaría a casa.

Olivia se acerca a la barra, necesita oír la noticia y pide que, por favor, dejen de moler café. Le ofrecen el mando a distancia y sube el volumen. Las personas que estaban adormiladas, disfrutando del café matinal, se muestran algo alarmados con la noticia.
– Todavía no tenemos los datos contrastados, pero se desconoce el paradero de esta joven fotógrafa que anoche fue vista por última vez a las puertas del conocido Pub Nube.
La noticia decía que acudió a una quedada de jóvenes solteras, a un Pub donde se rumorea que se realizan prácticas sexuales muy subidas de tono. Según las investigaciones de varios periodistas, se sospecha que fue el punto de encuentro de las otras desaparecidas.

Martín quería ganar tiempo, tenía que comunicárselo a su jefe. Así que fue a la planta número doce de comisaria y entró sin llamar.
– Olivia se ha escapado. – un hombre de mediana edad atendía una llamada telefónica. Le miraba con cierta desconfianza mientras tapaba con una de sus manos el auricular del teléfono.
– ¡Te quieres callar! – Replicó con tono brusco. En segundos colgó el teléfono.
– Quiero que la encuentres, ella es la clave. Entiendes. Creo que es el único sujeto que ha superado con creces todas las pruebas.
– El alcalde me pide resultados y ella es la prueba. Si me fallas sufrirás las consecuencias.
– Señor, ¿qué dice Jack sobre la inversión?
– Tu no necesitas saber nada más, solo quiero que lleves a la chica a la fábrica.
– Me dejas jugar con ella un poco…
– El doctor no quiere que la toques. ¿Me has entendido?
El analista se levanta, golpea fuertemente la jamba de la puerta y despierta a Lucas.
– Lucas, tenemos algo. – Lucas hace estiramientos musculares antes de levantarse de la silla.
– Hemos podido conectar nuestros servidores a las cámaras de comisaría. Sabes que después de un año las imágenes grabadas se borran. Pues bien, mira quien hace visitas fuera de su área. – Lucas se frota los ojos, parpadea varias veces y mira la pantalla.
– ¡Será cabrón! ósea que el comisario forma parte de esta mierda. – me llevó varias semanas colocar los micrófonos y las cámaras extras, pero ya obtengo resultados.
– Tengo también varias llamadas a un número oculto. No las he podido rastrear, necesito saber qué compañía tiene el repetidor más cercano y con la ayuda de nuestro amigo el juez, seguramente pueda localizar las llamadas.

Olivia sabe que su edificio está vigilado. Así que atraviesa la ciudad hasta el barrio chino. Necesita llegar al gimnasio, allí tiene ropa limpia y algunas cosas que le vendrán de maravilla. Sabe que a esa hora los monitores están ocupados, así que baja las escaleras hacía los vestuarios. La tenue luz la aturde un poco, recuerda cuando le implantaron el dispositivo en la cabeza, su traslado a casa, la visita de Martín. Todavía recuerda el olor de su apestoso aliento mientras la violaba. Tenía que asegurar cada paso que daba, no podía permitir que nadie volviera a hacerla daño.
Se sentó en uno de los bancos, colocó la tarjeta SIM en el teléfono. Apalancó la puerta de la taquilla y con un ruido metálico se abrió sin dificultad. Se cambió de ropa, metió en su pantalón un pequeño monedero repleto de monedas que guardaba para la máquinas expendedoras. Antes de salir se coló en la recepción, la hermana de la señora Lin dormitaba frente al televisor. En el mismo cenicero, las mismas llaves. A su lado una tarjeta de visita. “Lucas…, agente de policía”. Ahora sabía con certeza el nombre de quien podía confiar. El misterioso policía que le hablaba por la emisora mientras la trasladaba en ambulancia.

 

 

©Julia OJidos Núñez
©Blog: https://juliaojidos.wordpress.com/
Depósito Legal: Safe Creative

 FELIZ FIN DE SEMANA

HISTORIAS DE WHATSAPP IV


Cuarenta y ocho horas después de la muerte de Jack

Todo estaba completamente a oscuras, respiraba el aire viciado dentro del ataúd. Jack volvió a la vida después de sentir que su cuerpo se desplomaba en el comienzo de un pequeño túnel. Una luz cegadora le guiaba hacía el exterior, allí, varias sombras movían despacio su cuerpo. La paz interior comenzó a despertar. Algo tiraba con fuerza de él y entonces se dio cuenta de que acababa de nacer. Sintió como se estremecía su cuerpo a causa de un frío polar, olía su propio aliento. No podía moverse, pero por alguna extraña razón sabía cómo intentarlo. No entendía que hacía allí, tumbado bocarriba con el cuerpo rígido, entumecido. Sentía su piel fría y sin vida, pero no tenía miedo. Estaba en el más absoluto silencio, la respiración comenzó a ser más agitada. Su cuerpo comenzaba a despertar. Pequeños y dolorosos estímulos viajaban por los músculos de su cuerpo haciendo castañear los dientes. El ruido que producía su boca le distrajo varios segundos de otro sonido que le llegaba desde el exterior.
Alguien estaba hablando o eso le parecía al joven Jack que también lograba percibir como arrastraban la lápida por encima de su cabeza. En esos momentos su respiración se vuelve más agitada, intenta gritar, pero solo consigue que varios gusanos se le metieran en la boca. Ahora, tenía claro donde estaba, los escupió y volvió a coger una bocanada de aire templado.
Al otro lado y con una palanca en la mano, Martín ejercía fuerza para que la tapa saltara por los aires. Apenas había luz, pero la suficiente para ver los ojos abiertos de Jack, que miraba enloquecido hacía el exterior. No le dio tiempo a pestañear, cuando dos enormes hombres le sacaron de tan angustiosa prisión. Le elevaron por encima de la caja y le depositaron en una camilla. Con la misma asombrosa precisión pusieron dentro del ataúd, a su querido amigo Óscar. Todo fue demasiado rápido, en cuestión de minutos el cuerpo aletargado de Jack solo percibía los pequeños pinchazos de las agujas en su brazo. Sus pensamientos estaban inertes, viajaban fuera de allí.

Después de varias horas dentro de la ambulancia, Martín sacó su móvil desechable, mandó un mensaje a un número oculto. El mensaje decía;
– “Mi sobrina ya ha nacido, espero que vengas a verla” – en segundos recibió la respuesta.
– Por supuesto que iremos a verla.

