HISTORIAS DE WHATSAPP III (octava parte)


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El día del interrogatorio
Jessica yacía en el suelo, después de convulsionar; aunque Lucas le sujetaba la cabeza, la rigidez de su espalda y el golpe contra el suelo le fracturó las cervicales. Él se encontraba en medio de aquel extraño episodio de colapso cerebral. Seguía manteniendo la cabeza de la joven, esperaba la ambulancia. A su lado, de pie y con una mirada que pudo reconocer como lasciva, estaba Martín. Hablaba a través del móvil.

– Martín al habla, necesito una ambulancia urgente. –Lucas pudo oír claramente lo que decía e incluso pudo leer sus labios.

En pocos minutos, los técnicos sanitarios entran en la sala, estaban desorientados. Lucas había presenciado miles de veces el protocolo sanitario para un caso como el de Jessica. Observó que aquellos tipos estaban descoordinados. Fue todo muy rápido, las constantes de Jessica iban bajando de forma progresiva. Respiraba con dificultad. Un fluido negruzco le salía en forma de cascada desde el interior de su oído. Lucas se incorpora y escruta a Martín que mantiene la mirada perdida en el cuerpo de la joven. Antes de atravesar la puerta de salida, Lucas se informa de dónde será el ingreso hospitalario.

La bolsa de deporte de Óscar

Aquella tarde cuando Óscar decidió pasar por el gimnasio, para recoger la ropa deportiva y la bolsa de su gran amigo Jack. Antes de que viera a la profesora de yoga subida en aquella furgoneta, sucedieron varios acontecimientos que marcaron el destino del joven bróker.
El otoño entró de lleno en la ciudad, las frías y vacías calles mostraban las luces cálidas de los edificios, la gente volvía a sus casas después de una jornada laboral. Muchos bajaban a sus mascotas, otros se disponían a hacer running o se dirigían a impartir clases de yoga en el barrio chino. Ese fue el caso de Olivia. Una joven solitaria que vivía en un pequeño apartamento en el sur de la ciudad. Tenía una peculiar afición hacía lo desconocido; mantenía relaciones sexuales con extraños que conocía a través de la nueva aplicación de WhatsApp. Su primera vez fue en un restaurante cerca de donde vivía. Al parecer era alguien conocido, no le pudo ver la cara. Mantenía una careta sobre su rostro. Era empleado del restaurante, o eso creía Olivia. Aquella noche había quedado con él dentro del local.

Salió de su apartamento, bastante eufórica, había bebido un poco antes de salir. Cruzó la avenida y se dirigió a buen paso por el callejón. Las indicaciones para entrar estaban bastantes claras en el mensaje. Quiso consultar con exactitud el número de la puerta, pero una vez que WhatsApp te marcaba como mensaje leído, la nueva aplicación borraba de forma automática el mensaje. Desaparecía, aquel mensaje no se podía recuperar de ninguna manera.

El gimnasio estaba repleto de gente. Las calles de barrio chino estaban desiertas, los farolillos rojos marcaban el paso del dragón, la criatura mágica recorría las calles adoquinadas, practicando la danza para anunciar el nuevo año. Varios niños corren detrás de él simulando sus pasos y ofreciendo a los transeúntes una divertida sonrisa. Después del paso del dragón, el tramo de la calle que se dirige al gimnasio sucumbe a un solitario silencio. Una furgoneta con cristales tintados aparca frente a la puerta. Dos hombres encapuchados entran en el local portando varias bolsas de deportes. Pasan por el mostrador de recepción haciendo caso omiso a las palabras de advertencia de la señora Lin. Se oye su aflautada voz por encima del sonido del televisor. Uno de los intrusos salta por la ventanilla de recepción y golpea brutamente la cabeza de la señora Lin que muere de inmediato. Entre los dos se hacen cargo del frágil cuerpo de la anciana y los ocultan en la furgoneta. Acto seguido suben el volumen del televisor. Esperan entre las sombras, hasta que la sesión de esa hora acabe. Tienen solo un par de horas para preparar el quirófano, antes de que Olivia comience su clase.