El terreno estaba fangoso por las últimas lluvias, el cielo seguía cubierto por nubes que impedían que luciera el sol. El olor a tierra mojada se impregnaba de forma deliciosa en el bosque de pinos. Lucas miraba los alrededores, intentando visualizar que había ocurrido en aquel escarpado terreno, cercano al desguace. Había establecido un perímetro de seguridad y estudiaban el terreno colindante.
Valeria miraba atenta dentro de los contenedores de basura del viejo desguace. Varios agentes de su equipo estaban interrogando a los trabajadores del lugar. El equipo forense había establecido un pequeño laboratorio de campaña para agilizar los análisis de las muestras. El brazo era uno de los restos que estaba en mejor estado, a pesar del bocado del perro, se mantenía entero.
Lucas ya estaba en el lugar donde se encontraron los restos, observaba con atención. Hizo un recorrido con la mirada e imaginó como había ocurrido la escena. Comenzó a oír sus fuertes latidos, notaba una ligera presión en la sien. Su mirada se volvió inocua, en ese momento vio a una mujer dentro del coche, mal herida. Apenas se mueve. El coche permanece colgado de una grúa pluma, el coche se tambalea. Lucas avanza varios pasos y se sitúa cerca de la trituradora, en estos momentos está parada, pero él la ve funcionando en su cabeza. La grúa avanza varios metros y suelta el vehículo a las fauces metálicas que ahogan los gritos de la mujer, con sus horribles chirridos.
– ¿Qué te parece Lucas? – le mira atentamente.
– Los restos son de Lucía, sin lugar a dudas.
– ¿Cómo has determinado eso? Las pruebas no están analizadas.
– Creo que aquí está jugando mucha gente al mismo juego. Tengo una corazonada.
– Cuéntamelo…, no seas tímido. – le propone Valeria con una impaciente sonrisa.
– Está bien, ven conmigo. -Se acercan a uno de los coches del equipo y la invita a entrar.
– Creo que hay dos asesinos implicados, completamente opuestos en sus perfiles. El problema de esto, es como vincularlos. No estoy seguro, pero creo que por alguna razón la organización quiere un determinado perfil de sus víctimas, pero alguien se adelanta y somete primero a la víctima a una serie de juegos. Si es adecuada para el implante, continúan con el método, cómo fue el caso de Olivia, Jessica. – Valeria le mira a los ojos y comienza a sopesar la información que acaba de darle Lucas.
– Quieres decir que el primer filtro lo hace un individuo, que a su vez interpreta las ordenes de sus superiores, como le da la gana. Hablo del caso de Sandra, esa mujer fue violada antes y después de su muerte. Las torturas más horribles y dolorosas se las hicieron en vida, le arrancaban trozos de piel, de todo su cuerpo en especial sus tatuajes y le quemaron la cara con ácido.
– A ese punto quiero llegar, en el sótano de Jessica, encontramos miles de tarros repletos de restos humanos. Entre todos, uno de ellos me llamo la atención. Un tarro que contenía piel tatuada de la parte de una axila. El tatuaje es de un dragón chino. – se produjo un incómodo silencio. – Valeria abre la consola del vehículo, teclea su código de seguridad.
– Ya sé, hacía donde me quieres llevar…, Lucía tenía un tatuaje en su axila. ¿Verdad?
La consola se abrió dando paso a un vídeo sadomasoquista que Lucía grababa en sus misteriosas citas. En una de las imágenes donde ella permanecía atada al cabecero de la cama, se ve con claridad el perfil de un dragón chino, tatuado en su axila.
– Entonces podemos determinar que el asesino de Sandra es el mismo que el de Lucía. En el caso de que sea ella, la que está en el amasijo metálico.
– Pero Lucas, hay varias cosas que no terminan por cuadrarme. – Valeria dirige la mirada hacia la consola.
– ¿Por qué de todas las chicas que les gusta ese rollo, eligieron a Sandra y a Lucía?
– Esa es la gran pregunta Valeria, todos los indicios se pierden en el Pub Nube. Es la pieza principal del rompecabezas. Por eso quiero que este fin de semana te hagas pasar por una necesitada del sexo Sado. El primer paso es preparar tu trayectoria en las redes y tus gustos por los perfiles de citas. Además de establecer contacto con otras chicas en la nueva aplicación de Whatsapp. – Valeria le mira con cara traviesa. Una expresión que Lucas conocía de sobra.

Tres horas después de recorrer y recoger pruebas en el desguace, Valeria va al estudio de un viejo amigo. Un investigador experto en fotografía y redes que siempre está disponible para Valeria. El propósito de la atractiva Agente es que su querido amigo pose con ella en la cama, rollo Sado y suba las fotos comprometidas a un perfil creado para ese propósito.
El equipo de fotografía y vídeo está preparado, el loft donde vive y trabaja es el escenario morboso de aquel álbum fotográfico.
– Valeria, ¿estás preparada?
– Sí. – coge aire y enmaraña con los dedos su cabello.

Una cama redonda vestida con una manta de pelo blanco, brilla con los focos. Valeria lleva una máscara de gata sobre su cara, solo se le ven sus carnosos labios pintados de rojo y el brillo de su mirada. Sus pechos están al descubierto, en sus pezones cuelgan dos grandes aros adornadas con varias tiras de cuero, por debajo de su pecho se ajusta un corsé color vino. A partir de ahí solo se cubre por unas medias hasta el muslo, sujetas con un liguero de encaje. Se tumba y entre sus piernas, coloca de forma sensual una fusta de piel de camello.
Ahora toca la sesión de fotos con su querido amigo. El joven, tiene la cabeza cubierta por un buzo con cremallera plateada. Solo se le pueden ver los ojos, la nariz y la boca permanecen ocultos. Está completamente desnudo, solo tiene un pequeño taparrabos. Lleva un collar de perro en el cuello y ella tira del con fuerza, agitando en el aire la fusta, le golpea los glúteos y le somete. Cuando ya ha controlado al sumiso, orina sobre su espalda. Ella le ordena que se masturbe y acabe dentro de su vagina.

Valeria se acaba de duchar, aquella sesión de fotos la ha agotado. Menos mal que había contratado a unos dobles para hacer los vídeos, la sesión de posado la ha realizado ella y su amigo, pero el vídeo porno Sado, no era posible…, aunque ella pensaba que…, si hubiera sido Lucas, no se hubiera negado.
– Valeria, ya tienes preparado tu perfil con las fotos y los vídeos porno. Ven a verlo. – Valeria se acerca mientras coloca su arma en la funda y abrocha la cremallera de su cazadora.
– Tiene muy buena pinta, ¿verdad? – le alborota el pelo a su viejo amigo que permanece sentado delante del ordenador.
– Está perfecto, espero que en pocas horas reciba notificaciones de amistad en las redes. Mándame una copia de todos los mensajes a mi servidor.
– Cada vez que miro tus fotos, me doy cuenta de que eres una autentica pantera. Devora hombres. Ya sabes que conmigo estas a salvo, gatita.
– Ya lo sé, mi querido amigo. Tus gustos tienen menos curvas.
– No seas malvada, curvas tienen en la entrepierna. Ja, ja, ja. – una risa contagiosa hizo desaparecer la tensión de la sesión de fotos.

Olivia abre los ojos, está algo mareada. Ya no está monitorizada, así que nada le impide moverse de la cama. Solo conserva en su mano una pequeña vía. Tiene los labios secos y la garganta le abrasa. Se sienta en el borde de la cama. En su mesilla hay un vaso vacío. Lo coge y se lo acerca a la nariz. Distingue el olor del zumo de mandarina. Gira lentamente la cabeza hacía un lado y hacía el otro. Decide levantarse lentamente, pone los pies desnudos sobre el frio suelo y le produce alivio. Mueve los pies arrastrándolos, no tiene suficiente control de su cuerpo como para levantar la pierna y dar pasos. Abre la puerta del baño y la cierra a su espalda. Coge aire y entorna los ojos. No quiere asustarse de lo que la imagen del espejo le va a mostrar. Tiene miedo de no ser ella misma. Ha sufrido mucho. Recuerda todo perfectamente. El secuestro, la operación, el abuso frecuente de Martín en su casa. El control que ejercía sobre ella cuando estaba drogada. Le odiaba con todas sus fuerzas y quería verle muerto. A él y a los psicópatas que experimentaban con mujeres con antecedentes familiares de cáncer cerebral. La puja y toda aquella pantomima era una tapadera para todo aquello.
Su mirada está perdida, las lágrimas empiezan a viajar sin control por sus mejillas. Se acuerda de aquella manera. Su imagen no ha sufrido cambio. Solo se ven los pequeños orificios donde hace unos días tenía los pendientes. El alivio inunda de nuevo sus ojos que riegan incansables sus mejillas. Está viva y sabe que corre peligro. Tiene que establecer un plan, sabe en quien confiar, solo en una persona. Una persona que le habló dulcemente en la ambulancia cámino del hospital.

Valeria está preparada, sale de su casa. Abre las puertas del coche con el mando, se sienta al volante, suspira y conecta la radio. Intenta parecer tranquila, así que para tranquilizarse enciende un cigarrillo. Desde el día que realizó la sesión de fotos e instaló la nueva aplicación de Whatsapp ha recibido más de mil notificaciones de amistad. Su equipo está analizando cada perfil que se ha añadido en su teléfono y en las redes. El depredador está entre ellos y tienen que desenmascararle.
El recorrido hasta el Pub Nube transcurre sin ningún incidente, antes de aparcar y salir del coche conecta los dispositivos de vídeo en el vehículo, al igual que los que tiene adheridos a su cuerpo. Ya está preparada. Según se va acercando al recinto se oye más nítida la música.
– Estoy preparada. Voy a entrar. Necesito confirmación de dentro.
– Adelante Valeria, tenemos a nuestro camarero en posición. Buena caza.

Valeria atravesó la oscura y gran puerta. La luz blanca intermitente le hacía pestañear. Su vista y sus oídos se fueron acostumbrando paulatinamente a los ruidos que se mezclaban azotando su cabeza. Su cuerpo retumbaba a golpe de estridentes acordes de guitarra eléctrica. La música estaba demasiado alta. Un hombre fornido se acercó pidiéndole que le acercara su móvil al lector. Después de que la luz verde del lector se apagara le entregó el teléfono. El enorme y seductor hombre acercó sus labios al oído de Valeria.
– ¿Es tu primera noche?, gatita. – le dijo con voz cazallera. – Valeria asintió tímidamente.
– ¿Ves aquella puerta?, es otra sala, allí estarás como en tu casa. – le dijo manteniendo el perfil de su barbilla entre sus dedos.

Sin más preámbulos Valeria dirigió su extraordinario cuerpo, hacia la puerta que le había indicado el fortachón.

 

Historia de Whatsapp III (décima parte)


mujer-frente-al-espejo

 

“INFILTRADA EN EL PUB NUBE”
En busca del asesino

Son las 00:14 h, Valeria se coloca los tirantes de su vestido negro, se perfila los labios frente al espejo. Es muy exigente a la hora de trabajar, su aspecto tiene que estar acorde con la situación. Sabe que este tipo de casos son arriesgados y no quiere decepcionar a su gran amigo Lucas. Después de varias semanas siguiendo pistas; todas ellas apuntan el Pub Nube.
Unas semanas antes, recibió la llamada de Lucas. Hacía mucho tiempo que no trabajaban juntos en un caso. Aquella tarde, salió de su casa a toda prisa. Sabía que Lucas se dirigía al garaje clandestino, donde su equipo trabajaba. Estaba situado al sur de la ciudad muy cerca del barrio chino. La zona estaba llena de indeseables, las calles estaban sucias y oscuras. Era el mejor sitio para ocultarse. Valeria baja por la interminable rampa a pie. Necesita información fresca sobre el caso. Llega al nivel -2 del parking y se desvía a la derecha. Ya comienza a percibir el olor a humedad, el goteo del agua. Apenas ve tres palmos, pero eso no la impide seguir avanzando. Un viejo bidón de aceite le avisa de que está cerca. Tiene que saltar al foso de un viejo montacargas y desde allí a solo unos metros se ven la pequeña puerta de entrada. Introduce la mano por una rejilla y activa una palanca. La puerta se abre despacio. Al entrar saluda a Iván que custodia la puerta armado hasta los dientes.
– ¿Ya ha llegado? – pregunta Valeria sin dejar de andar.
– Así es. Está en tu despacho. – le contesta sin apartar la mirada de la puerta.