Aquellos individuos tienen una trama muy bien estudiada, les ha venido de perlas, encontrar una candidata para el implante, reúne todas las condiciones para obtener el éxito. Además, matarán dos pájaros de un tiro. Han seguido de cerca a Óscar y a Elena. Saben que quieren acabar con la vida de Jack, cosa que no se pueden permitir, ya que el joven bróker tiene su entrada en ese juego, próximamente.

Cesar uno de los miembros de Ghost es el que dirige a sus hombres sobre el terreno. Aquella tarde abrió las dos taquillas y reemplazó la sustancia venenosa que Óscar quería suministrar a Jack para acabar con su vida. La nueva sustancia no dejaría huellas de ningún tipo en el organismo, es más, recobraría la vida en 48 h aproximadamente. Simularían su muerte para que Jack desapareciera del mapa.

Lucas está en el laboratorio, tiene una pequeña llave en su mano enguantada, la gira y mira detenidamente su estructura. Al parecer es una llave única, fabricada a mano, es imperfecta. Parece la llave que abre unos grilletes rudimentarios, en la parte baja se precian restos de óxido, pero no pertenecen a la composición metálica de la llave. La chaqueta está sobre la mesa del laboratorio, extraen tejido de diferentes partes. Lucas ha dado indicaciones para que encuentren restos orgánicos o tejidos adheridos a su tela. Cortan patrones en diferentes zonas cómo la axilar, cuello, mangas y lumbar. Tienen que analizar los tejidos con varios compuestos, para determinar donde ha podido estar y con quien.
Lucas está concentrado, no se percata de que al otro lado del ventanal que da al pasillo está uno de sus compañeros del servicio interno. Para llamar su atención, da pequeños golpes al cristal. Lucas levanta la vista, deposita la llave en la caja de seguridad de pruebas y sale al pasillo. Le mira a los ojos y ve preocupación en ellos.

– Sígueme. – le indica mientras se dirige hacia las escaleras de incendios.
– Lucas, no te vas a creer lo que ha pasado – cambia el rictus de sus labios, ahora los arruga y los tensa nerviosamente.
– Jessica no ha entrado en urgencias de ningún hospital. Al parecer el número de ambulancia que vino a recogerla no está registrada en ninguna empresa pública ni privada. Se ha esfumado. – Lucas comienza a pensar que hay alguien más metido en el caso, alguien con mucho poder dentro de la policía.
– Tenías razón, Martín está metido hasta el cuello, pero ¿Cuándo lo hace?
– Por ahora no puede sospechar que lo seguimos, tenemos que seguir en la línea de investigación abierta con su equipo. Tú ya sabes los que tienes que hacer. Necesito que busques información sobre propiedades, fuera de la ciudad que pertenezcan a familiares de Martín. Necesitamos saber donde cometes los crímenes.
En la casa de Jessica siguen las investigaciones, el equipo forense que está acampado en el jardín, analiza los restos de los tarros que encontraron en las estanterías del sótano. Han identificado a la joven que yacía en la mesa de madera. Es la última desaparecida, su nombre es Patricia. No se ha encontrado su móvil. Aunque por suerte, su última ubicación fue grabada en los servicios de seguridad ciudadana, que había activado en su teléfono esa misma noche. Aquella señal dejó de emitir las coordenadas en la parada de taxis.