Ve que su grupo está relajado en la sala de escuchas y seguridad. Saluda con la mano y va directa a su despacho. Lucas está de pie, observando el corcho que está colgado en una de las paredes. No la oye entrar; ella se mueve con sigilo y coloca las manos calientes alrededor de los ojos.
–  Hola, Valeria, menos mal que estoy en tu despacho, si eso me lo hubieras hecho en la calle, creo que no habría sido igual. – se gira despacio y la besa en los labios.
–  Cuanto tiempo…, Lucas. Ya no me acuerdo cuando fue la última vez. Me tienes muy intrigada con el caso. He seguido las noticias y ya conoces mi afición a tu trabajo. Todo lo que ves en el corcho, es la información que he podido recabar sin tu ayuda.
– Es asombroso, pero, ¿estas fotos en el cementerio? – vuelve a mirar el corcho.
– Bueno, ya sabes que me gusta ser retorcida y cuando me obceco en una cosa, me lanzo y comienzo a investigar. ¿Qué te preocupa del caso?
– Me he puesto en contacto contigo, porque creo que no quieren que lo investigue. El equipo que dirige Martín, ha destruido pruebas o simplemente ha alterado la escena del crimen.
– ¿Crees que es uno de los implicados? – le mira a los ojos, sus ojos brillan incandescentes.
– Creo que es un punto clave en las desapariciones, es más, creo que es uno de los asesinos.
– Estás seguro de ello. – se quedan en silencio, solo les bastó una mirada, para confirmarlo.
– Por eso tengo que ir con cautela, creo que sabe que voy tras él.
– ¿Cómo se han tomado la baja voluntaria? – Lucas sonríe y baja la cabeza.
– He tenido que recurrir a un viejo amigo con mano en la central. Ha enviado un informe psicológico que confirma que estoy bajo los efectos de una depresión y por eso me retiran temporalmente del caso. Eso me da carta blanca para entrar y salir a comisaria, para recabar la información que necesitamos para la investigación fuera de allí.
– Bueno, pues comencemos. ¿Quieres un café? Yo necesito uno doble. – Lucas asiente con la cabeza.

Lucas coge su taza de café y los dos se dirigen a la sala de operaciones. Allí el equipo espera las órdenes de búsqueda. El primero en hablar es Lucas. Se coloca frente la pantalla principal mirando a los interlocutores que esperan instrucciones.
– Cómo ya os habrá comentado Valeria, estamos con un caso con muchos cabos sueltos. Necesitamos ser escrupulosos en las búsquedas. Vamos a establecer varios equipos. –mira a Valeria.
– Lorena, Marcos, David, vuestro grupo se encargará en buscar información y contrastar datos de todas las mujeres interrogadas, datos desde que nacieron, todos los datos que podáis recabar son cruciales para la investigación.
– Toni, Zacarías y Albert vosotros controlareis comunicaciones, red, y sobre todo los metrajes de las cámaras de seguridad de todos los puntos por donde normalmente pasan las mujeres desde que salen de sus casas hasta que llegan al Pub.
– Equipo de campo. – guarda silencio unos minutos hasta que el grupo de más de diez personas se colocan en las primeras filas y se sientan a escuchar.
– Vosotros os organizáis para seguir las pistas antiguas, necesito establecer conexiones. Si para ello tenéis que formar parte de la ropa íntima de cada una de ellas, os doy permiso. Necesito que uno de vosotros se infiltre como camarero del Pub durante varios días. Ese tipo de sitios suele cambiar de personal muy a menudo.
– Usareis móviles desechables, si os encontráis en riesgo de ser descubiertos o comprometidos, abortar la operación y establecer plan B.
– En estos momentos comienza la investigación. Lucas os va a entregar los datos que tenemos hasta ahora. Nosotros vamos a hablar con el supuesto forense que firmó la defunción de Jack.

Valeria y Lucas llegan en un taxi al Hospital comarcal, allí llevaron a Jack el día de su muerte, se aproximaron a recepción.
– Por favor, necesitamos hablar con Silvio Rodríguez. – la recepcionista, teclea rápidamente el nombre.
– ¿En qué habitación está ingresado? por el nombre no me sale nada. – se quedan estupefactos.
– Estamos buscando al forense de urgencias Silvio Rodríguez. – Lucas comienza a ponerse nervioso.
– Siento decirles que nunca ha trabajado con nosotros ningún tipo con ese con ese nombre. – en ese momento Lucas le enseña la placa y pide hablar con su superior.

En pocos minutos un hombre alto y de mediana edad vestido con bata blanca y un poco encorvado se dirige a ellos extendiendo la mano.
– ¿En qué puedo ayudarles?
– Necesitamos ver los registros de entrada de ambulancias de hace tres semanas.
– Acompáñenme a mi despacho. – se levantaron y siguieron al jefe de urgencias.

En los registros no había ninguna entrada perteneciente a ese día de un varón llamado Jack. Lucas, entonces recordó, lo que había pasado con Jessica el día que la interrogaron. Recordó como los técnicos de ambulancia se desenvolvían torpemente, en el manejo de la situación.
Después de salir del hospital contractaron varias ideas y fueron a casa de Jack. Elena iba a salir cuando se cruzó con Lucas en el pasillo del portal.
– Buenas tardes Elena, disculpe por no avisar. Necesitamos hablar con usted.
– Pero es imposible, tengo que marcharme. – le empezaron a temblar las piernas.
– Creemos que su marido no murió por causa natural, fue asesinado. – el silencio irrumpió en el pasillo devorando el aire que respiraba Elena.
– ¿Está bien? – le pregunta mientras le sujeta por el codo.
– Sí, estoy bien.

Una vez dentro del apartamento, Elena deja el móvil sobre la mesa, se quita el abrigo y se disculpa antes de entrar al baño. Valeria ojea el salón- comedor. Mira todas las fotos y se da cuenta que no hay ninguna del difunto. Sólo un selfie de dos hombres y una mujer. Se acerca para apreciar los detalles de la foto. Están disfrazados, ahora ve con claridad de quien se trata, Jack es el que está a la derecha, Elena está en el centro; todos miran al frente menos Óscar que mira de forma enamorada a la mujer. La aguda intuición femenina de Valeria le hace recapacitar sobre la supuesta muerte de Jack. Suena el teléfono de Elena, ella parece no oírlo y Lucas se acerca para cotillear quien le llama. Es un mensaje de WhatsApp. Abre con cuidado el mensaje. Es una foto, ella está desnuda encima de Óscar. El contacto es oculto.
Lucas mira a Valeria, tienen la misma mirada, está llena de sospechas. Cómo tarda mucho en salir, golpea con los nudillos en la puerta.
– Elena ¿está bien? – no contesta nadie al otro lado, intenta abrir la puerta, pero está cerrada desde el interior. Le da una patada y consigue abrirla. En esos momentos Valeria está a su lado. Elena yace en el suelo, degollada.