Lucas está en la sala con los analistas. En la pantalla principal, aparecen los datos y fotos de las jóvenes. Intentan buscar un mismo patrón en todas las desapariciones. Han podido recabar información, sobre sus hábitos diarios. Lucas ha realizado un perfil común de ellas.
Sabe que no son elegidas por su físico, algo que sin duda un depredador sexual tiene muy en cuenta, pero hay algo que no le cuadra. Por una parte, tiene a una de las desaparecidas, Olivia, esta joven sobrevive a varias operaciones y es golpeada para someterla. Sin embargo, a Jessica le intervienen, le implantan un dispositivo craneal auditivo y la sueltan. Por otra parte, está Patricia y Lucía; Patricia no tiene intención de operarla, a no ser que la persona que facilita la localización de las chicas sea otro asesino que opera a espaldas de la organización. Aunque es más fácil realizar un perfil de un psicópata sexual, Lucas no duda que son dos perfiles diferentes. Su preocupación es encontrar con vida a Lucía.
Regresa a su apartamento después de varios días sin pisarlo. Camina toda la calle admirando el color de las hojas en otoño, el aroma a tierra mojada disfraza el olor del café recién hecho en el bar de la esquina. Antes de subir, pasa por el autoservicio de la familia Zhou, llevan en el barrio más de tres décadas. Le gusta el pan chino que hacen allí mismo. Compra algo de verdura y fruta, además de comida preparada para llevar. Cuando se dispone a pagar.

– Señor Zhou, puede subir el volumen del televisor. – mira de forma aséptica la noticia que están emitiendo en directo.
“Han encontrado los restos de la señora Lin, propietaria del conocido gimnasio ubicado en el barrio chino. Tiene la cara desfigurada, le ha amputado las manos”

Lucas paga su cuenta y sale del autoservicio con el móvil en la mano.

–  Valeria, soy Lucas, estoy con un caso complicado y necesito tu ayuda. Llámame.
Pasó por al lado de una papelera, abrió la tapa trasera de su móvil, quito la tarjeta y tiró el dispositivo. Medio metro más adelante y en la acera de enfrente tiró la tarjeta SIM.

©Julia OJidos Núñez
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Historias de Whatsapp I (primera parte)


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Un nuevo contacto

El autobús aquella tarde tardaba en llegar. Olivia espera en la marquesina de su parada, entre sus manos su Smartphone que no para de emitir leves timbrazos de mensajes. Sonríe mientras contesta a los mensajes de forma rápida. Se da cuenta de que se ha quedado sola en la parada. Son las seis de la tarde, pero la oscuridad cierne bajo el cielo gris negruzco. La llovizna otoñal ha refrescado el ambiente, la humedad viaja ciega por las calles huérfanas de gente. Mira de forma distraída hacia ambos lados. Se moja los labios con la punta de la lengua y sigue leyendo los mensajes. Todos los jueves trabaja como monitora de yoga en un gimnasio en el barrio chino. La línea del autobús cruza parte de la ciudad, pero aquella tarde se retrasaba.
Consulta su reloj y levanta la cabeza, observa que hay un callejón en la acera de enfrente. Solo logra distinguir la bajada de una escalera de incendios y junto a ella varios cubos de basura. Se levanta un poco inquieta y estira las piernas. Le llama la atención una sombra que aparece en el comienzo del callejón. Una alargada figura bien definida asoma por la esquina. Aquella imagen inquieta más a la joven y la embriaga un temeroso presentimiento. Vuelve a mirar la pantalla de su móvil y ve cómo el sistema se reinicia. En ese momento distingue a lo lejos los faros del autobús que avanza con precaución de no pasarse la parada. Las puertas se abren emitiendo un leve chirrido. Se quita la capucha de su abrigo y deja al descubierto su corta melena negra, se coloca el flequillo; de manera que queda oculto uno de sus ojos. Saluda al conductor; él responde con inclinación de cabeza y arranca el vehículo. Olivia se siente más relajada, camina hacia la parte trasera donde se sienta. No hay mucha gente, pero reconoce a varias personas que a veces coincide en ese viaje. El sonido de otro mensaje le hace embozar una pequeña sonrisa. Hace un par de semanas apareció el número de una persona que había añadido a Facebook, no le conocía. Desde aquel día su número aparece en la agenda del teléfono. El mensaje provenía de ese número. Aquel mensaje decía;
–  Mira hacia atrás. – Giró lentamente la cabeza y vio la figura de un hombre delgado.
–  ¿Quién eres? –  Le preguntó arqueando las cejas, se movían frunciendo el ceño. Arrugando la zona donde se ubicaba el piercing.
–  Ya lo descubrirás.