El equipo de Valeria espera su llegada, tienen muchos datos que incriminan a Óscar y a Elena con la muerte de Jack. Entran como una exhalación directos a la sala de información.
– Venga chicos escupir. Qué tenemos sobre la muerte y desaparición del cuerpo de Jack.
– Tenemos una fuente que confirma que una pareja les compro una sustancia nociva. Lo curioso es que la descripción de la pareja coincide con la de Óscar y Elena. Pagaron muy bien el encargo. Coincide con los días que murió Jack. – Lucas mira con cara inexpresiva a Valeria.
– Espera un momento, la copia de la supuesta autopsia revela una extraña coagulación cerca del ventrículo izquierdo. Que puede ser producida por un inhibidor de otra sustancia. He leído sobre una nueva fórmula que produce una muerte temporal. La composición es muy antigua, pero verificada hace que un cuerpo no tenga latido hasta en dos días. Después le inyectan una mezcla de Epinefrina y trazos de glucosa. En muchos casos es imposible, pero en otros y depende del individuo puede ser efectivo.
– Necesito que busquéis los últimos informes médicos de Jack. – Lucas se sienta a escuchar más información.
– Tenemos una coincidencia con los casos, es un gimnasio en el centro del barrio chino. Hemos averiguado que Jack, Lucas y Olivia frecuentaban el lugar. En el caso de Olivia, impartía clases, dato que ya sabíamos. También tenemos la muerte de la señora Lin. – Valeria está pensando golpea la mesa con un bolígrafo, mientras aclara sus ideas.
– Necesito metraje de video de aquella zona.
– Valeria, ¿desde cuándo?
– Establece el seguimiento…, dos semanas antes de que Olivia callera desplomada frente la comisaría.

Martín pasa por el despacho de Lucas, lo ve ordenado y sin indicios de que estuviera cerca. Entra y cierra la puerta. Lleva las manos enguantadas, empieza a examinar los objetos que hay sobre el escritorio. Se sienta en la silla y revisa los cajones. No encuentra nada. Enciende el portátil.
– Lucas, alguien ha entrado en tu cuenta, a través del portátil de tu despacho. – se levanta como un resorte y camina hacia el analista. Se pone detrás de él para ver mejor la pantalla.
– Muy bien, activa la cámara web de mi portátil. Necesito saber quién es. – en ese momento Martín se levanta, solo puede ver un cinturón. La hebilla está partida, le falta un trozo.
– Espera un momento, esa hebilla…
– Necesito que me pongas en pantalla las fotos del sótano de Jessica. Creo a ver visto algo parecido en las pruebas recogidas allí.
Aparecen varias fotografías en la pantalla, Lucas elige una de ellas;
– Amplía el número siete.
– ¡Bingo! – inspecciona detenidamente la foto.
– Es el trozo que falta…, es un dragón ¿verdad?
– Parece que así es.
– Tenemos resultados del tejido de la chaqueta colgada en el perchero.
– Sí, pero los datos no son concluyentes. Ha sido recientemente lavada, alguien la desestimó como prueba. Solo se encontró un cabello, que siguen analizando.
– Joder…, me imagino de quien se trata.

Pascual suelta a sus perros, lleva muchos años como encargado del desguace, sabe que a veces se cuelan críos a robar chatarra, por eso suelta a sus mascotas. Aquella tarde fue diferente, dio una ronda con ellos atados, pero algo les llamó la atención y los soltó. Todos se fueron hacía la misma dirección. Parecían a ver encontrado un tesoro, porque lo que Pascual vio aquella tarde le heló la sangre. Llamó con un par de silbidos a sus canes, que le ignoraron por completo. Extrañado se dirigió hacia ellos. Dispuesto a castigarles; al acercarse pudo ver el brazo de una mujer en el suelo, muy cerca de un panel de chatarra. Uno de sus perros había mordido el brazo y lo saboreaba con gusto. Los fue atando como pudo y se los llevó a su jaula.
Estaba asustado por lo que había visto, se aproximó con cuidado y con un trozo de palo examinó el brazo mordido, sucio y desgarrado. Encendió una linterna e inspeccionó el amasijo compacto de uno de los últimos coches triturados. El olor y el color rojizo de varias partes le hizo vomitar. Regresó corriendo a la garita y telefoneó a la policía.

En ese momento en la sala de analistas salto un mensaje de alarma. Uno de ellos se levanta y va a buscar a Lucas que descansaba en una de las salas.
– Lucas tenemos un aviso, de la policía local. Han encontrado el miembro superior de una mujer en el desguace del sur. Llamó el encargado un tal Pascual. Según la información estaba muy nervioso y cree que alguien a triturado el cuerpo entre los restos de un coche.
– De acuerdo, desactiva la alerta para que el equipo de Martín no se adelante. Avisa que va un equipo para el lugar. Yo me encargo de todo.

©Julia OJidos Núñez
©Blog: https://juliaojidos.wordpress.com/
Depósito Legal: Safe Creative

 

 

HISTORIAS DE WHATSAPP III (octava parte)


row light from Chinese new year at Yaowarat thailand

El día del interrogatorio
Jessica yacía en el suelo, después de convulsionar; aunque Lucas le sujetaba la cabeza, la rigidez de su espalda y el golpe contra el suelo le fracturó las cervicales. Él se encontraba en medio de aquel extraño episodio de colapso cerebral. Seguía manteniendo la cabeza de la joven, esperaba la ambulancia. A su lado, de pie y con una mirada que pudo reconocer como lasciva, estaba Martín. Hablaba a través del móvil.

– Martín al habla, necesito una ambulancia urgente. –Lucas pudo oír claramente lo que decía e incluso pudo leer sus labios.

En pocos minutos, los técnicos sanitarios entran en la sala, estaban desorientados. Lucas había presenciado miles de veces el protocolo sanitario para un caso como el de Jessica. Observó que aquellos tipos estaban descoordinados. Fue todo muy rápido, las constantes de Jessica iban bajando de forma progresiva. Respiraba con dificultad. Un fluido negruzco le salía en forma de cascada desde el interior de su oído. Lucas se incorpora y escruta a Martín que mantiene la mirada perdida en el cuerpo de la joven. Antes de atravesar la puerta de salida, Lucas se informa de dónde será el ingreso hospitalario.

La bolsa de deporte de Óscar

Aquella tarde cuando Óscar decidió pasar por el gimnasio, para recoger la ropa deportiva y la bolsa de su gran amigo Jack. Antes de que viera a la profesora de yoga subida en aquella furgoneta, sucedieron varios acontecimientos que marcaron el destino del joven bróker.
El otoño entró de lleno en la ciudad, las frías y vacías calles mostraban las luces cálidas de los edificios, la gente volvía a sus casas después de una jornada laboral. Muchos bajaban a sus mascotas, otros se disponían a hacer running o se dirigían a impartir clases de yoga en el barrio chino. Ese fue el caso de Olivia. Una joven solitaria que vivía en un pequeño apartamento en el sur de la ciudad. Tenía una peculiar afición hacía lo desconocido; mantenía relaciones sexuales con extraños que conocía a través de la nueva aplicación de WhatsApp. Su primera vez fue en un restaurante cerca de donde vivía. Al parecer era alguien conocido, no le pudo ver la cara. Mantenía una careta sobre su rostro. Era empleado del restaurante, o eso creía Olivia. Aquella noche había quedado con él dentro del local.

Salió de su apartamento, bastante eufórica, había bebido un poco antes de salir. Cruzó la avenida y se dirigió a buen paso por el callejón. Las indicaciones para entrar estaban bastantes claras en el mensaje. Quiso consultar con exactitud el número de la puerta, pero una vez que WhatsApp te marcaba como mensaje leído, la nueva aplicación borraba de forma automática el mensaje. Desaparecía, aquel mensaje no se podía recuperar de ninguna manera.

El gimnasio estaba repleto de gente. Las calles de barrio chino estaban desiertas, los farolillos rojos marcaban el paso del dragón, la criatura mágica recorría las calles adoquinadas, practicando la danza para anunciar el nuevo año. Varios niños corren detrás de él simulando sus pasos y ofreciendo a los transeúntes una divertida sonrisa. Después del paso del dragón, el tramo de la calle que se dirige al gimnasio sucumbe a un solitario silencio. Una furgoneta con cristales tintados aparca frente a la puerta. Dos hombres encapuchados entran en el local portando varias bolsas de deportes. Pasan por el mostrador de recepción haciendo caso omiso a las palabras de advertencia de la señora Lin. Se oye su aflautada voz por encima del sonido del televisor. Uno de los intrusos salta por la ventanilla de recepción y golpea brutamente la cabeza de la señora Lin que muere de inmediato. Entre los dos se hacen cargo del frágil cuerpo de la anciana y los ocultan en la furgoneta. Acto seguido suben el volumen del televisor. Esperan entre las sombras, hasta que la sesión de esa hora acabe. Tienen solo un par de horas para preparar el quirófano, antes de que Olivia comience su clase.

Aquellos individuos tienen una trama muy bien estudiada, les ha venido de perlas, encontrar una candidata para el implante, reúne todas las condiciones para obtener el éxito. Además, matarán dos pájaros de un tiro. Han seguido de cerca a Óscar y a Elena. Saben que quieren acabar con la vida de Jack, cosa que no se pueden permitir, ya que el joven bróker tiene su entrada en ese juego, próximamente.

Cesar uno de los miembros de Ghost es el que dirige a sus hombres sobre el terreno. Aquella tarde abrió las dos taquillas y reemplazó la sustancia venenosa que Óscar quería suministrar a Jack para acabar con su vida. La nueva sustancia no dejaría huellas de ningún tipo en el organismo, es más, recobraría la vida en 48 h aproximadamente. Simularían su muerte para que Jack desapareciera del mapa.

Lucas está en el laboratorio, tiene una pequeña llave en su mano enguantada, la gira y mira detenidamente su estructura. Al parecer es una llave única, fabricada a mano, es imperfecta. Parece la llave que abre unos grilletes rudimentarios, en la parte baja se precian restos de óxido, pero no pertenecen a la composición metálica de la llave. La chaqueta está sobre la mesa del laboratorio, extraen tejido de diferentes partes. Lucas ha dado indicaciones para que encuentren restos orgánicos o tejidos adheridos a su tela. Cortan patrones en diferentes zonas cómo la axilar, cuello, mangas y lumbar. Tienen que analizar los tejidos con varios compuestos, para determinar donde ha podido estar y con quien.
Lucas está concentrado, no se percata de que al otro lado del ventanal que da al pasillo está uno de sus compañeros del servicio interno. Para llamar su atención, da pequeños golpes al cristal. Lucas levanta la vista, deposita la llave en la caja de seguridad de pruebas y sale al pasillo. Le mira a los ojos y ve preocupación en ellos.

– Sígueme. – le indica mientras se dirige hacia las escaleras de incendios.
– Lucas, no te vas a creer lo que ha pasado – cambia el rictus de sus labios, ahora los arruga y los tensa nerviosamente.
– Jessica no ha entrado en urgencias de ningún hospital. Al parecer el número de ambulancia que vino a recogerla no está registrada en ninguna empresa pública ni privada. Se ha esfumado. – Lucas comienza a pensar que hay alguien más metido en el caso, alguien con mucho poder dentro de la policía.
– Tenías razón, Martín está metido hasta el cuello, pero ¿Cuándo lo hace?
– Por ahora no puede sospechar que lo seguimos, tenemos que seguir en la línea de investigación abierta con su equipo. Tú ya sabes los que tienes que hacer. Necesito que busques información sobre propiedades, fuera de la ciudad que pertenezcan a familiares de Martín. Necesitamos saber donde cometes los crímenes.
En la casa de Jessica siguen las investigaciones, el equipo forense que está acampado en el jardín, analiza los restos de los tarros que encontraron en las estanterías del sótano. Han identificado a la joven que yacía en la mesa de madera. Es la última desaparecida, su nombre es Patricia. No se ha encontrado su móvil. Aunque por suerte, su última ubicación fue grabada en los servicios de seguridad ciudadana, que había activado en su teléfono esa misma noche. Aquella señal dejó de emitir las coordenadas en la parada de taxis.