Se sentó de lado, no paraba de mirar la extraña figura que se desdibujaba a medida que el autobús avanzaba. No comprendía nada de lo que estaba sucediendo. Apoyo la cabeza en el cristal de la ventana y comenzó a contemplar la oscuridad que envolvía las calles. Pronto comenzó a divisar el arco de dragones donde comenzaba el barrio chino. Los faroles rojos, alegraban de forma violenta los trazos de las calles empedradas. Las prostitutas se alojaban en los quicios de las puertas ofreciendo elegantemente su cuerpo semidesnudo. Algunas estaban ataviadas con el traje típico, para el reclamo de los nostálgicos. El olor a opio disparaba los registros de aire saludable.

El autobús paró. Olivia Se volvió a colocar la capucha antes de bajar. Sus ojos negros brillaban bajo la luz de los faroles,   su rostro porcelana le daba un toque vampírico. Su ropa negra y gris se camuflaba entre aquellas calles. Su lugar de trabajo estaba a pocos metros de allí. Bajó el corto tramo de escaleras metálicas que la separaba de la superficie. Encendió la luz del portal y la música comenzó a llegarle discretamente a los oídos.
Allí la esperaban cuatro alumnas, tumbadas en sus colchonetas, esperaban impacientes su llegada. Antes de apagar el móvil vio el icono de nuevo mensaje de WhatsApp; solo aparece el número; una extraña imagen en el perfil. El rostro de un hombre, su cabeza está cubierta por una capucha. Era tenebroso, pero a la vez excitante.
Continuará…

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Érase una vez…


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Érase una vez…, que bonito comienzo. Esas palabras que esperábamos ansiosos por qué nos iniciaba en un mundo de hadas y princesas, de cerditos y lobos. Donde el suspiro de amor de una princesa te robaba la respiración, sus labios perfilados te trasmitían sus secretos, te llevaban de la mano por bosques encantados descubriendo personajes que siempre recordarás.¿Quién no ha soñado en ser princesa o príncipe?, estar montado en un dragón o simplemente ser una hormiga. Todos esos cuentos nos han hecho aprender, volar y soñar. No los guardéis en un cajón, seguir leyendo cuentos, que todos guardan un mensaje, da igual que edad tengas, son eternos como sus comienzos. Érase una vez…

 J.Ojidos.

Una tarde de invierno


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Una tarde fría de invierno, desde mi ventana los arboles mecen sus ramas, mis manos abrazan fuerte una taza de café, siento el agradable sabor del café en mis labios. Justo a tiempo para comenzar a leer, he comenzado otro viaje, donde yo seré la protagonista, donde me trasladaré volando a un país de ensueño, recorreré llanuras a lomos de un caballo, dónde gritaré te quiero una y otra vez.
Donde seré capitán de un barco, donde me perderé sumergida en el interior de una pesadilla, saborearé un sin fin de besos, todo eso haré esta tarde, junto a ellos, siempre fieles, mis libros…

    Julia Ojidos Núñez

Libro para leer el fin de semana


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¡Ya es viernes!, tengo varios libros para leer, pero he encontrado uno muy especial para mí, me lo regaló mi hermano unas navidades cuando tenía 13 años. Lo he leído unas ocho veces, lo recomiendo, “Viento del este, viento del oeste” de Pearl S. Buck.

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Pearl S. Buck ha sabido describir en sus libros el punto justo en que se encuentran las civilizaciones oriental y occidental. Al trazarnos el retrato de una familia distinguida, apegada a tradiciones antiquísimas, nos muestra los conflictos que, de manera inevitable, surgen entre padres e hijos cuando las ideas occidentales penetran en los baluartes de la cultura china.. En esta magnífica obra se amalgaman así el interés temático y la precisa definición de los caracteres y los personajes…

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