Lucas está en la sala con los analistas. En la pantalla principal, aparecen los datos y fotos de las jóvenes. Intentan buscar un mismo patrón en todas las desapariciones. Han podido recabar información, sobre sus hábitos diarios. Lucas ha realizado un perfil común de ellas.
Sabe que no son elegidas por su físico, algo que sin duda un depredador sexual tiene muy en cuenta, pero hay algo que no le cuadra. Por una parte, tiene a una de las desaparecidas, Olivia, esta joven sobrevive a varias operaciones y es golpeada para someterla. Sin embargo, a Jessica le intervienen, le implantan un dispositivo craneal auditivo y la sueltan. Por otra parte, está Patricia y Lucía; Patricia no tiene intención de operarla, a no ser que la persona que facilita la localización de las chicas sea otro asesino que opera a espaldas de la organización. Aunque es más fácil realizar un perfil de un psicópata sexual, Lucas no duda que son dos perfiles diferentes. Su preocupación es encontrar con vida a Lucía.
Regresa a su apartamento después de varios días sin pisarlo. Camina toda la calle admirando el color de las hojas en otoño, el aroma a tierra mojada disfraza el olor del café recién hecho en el bar de la esquina. Antes de subir, pasa por el autoservicio de la familia Zhou, llevan en el barrio más de tres décadas. Le gusta el pan chino que hacen allí mismo. Compra algo de verdura y fruta, además de comida preparada para llevar. Cuando se dispone a pagar.

– Señor Zhou, puede subir el volumen del televisor. – mira de forma aséptica la noticia que están emitiendo en directo.
“Han encontrado los restos de la señora Lin, propietaria del conocido gimnasio ubicado en el barrio chino. Tiene la cara desfigurada, le ha amputado las manos”

Lucas paga su cuenta y sale del autoservicio con el móvil en la mano.

–  Valeria, soy Lucas, estoy con un caso complicado y necesito tu ayuda. Llámame.
Pasó por al lado de una papelera, abrió la tapa trasera de su móvil, quito la tarjeta y tiró el dispositivo. Medio metro más adelante y en la acera de enfrente tiró la tarjeta SIM.

©Julia OJidos Núñez
©Blog: https://juliaojidos.wordpress.com/
Depósito Legal: Safe Creative

HISTORIAS DE WHATSAPP III (sexta parte)


trio

Unas horas antes de la desaparición de Lucía

Lucía se está pintando los labios de color rojo, ha terminado de calzarse los tacones. Se mira de reojo en el espejo de la entrada y da los últimos toques a su ajustado vestido. Coge su coche y se dirige por una carretera comarcal al lugar de la cita. Está bastante animada, hacía mucho tiempo que no quedaba con un grupo desconocido de WhatsApp. Quería salir de la rutina y experimentar otros mundos, en especial en el sexo. Esa noche prometía, así que conducía alegremente, cantando y acompasando con pequeños toques en el volante como si estuviera tocando la batería. Estaba bastante excitada, sabía que hoy no dormiría sola.
Después de media hora conduciendo, llegó al lugar de la cita. Aparcó su coche al lado de una furgoneta con los cristales tintados. Se mesó el pelo para colocar su melena y con paso firme se dirigió a la entrada. Se oía la música retumbar por las paredes antes de abrir la pesada puerta. Tiró con fuerza y se sumergió en la oscuridad. Una luz blanca e intermitente le hacía de guía, no se apreciaba mucho el color de las paredes, ni tampoco la profundidad de la sala. Tenía que acostumbrar los ojos a aquella oscuridad. Un hombre enorme salió de la nada y le pidió la invitación. Lucía sacó el móvil y le enseño el código QR. El fornido hombre lo escaneó y le dio paso. En la pantalla de su móvil, apareció un mensaje de bienvenida. Se quedó boquiabierta, era un mensaje de vídeo. Al pasar el lector de código QR se activó el Bluetooth y recibió el mensaje. Varias chicas se acercaron para saludarla, sabían por la foto de WhatsApp quién era.
La cogieron por la cintura y se dirigieron a la barra. Había buen ambiente, mucha gente guapa pasándolo bien. Lucía sabía muy bien que buscaba, le gustaban las mujeres y los hombres; esa noche quería experimentar sexo duro. De eso iba aquel encuentro, de sexo. Allí se pujaba por formar un grupo, una pareja para una noche. Se pagaba grandes cantidades de dinero en metálico, aquella puja estaba a punto de comenzar. A Lucía le parecía divertido, pero no quería pujar por el momento. Tenía asignado un número con el código de entrada. A través del WhatsApp recibiría otro, con ese código aparecería una foto, si le daba a aceptar tenía posibilidad de llevarse a su casa una mujer o un hombre, pero si quería a ambos tenía que esperar otra vez su turno. Así estuvo varias horas, hasta que, por fin, se decantó por una mujer de color y un rubio corpulento. Ahora llegaba el momento de conocerlos. Había mucha gente en el centro del local, pero muchos ya habían abandonado la sala en pareja o en grupo.
La zona central se fue despejando y quedaban unas diez personas. Reconoció a la pareja y ellos a Lucía. Se acercaron observándose, muriéndose de ganas por empezar a conocerse mejor.
El corpulento rubio pasó su mano por los glúteos de Lucía que comenzó a estremecerse. La mujer de color le rozó suavemente los pechos. Se sentaron en un apartado. Se miraban lascivamente, la necesidad de placer se leía en sus rostros. Lucía estaba entre los dos, la mujer besaba sus labios, el rubio le mordía el cuello. Necesitaba salir de allí, así que los invitó a su casa.

La aparición de pruebas

Lucas estaba sentado en una de las salas de interrogatorios, frente a él, una extraña joven de mirada profunda y aséptica, estaba concentrada mirándole a los ojos. Lucas la observo varios minutos antes de comenzar las preguntas.
– Te llamas Jessica, ¿verdad? – no apartaba la mirada e incluso Lucas llegó a pensar que no corría sangre por sus venas.
– Sí, me llamo Jessica.
– ¿Sabes por qué estás aquí? – la mirada de la joven cambió de inmediato. Comenzó a ponerse nerviosa, giraba la cabeza y miraba al techo desesperadamente. Lucas sabía que temía hablar, por eso miraba las cámaras de seguridad de la sala.
– ¿De quién tienes miedo? – Lucas se levantó y colocó el visor de las cámaras hacía el techo, necesitaba que se tranquilizara. Enmudeció de repente.
– No quieres hablar…, sabes que eres sospechosa de varios secuestros. – solo quiero hacerte unas preguntas, tan solo eso.
– Necesitamos que nos ayudes a encontrar a Lucía, la primera joven desaparecida. Sé que la noche de la desaparición la viste en el Pub de carretera. Fue una quedada en grupo, pero desconocemos el motivo de esa reunión. –No paraba de moverse en la silla, comenzaba a ponerse nerviosa de nuevo.
Martín estaba fuera de la sala, observando a través del cristal de seguridad. Le miraba de forma lasciva, recordaba lo bien que lo pasó aquella noche. Él estuvo allí, al final de la barra. Quería pujar por Lucía, pero alguien se adelantó. Aquel juego que “GHOST” puso en marcha para ocultar las desapariciones le había favorecido para cubrir sus oscuras necesidades sexuales. Recuerda cómo emborrachó a Jessica a base de mojitos. Las perturbadoras imágenes que ahora recordaba le excitaban. No podía apartarlas de su cabeza. La ayudó a levantarse del apartado, la llevó a rastras al WC de hombres. La golpeó violentamente hasta que perdió el conocimiento. Entonces se desabrochó el pantalón, la dejó caer sobre el lavabo y la penetró brutalmente. Mientras alcanzaba el orgasmo, lloraba de rabia contenida. Aquella noche iba a ser larga, así, que cuando acabó de satisfacer sus necesidades, que fueron varias, llevó a la joven Jessica a un lugar que no figuraba en el mapa. El lugar secreto de la organización “GHOST”.
Después de saborear de nuevo el orgasmo de aquella noche, Martín saca del bolsillo un pequeño dispositivo y pulsa el botón.
La joven Jessica cambia su comportamiento, comienza a gritar, se aprieta la cabeza con las manos y se golpea contra la mesa. Lucas se levanta de inmediato e intenta mantener su cabeza alejada de la mesa, pero solo lo consigue arrojándola al suelo. Allí comienzan violentas convulsiones, sus ojos se ponen en blanco mientras su cuerpo no para de arquearse. Tiene todos los músculos del cuerpo tensos. Lucas la observa mientras intenta amortiguar las sacudidas. No puede hacer más. En ese momento entra Martín con el móvil en la oreja. Está pidiendo una ambulancia. Minutos después Jessica muere de graves hemorragias internas.

Lucas está a punto de entrar en casa de Jessica, tiene una orden del Juez para entrar y registrar palmo a palmo la vivienda. Es una casa unifamiliar de dos plantas y sótano. Su equipo ya está en marcha, en el jardín montan el campamento de análisis y laboratorio. El primero en entrar es Lucas. Se ha puesto unos patucos, lleva una mascarilla en el cuello por si le hace falta. Las manos enfundadas con unos guantes de látex. Le acompaña un fotógrafo. Le llama la atención el olor a rancio que envuelve la estancia. La pequeña casa está limpia y recogida. Las paredes tienen papel pintado de rayas, los muebles son antiguos. Se acerca a una pequeña mesa auxiliar donde descansan unas revistas de moda. Las coge para ojear las páginas, hasta que algo le llama la atención en las últimas páginas. Una columna de contactos, en ella subrayado con bolígrafo negro. Un extraño anuncio.
¿No sabes que preferencias sexuales tienes?
Nosotros te lo ponemos fácil.
Manda un WhatsApp a este número.
Sé tú mismo y disfruta del sexo.

Coge la revista y la mete en una bolsa que etiqueta él mismo. Sigue buscando pruebas, sube a la planta de arriba. Allí se pueden ver tres puertas. Están cerradas con llave. – ¿Qué raro? – piensa Lucas. Da una patada en una de ellas y se abre de milagro. La jamba sale por los aires. Las persianas están bajadas, el olor a rancio es casi masticable en aquel lugar. Palpa la pared para encender la luz. Solo existe el hueco del interruptor, los cables están expuestos. Saca el móvil y activa la linterna. Las paredes están cubiertas por plástico, el suelo también. Entra despacio esparciendo el pequeño haz de luz que proyecta su móvil, ve varias manchas en el suelo. Al enfocar la zona, distingue un fluido rojizo…, sangre. La toca con los dedos y se los acerca a la nariz. Avisa al equipo de laboratorio, colocan un foco en el pasillo orientando la luz al interior de la habitación. Los técnicos de pruebas están enfundados en sus trajes de protección. Lucas sigue inspeccionando la casa, el baño está siendo analizado por otro grupo. Están desarmando los desagües del lavabo y el plato de ducha. Intenta encontrar más pruebas para orientarles en la investigación. Lucas abandona la primera planta y decide bajar al sótano. La entrada está camuflada en el hueco de escalera, delante de la vieja puerta pintada del mismo color que la pared,  hay un perchero con peana cargado de abrigos y un par de bolsos. Antes de apartarlo, inspecciona los bolsillos. Encuentra una llave en el bolsillo interior de una chaqueta masculina. Coge aquella prenda y la mete en una bolsa de basura, se la entrega a un compañero. Es el momento de entrar en el sótano.

Lucas lleva trabajando muchos años, investigando infinidad de casos. Perfilando conductas físicas y psicológicas, si alguien entiende como funciona el interior del ser humano es él. Por eso le llega esa extraña sensación, que le aparta de todo lo terrenal, son los sentidos que se concentran con un solo objetivo, incrementar su estado de concentración, generando diversas hipótesis con solo una mirada; es lo que se podría definir como la intuición del cazador. Su agudeza para determinar los detalles de un crimen se debe sin lugar a dudas a su forma de pensar meticulosa y extraña. Con la capacidad de meterse en la piel del asesino y saber que le deleita a la hora de actuar.
Enciende la luz y unos fluorescentes despiertan con un débil parpadeo marcando perfectamente los escalones de bajada. El olor a podrido se escapa por la puerta, el aire viciado empieza a recibir oleadas de aire limpio. Lucas empieza a toser, decide colocarse la mascarilla. El pasillo de descenso está cubierto por desgastados ladrillos de varios colores, sé cascarilla cuando apoya las manos. La humedad es otra extravagante variante para su olfato.
Solo se ven trastos viejos por todos los lados, pero Lucas sabe que hay algo más detrás o debajo de aquellas paredes cubiertas de humedad. Realiza una inspección ocular, descartando posibilidades, se fija detenidamente en el suelo, justo delante de una vitrina vieja y sin cristales. Un pequeño surco se dibuja en el cemento, le indica que aquella antigualla había sido movida hace poco. Se aproxima escrutando con atención. Decide moverla en dirección a la marca. Abre bien los ojos, desde aquel ángulo solo se ve una mancha profunda y oscura que se extiende  por la pared. Avanza unos pasos y percibe un olor inconfundible dentro de aquella oscuridad.
Se comunica a través de la emisora con los compañeros que trabajan en el jardín.

– Quiero aquí abajo un equipo forense, ¡ya!

©Julia OJidos Núñez
©Blog: https://juliaojidos.wordpress.com/
Depósito Legal: Safe Creative

Sitio web ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: