‘El Quijote’ ya se puede leer en el cuarto idioma del mundo: hindi


Vibha Maurya, académica del Instituto Cervantes en Nueva Dehli, concluyó la traducción de las dos partes del Quijote tras más de diez años de trabajo

NUEVA DELHI, INDIA (16/FEB/2015).-  Las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ya se pueden leer completas en hindi, tras diez años de intenso trabajo de la académica india Vibha Maurya para hacer la obra universal de Miguel de Cervantes “lo más cercana posible” a los hablantes del cuarto idioma del mundo.

“Mancha ki ek jagah mein…” empieza “El Quijote” en hindi, cuya primera parte tradujo Maurya en 2005 y una década después ha concluido la segunda, explicó la catedrática durante su presentación en el Instituto Cervantes de Nueva Delhi.

“Es la primera traducción completa, de las dos partes, y directa del español, no desde el inglés como hasta ahora”, aseguró la profesora de estudios hispánicos de la Universidad de Delhi y miembro de la Real Academia Española (RAE) de las Letras.

Esta experta en la obra cervantina reconoció que “no es fácil la traducción directa, sin pasar por una tercera lengua, porque tienes que ser hispanista en el sentido de conocer la historia, la cultura y todo el contexto del libro”, escrito entre 1605 y 1615.

La traductora, no obstante, no ha ‘domesticado’ la obra en el sentido de adaptarla al acervo cultural de los hablantes de hindi, entre 380 y 490 millones según las fuentes, la mayoría en la India y países vecinos pero también en otros como Malasia, Fiyi o Sudáfrica.

“Está traducido en el contexto en que fue escrito, pero al hindi actual, no al del siglo XVII, y de una forma asequible para el lector común y corriente, sin concesiones personales sobre el contenido pero intentando trasladar el humor que contiene”, subrayó la autora.

”El Quijote” completo en hindi ocupa unas 900 páginas, frente a las casi mil 400 del texto original de Cervantes, y fue presentado en un acto ante representantes de embajadas como la de España en la India, críticos literarios indios y alumnos de español de varios países.

La traducción de la primera parte se presentó en la ciudad india de Calcuta en 2006 y ahora la presentación de la obra entera en Nueva Delhi coincide con la celebración en 2015 del cuarto centenario de la segunda parte del libro, uno de los más traducidos en todo el mundo tras la Biblia, a más de cincuenta idiomas.

Vibha Maurya tardó en realizar la traducción prácticamente el mismo tiempo que Cervantes entre una y otra parte. Las aventuras de Don Quijote y Sancho Panza también están traducidas al bengalí, el gujarati, el malayalam y otros idiomas de la India.

(información; http://www.informador.com.mx/cultura/2015/576607/6/el-quijote-ya-se-puede-leer-en-el-cuarto-idioma-del-mundo-hindi.htm)

LIBROS


Niveles de vida

Julian Barnes

Traducción de Jaime Zulaika. Anagrama. Barcelona, 2014 145 pp, 14’90 e., Ebook: 11’39 e.


Julian Barnes. Foto: Domenec Umbert

Los ditirambos que en 2011 mereció por parte de la crítica anglosajona la novela de Barnes ganadora del Man Brooker Prize me parecieron entonces muy exagerados. Hoy, por el contrario, me quito el sombrero ante esta nueva entrega de su talento literario, que me parece una pequeña-solo por su extensión- obra maestra.

Lo que El sentido de un final tenía de bien armado juguete narrativo, de guiño metaliterario a la teoría atristotélica de las peripecias recuperada por el crítico Frank Kermode, se transforma en este Niveles de vida en un texto de insólita profundidad para lo que corre en estos tiempos. El asunto de que trata lo es sin duda alguna: el duelo que acompaña la pérdida de un ser amado, que en este caso es, además, la esposa de quien narra. “No todo el mundo, por supuesto, valora el amor conyugal”, reconoce el protagonista, que el día del entierro leyó un pasaje tomado de una novela suya de hace 30 años en la que había intentado “imaginar cómo sería quedarse viudo para un hombre sexagenario”, y que se califica de “antiguo lexicógrafo”, como el propio Barnes (Leicester, 1946) lo fue para el Oxford Dictionnary. Esa dedicación aflora aquí cuando divaga acerca de la palabra alemana sehnsucht, ‘sin equivalente inglés’, pero sí, con similares connotaciones románticas y metafísicas, en la gallega y portuguesa saudade, que significa a la vez soledad y carencia, añoranza y desamparo.

Es inevitable recordar otras logradas manifestaciones literarias de ese sentimiento de aflicción inherente al duelo como Señora de rojo sobre fondo grisde Miguel Delibes o el diario que Roland Barthes escribió a raíz del fallecimiento de su madre Henriette Binger. La obra del escritor español se diferencia, sin embargo, por el embozo novelístico que vela su fundamento autobiográfico, y en cuanto al diario del francés, es muy acusado su carácter de texto concebido a modo del espejo lacaniano, que ayuda al autor a recrearse a sí mismo y en sí mismo, obviando la entidad de la madre, difuminada como un fantasma del que apenas se nos dice nada.

Parece estar pensando en Barthes el narrador de Niveles de vida cuando escribe: “Hay quien cree que el duelo es una especie de autocompasión violenta pero justificable”. Pero el efecto de autenticidad de su experiencia relatada es insoslayable, y no solo para los lectores que tengamos vivencias recientes de la misma índole que las sufridas y verbalizadas por Barnes o Barthes. La hondura del sentimiento, y de la reflexión sobre él, hacen de esta breve narración un texto trascendente, que alcanza altos niveles de intensidad cuando se descarta la solución del suicidio, porque entonces “moriría por segunda vez, y mis luminosos recuerdos de ella se perderían en la bañera enrojecida”, o cuando se medita acerca del significado que para la aflicción y el duelo tiene la propia muerte de Dios y el paupérrimo alivio que puede proporcionar al afligido, en boca de un cristiano, “todo lo que tu pálido galileo y su papá pueden hacer”.

La autenticidad apuntada y la profundidad se muestran compatibles, sin embargo, con una estructura primorosamente literaria, que la limitada extensión de la obra potencia al máximo. De las tres partes en que aparece dividida, cada una con su propio título, solo la última se dedica a la narración autobiográfica. Las otras dos son relatos históricos de las proezas afrontadas por los pioneros franceses e ingleses de la navegación aerostática en los siglos XVIII y XIX, y del romance vivido por la diva Sarah Bernhardt y el coronel y aventurero británico Fred Burnaby. Cierto que los dos amantes fueron lo que aquí se califica como “globonoicos”, y que uno de aquellos pioneros, Féliz Tournachon, se distinguió por su entrega total al amor y cuidado de su esposa enferma. Pero precisamente ahí radica la clave del brillante juego compositivo que caracteriza esta última obra de Barnes: la organización del texto sobre la pauta de lo que la vieja retórica denominaba la correlación diseminativa recolectiva. “Juntas dos cosas que no se habían juntado antes. Y el mundo cambia” funciona aquí, con mínimas variaciones, como un verdadero estribillo que se repite varias veces a lo largo de la narración, y se convierte finalmente en el leit motiv que proyecta sobre la historia final del duelo vivido por el narrador todos los motivos principales que jalonan el relato y la significación de las historias precedentes.

Información (http://www.elcultural.es/revista/letras/Niveles-de-vida/35327)

Esta nueva antología del poeta es una iniciativa ciudadana del proyecto Vega Educa


‘Poemas de la Vega’, una antología del Lorca campesino

 

 

 

 

 

 

“Amo la tierra. Me siento ligado a ella en todas mis emociones. Mis más lejanos recuerdos de niño tienen sabor a tierra”, decía Federico García Lorca a José R. Luna en una entrevista de 1934. Poemas de la Vega(Galaxia Gutenberg, Círculo de lectores 2014) es una selección de textos que recogen ese apego de Lorca por las geografías en los que pasó su infancia y juventud, escritos que también han hecho parte de sus obras de teatro en las que retrata el campo durante los años de la represión. Laura García Lorca, sobrina del poeta, Joan Tarrida, director de Galaxia Gutenberg, y Luis García Montero, autor del prólogo de la antología, hicieron la presentación de este libro en la Casa del lector en Madrid este martes.

Sin haberlo conocido, Laura García Lorca recuerda a su tío “como una acequia, como algo ligado a la tierra”. “Reunir estos textos pone en evidencia a ese otro Lorca, diferente al que se conozca quizá de Poeta en Nueva York”, señala Joan Tarrida, y añade que ve en esta nueva compilación la oportunidad de ofrecerle al lector una visión particular sobre el poeta y su obra.

La idea de hacer esta antología surgió de la organización Vega Educa, una red de profesores y centros educativos en Granada que se reunieron en 2007 bajo el lema “piensa global, actúa local”. Su objetivo principal es proteger la Vega de Granada, la cual ha sido “afectada por el boom del ladrillo”, sostiene Javier Alonso Magaz, miembro de Vega Educa y uno de los profesores que, junto Andrea Villarrubia y Luis García Montero, escogieron los textos para la antología.

Cuando empezó en 2007, Vega Educa era una agrupación de 23 profesores. Hoy son 800. En recorridos que hacían con los alumnos se dieron cuenta hace ya siete años que “Lorca está en todas partes en la Vega de Granada”, comenta Alonso Magaz. Los lugares donde Lorca escribió sus obras aún están presentes. Pero no todos. El paisaje de la Vega ha “desaparecido en un 40 %”, los profesores de Vega Educa denuncian esta devastación de lo que son algunos de los “terrenos más fértiles de España”. También denuncian el que no se conserven las casas en las que el poeta escribiera algunas de sus obras. Alonso Magaz hace referencia concreta al domicilio donde Lorca escribió La casa de Bernarda Alba “esta residencia está a punto de caerse”, comenta Alonso Magaz.

Poemas de la Vega tuvo su primera edición en mayo de este año. Pero esa fue una edición reducida de 1000 ejemplares que desaparecieron casi inmediatamente. La segunda edición del libro en este mes de septiembre supone también su presentación oficial. Hubo en realidad un público primero de la obra. Un solo ejemplar del libro viajó de España a Nueva York y la Habana en una colaboración con institutos en esas dos ciudades organizada por Vega Educa.

El libro tiene por lo tanto un proceso de gestación que es un compromiso social iniciado por profesores y alumnos para recuperar en nombre de García Lorca la Vega de Granada que fue un importante lugar de inspiración para su creación poética. “En la obra de Lorca toma mucho cuerpo la importancia de su aspecto campesino”, recuerda Luis García Montero

 

(información; http://cultura.elpais.com/cultura/2014/09/09/actualidad/1410288906_112491.html)

 

Del quirófano a la novela histórica


 

 

Pocas veces entrevistas a un novelista con bata blanca que acaba de dejar el quirófano para pasar de la sutura a hablar de la historia del Siglo de Oro. El cirujano barcelonés Carlos Ballesta (1947), un genio del bisturí, es a la vez un hacha de la narrativa histórica. Autor de varias novelas del género su última obra es Diego Hurtado de Mendoza, el hombre del emperador (Almed), en la que narra con excelente pulso literario y haciendo gala de una cuidadísima documentación las peripecias del personaje del título, una de las grandes figuras de la España de Carlos I. La trama, basada en hechos reales, es digna de unthriller e incluye una vertiente científica con el uso de un arma bacteriológica avant la lettreempleada en una conspiración contra la familia del emperador (algo en absoluto descabellado, recordemos que los turcos lanzaron con catapultas cadáveres de apestados por encima de los muros durante el asedio de Viena).

Ballesta es un hombre corpulento apasionado a la vez por su oficio y por los libros. Hablar con él —en el bar de la Teknon, la clínica en la que tiene su consulta—, resulta muy agradable. No solo por lo que sabe de historia sino porque además es un grandísimo viajero que ha leído a los maestros de la literatura del género y hasta ha seguido sus pasos: no ha dudado en adentrarse en el desierto del sur de Arabia, el terrible Territorio Vacío, tras el nimbado y arenoso recuerdo de Wilfred Thesiger, y ha arribado en el Índico a la legendaria isla de Socotra, hogar del Fénix, visitada por Simbad, los piratas, los submarinos rusos o Jordi Esteva. Pionero de la laparoscopia, Ballesta viaja por todo el mundo enseñando a operar en lugares como Perú o Yemen, donde, dice como si fuera lo más natural del mundo, “me visto de árabe y soy uno más”. Revela que tiene varios textos sobre sus aventuras en esos viajes.

Algunas de las peripecias del protagonista parecen de un 007 con gola

Ballesta —que es todo un apellido si escribes novela histórica— debutó conEl misterio del Carmen (2008), en el que narraba una trama ambientada en tiempos de Felipe II y la expulsión de los moriscos. De la singular personalidad del médico y escritor da fe la ocurrencia que tuvo para saber si su libro gustaba: seleccionó a diez personas al azar en la Fnac y las invitó a comer al Asador de Aranda con la condición de que leyeran su novela y le dieran su sincera opinión. “A todos les gustó y eso me animó a seguir”. ¡Eso sí que es promocionar un libro y no una frase elogiosa en una faja!

A Hurtado de Mendoza dice que se lo tropezó en sus lecturas y le fascinó de inmediato. “Es uno de los grandes personajes del siglo XVI, hidalgo y culto, hijo del almirante de las galeras imperiales, humanista, un verdadero príncipe del Renacimiento en sus intereses y actitudes”. Ballesta, apasionado bibliófilo, ha reunido una gran documentación original sobre ese aristócrata poeta (Lope de Vega ensalzaba sus redondillas), soldado y diplomático de Carlos I y en la novela hace guiños sobre su posible autoría de El lazarillo de Tormes.

En la novela, Hurtado de Mendoza viaja como enviado especial del emperador al concilio de Trento y por el camino va afrontando aventuras y peligros. En el convento de Mirambel descubre las sucias maniobras de un vicario fornicador que violenta a las novicias. En Génova es seducido por la esposa del Gran Duque, en Venecia comparte a la amante del embajador de Francia para enterarse de los planes de su rey y destapa una conspiración para elegir nuevo Dogo. En Roma se encuentra con Miguel Ángel… “Todos los personajes y las situaciones son reales; la vestimenta, las comidas, y he visitado todos los lugares”.

¿Un amoral Hurtado de Mendoza?, algunas de sus peripecias sugieren un 007 con gola. “Es hijo de su época, elimina a los enemigos de su rey, disfruta de los placeres. Es leal, galante y honrado. Lo que más le interesaba en la vida eran los libros y ahí sí que si era necesario los mandaba robar, pero luego legó toda su famosa biblioteca a Felipe II”.

El conocimiento médico de Ballesta queda patente cuando el diplomático sufre de fiebre de Malta, confundida con envenenamiento o en esa trama del uso del “pecado de las Indias”, la sífilis, para un magnicidio (conjura en la que aparece implicado nada menos que Miguel Servet).

Hurtado de Mendoza, que murió en 1575 de gangrena, fue acusado de irregularidades financieras y desterrado. ¿Fue injusta España con él? “Siempre lo ha sido con toda su gente, y ahora también, como prueba el trato a nuestros científicos. Es el carácter del país”.

Ballesta tiene en cartera varias novelas (una transcurre en el Perú del Virreinato) y libros de viajes y se muestra entusiasmado con la literatura, aunque advierte mirando el reloj y abotonándose la bata blanca: “Solo escribo cuando mis pacientes están bien”.

Información (http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/05/04/catalunya/1399233953_404049.html)

Alistair MacLeod, un clásico canadiense de la literatura casi secreto


 

 

El pasado 20 de abril fallecía en la localidad de Windsor, Ontario, el escritor canadiense Alistair MacLeod, de 77 años. En enero había sido víctima de una apoplejía de la que no llegó a recuperarse. MacLeod era un hombre sencillo y humilde al que la fama no logró cambiar. Pese a lo exiguo de su obra (una veintena de relatos y una novela), su reputación como escritor está a la altura de la de los mejores escritores canadienses, como Michael Ondatjee, Mavis Gallant, Alice Munro o Margaret Atwood. El primer relato que publicó, La barca,una historia sobre el mar y la muerte, fue incluido en la antología de los mejores cuentos norteamericanos de 1969, en la que figuraban Bernard Malamud, Joyce Carol Oates e Isaac Bashevis Singer. En vida, MacLeod publicó dos delgados volúmenes de cuentos en 1976 y 1986, respectivamente, despertando en ambos casos la admiración de críticos y lectores por la altísima calidad de su escritura.

Siguieron 13 años de incertidumbre. Se sabía que estaba escribiendo una novela, cuya publicación se aguardaba con avidez, pero de la que no se sabía mucho, salvo que los fragmentos que accedía a leer en público ocasionalmente estaban a la altura de lo que se esperaba de él. Tras su fallecimiento, amigos y conocidos del escritor han rememorado numerosas anécdotas relacionadas con su renuencia a publicar. Un día, la mujer de MacLeod llamó por teléfono a su editor, Douglas Gibson, indicándole dónde podría encontrar a su marido, que se dirigía hacia la estación de tren portando un maletín con el manuscrito. Haciéndose el encontradizo, Gibson se acercó e intentó persuadirle de que se lo entregara, sin conseguirlo. Años después, se subió a un avión y presentándose en Cabo Bretón con una botella de Talisker le dijo que no estaba dispuesto a esperar más. MacLeod cedió. Corría el año 1999.

Sangre de mi sangre supuso un acontecimiento a escala internacional. La novela obtuvo numerosos premios, incluido el prestigioso IMPAC Dublín. En realidad no hay solución de continuidad entre la novela y los cuentos, reunidos en un volumen titulado Isla (2000). Ambos tipos de narración constituyen una sustancia literaria única, caracterizada por una prosa desnuda y elegíaca, de gran intensidad poética e inusitada potencia narrativa. La escritura de MacLeod es una celebración del paisaje y las gentes de Cabo Bretón, su presente y la desgarrada historia de sus antepasados, obligados a emigrar a Nueva Escocia.

Escribía a mano. Tras aguardar pacientemente a que las frases cobraran forma en su cabeza, cuando se revestían de sonoridad, las pronunciaba en voz alta. Si las daba por buenas, las trasladaba a la página, convirtiéndolas por fin en objetos visuales. Los ordenadores eran un misterio absoluto para él: “Cuando veo las frases en la pantalla pienso que es cosa de duendes o de hadas, no algo que haya escrito yo”.

John Alexander Joseph MacLeod nació el 20 de julio de 1936 en North Battleford, Saskatchewan. Cuando tenía 10 años, su padre, de profesión minero, regresó con su mujer a Cabo Bretón, de donde eran oriundos. Alistair se pagó los estudios trabajando como leñador, minero, pescador y granjero. Se doctoró en literatura por la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos. Su vida se repartía entre Windsor, donde ejercía la docencia universitaria, y Cabo Bretón, donde pasaba los veranos encerrado en una cabaña sin electricidad, en lo alto de un acantilado, escribiendo. En una entrevista concedida a este periódico en 2001 me confesó: “Seguiré escribiendo, no sé bien qué. Probablemente otro libro de relatos”. Tenía 65 años. Para desdicha de sus lectores ese libro nunca llegó.

 

Información (http://cultura.elpais.com/cultura/2014/05/08/actualidad/1399531710_899717.html)

Alice Munro, un Nobel de cuento


Considerada la Chejov canadiense, era favorita desde hace varias ediciones | La Academia Sueca destaca su “maestría en el relato corto”

 

La Academia Sueca ha decidido entregar este jueves el Premio Nobel de Literatura 2013 a la escritora canadienseAlice Munro (Wingham, Ontario, 1931), que se convierte en la decimotercera mujer en ganar el galardón y la primera canadiense que lo logra. La Academia ha destacado su trayectoria como“maestra del relato corto”, así como su “armonioso estilo de relatar, que se caracteriza por su claridad y realismo psicológico”. Considerada por algunos críticos como “la Chejov canadiense”, la escritora ha publicado numerosas colecciones a lo largo de los últimos años.

La autora ha declarado que la obtención del galardón siempre había sido “un castillo en el aire que podría suceder, pero probablemente no sucedería”. La autora ha declarado a la cadena de televisión canadiense CBC News que fue informada del premio por su hija y que ni siquiera recordaba que este jueves se iba a anunciar al ganador: “Aquí es medianoche y lo había olvidado del todo”, ha asegurado. Asimismo, ha manifestado que su marido, fallecido hace pocos meses, habría sido “muy feliz” con la noticia. Sobre su decisión de no volver a escribir, ha asegurado en la misma entrevista que no le va a hacer reconsiderar esta decisión porque se está volviendo “más vieja”.

Munro comenzó estudios universitarios de periodismo e inglés, pero los abandonó al casarse para regentar la librería Munro’s Books. “Me educaron para creer que lo peor que podía hacer era llamar la atención sobre mí, o pensar que era inteligente o brillante”, dijo en una de las pocas entrevistas que concede. Escribió sus primeras historias en la adolescencia, aunque publicó su primera obra en 1968, una colección de relatos titulada Dance of the Happy Shades. Tras poner fin a su primer matrimonio, regresó a su universidad como escritora de Residencia. Considerada una de las voces más originales y libres del panorama narrativo universal, sus obras suelen tener como escenario pequeñas ciudades donde la lucha por unas condiciones de vida aceptables provoca en ocasiones conflictos morales y están escritas con un estilo llano y preciso.

Es autora de doce volúmenes de relatos, dos antologías y una novela. “Durante años y años pensé que mis relatos sólo eran tentativas para escribir la Gran Novela, pero descubrí que lo mío eran las narraciones breves. Supongo que al final todo mi esfuerzo ha tenido recompensa…”, ha admitido. A lo largo de su carrera ha recibido numerosos premios de prestigio, entre los que cabe destacar el Governor General’s Award de Canadá, que le ha sido concedido en tres ocasiones, el W.H. Smith Prize, el National Book Circle Critics Award de los Estados Unidos, el PEN/Malamud Award for Excellence in Short Fiction, el Rea Award for the Short Story, el Giller Prize, el Trillium Prize y el Libris Award. Actualmente la autora vive parte del año en Clinton, Ontario, y parte en Comox, en la Columbia británica. 

Volcada en sus letras con el mundo de las relaciones humanas, analizadas a través de la lente de la vida cotidiana, ella misma se declara en deuda con autoras como Flannery O’Connor, Katherine Anne Porter y Eudora Welty. Tras su debut literario, publicó su única novela, La vida de las mujeres(reeditada en español por Lumen en 2011). Posteriormente, regresó al cuento con recopilaciones como Something I’ve been meaning to tell you (1964) y Who do you think you are (1978). Otras antologías como Las lunas de Júpiter (1982),El progreso del amor (1986), Amistad de juventud (1990), Secretos abiertos(1994) y El amor de una mujer generosa (1998) ampliaron su recocimiento internacional. Entre sus últimos recopilatorios figuran Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio (2001), Runnaway (2004), en los que ha abordado la temática de las mujeres mayores y la soledad, y La vista desde Castle Rock(2006) y Demasiada felicidad (2010) y Mi vida querida (2013), del que dijo que podía ser su último libro

“Cada cuento suyo es un universo entero. Eso es lo que caracteriza a Alice Munro”, ha destacado una emocionada y “feliz” Silvia Querini, editora de Lumen y su editora en el ámbito hispanohablante, minutos después de recibir la noticia del galardón durante la Feria del Libro de Fráncfort. “Está marcado por la perplejidad frente al mundo. No va con respuestas, siempre está haciendo preguntas. Eso distingue el talante femenino”, ha añadido. Siete de las ficciones de Munro han sido llevadas a la pantalla, con predominio de los telefilmes. Sarah Polley filmó en 2006 Lejos de ella, con Julie Christie, basada en uno de sus cuentos. 

El galardón está dotado con ocho millones de coronas suecas (876.785 euros), después de que el pasado año la organización decidiera bajar dos millones la cuantía por la crisis. La ceremonia de entrega se celebrará como es tradicional el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de su creador Alfred Nobel (1833-1896), en la capital sueca.

El premio Nobel de Literatura, el más prestigioso a nivel mundial, se concede desde 1901. En las últimas ediciones han sido galardonados el novelista chino Mo Yan (2012), el poeta sueco Tomas Tranströmer (2011), el peruano Vargas Llosa (2010), la germanorumana Herta Müller (2009), el francés Jean-Marie Gustave Le Clézio (2008), la británica Doris Lessing (2007), el turco Orhan Pamuk (2006), el británico Harold Pinter (2005), la austriaca Elfriede Jelinek (2004), el surafricano John M. Coetzee (2003), el húngaro Imre Kertész (2002), el británico nacido en Trinidad Naipaul (2001), el francés de origen chino Gao Xingjian (2000), el alemán Günter Grass (1999), el portugués José Saramago (1998), el italiano Dario Fo (1997), la polaca Wislawa Szymborska (1996), el irlandés Seamus Heaney (1995), el japonés Kenzaburo Oe (1994), la estadounidense Toni Morrison (1993), el caribeño Derek Walcott (1992), la surafricana Nadine Gordimer (1991) y el mexicano Octavio Paz (1990). En total, con el de este año, son 110 los galardonados, de los cuales sólo 13 son mujeres. El anuncio del Nobel de Literatura precede al de la Paz, que se conocerá este viernes, mientras que el lunes llegará el turno al de Economía. 

Información (http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/5425/Alice_Munro_un_Nobel_de_cuento)

La Generación del 14, o el pensamiento total


La Biblioteca Nacional, en colaboración con Acción Cultural Española, conmemora el centenario del grupo liderado por Ortega y Gasset con una extensa exposición multidisciplinar

Generación del 14: ciencia y modernidad. El título de la exposición que, desde mañana viernes y hasta el próximo 1 de junio, podrá visitarse en la Biblioteca Nacional, no podría ser más exacto. Ciencia, porque se trata del primer grupo, de la primera generación que incluyó entre sus miembros a científicos e ingenieros de todas las disciplinas. Modernidad, porque supuso -todo aquel quicio generacional: de Gómez de la Serna a Blas Cabrera, de Ortega y Gasset a Torres Quevedo- la irrupción definitiva de España, de la cultura española en la boyante escena intelectual europea.

Hablamos de dos términos (ciencia y modernidad) que para Ortega equivalían a Europa. Y había que europeizar España (“Europa es igual a ciencia; y todo lo demás es común al resto del planeta”, escribió). El remedio, así pues, prescribía un esfuerzo de modernización. Como destaca Antonio López Vega, coordinador de la muestra, aquella generación aspiró a lograr una “mayor justicia social” y, para alcanzarla, decidieron partir, anclando la mejoría en el progreso, de los elementos más frágiles de la sociedad española. A todos, añade el historiador, los unía, además, una “idea integradora de España que reconocía la identidad de las regiones, pero anteponía siempre un proyecto de vida en común”. 

José Manuel Sánchez Ron, comisario encargado del área científica, insiste, para El Cultural, en el mencionado trasvase entre humanismo y ciencia: “Fue sin duda la primera vez que se dio un diálogo así”. ¿Pero por qué justo entonces? ¿Por qué el 27 lo forman estetas, el 98 literatos enraizados en la filosofía y el 14, a medio camino, un compendio tan amplio de científicos, escritores y filósofos? “Era el momento justo, el único posible -explica Sánchez Ron-. En España veníamos del desastre de las colonias y, con el tiempo, se achacó aquello a un retraso tecnológico y, por tanto, científico. A eso, además, hay que añadir el empuje del líder, de Ortega y Gasset, y su afán por europeizar España, que hizo que ese diálogo se diera también a nivel europeo, con colaboraciones en revistas españolas de figuras como Einstein, Heisenberg o Alfred Wegener”. Ortega, en 1908, pondría por escrito, para el futuro, lo que ocurría entonces: “Muchos años hace que se viene hablando en España de europeización (…) pues no hay palabra que considere más respetable y fecunda que ésta, ni la hay, en mi opinión, más acertada para formular el problema español”.

Pocas exposiciones podrán saltar, en apenas unos metros cuadrados, de Juan Ramón Jiménez (en plena brecha generacional con la publicación de Platero y yo en 1914) al químico Enrique Moles o al entomólogo Ignacio Bolívar, y eso tras hacer una parada, muy breve, en las greguerías ramonianas. Ramón, por cierto, no podía faltar en el fresco de una época en que todo, ya se ha dicho, estaba ramonizado. En la cripta del Café Pombo paraban poetas, pintores o periodistas, todos bajo la inclasificable sombra de su líder -digamos- espiritual, quien posaba, casi siempre en el centro, junto a gentes tan variadas como Tomás Borrás, Bergamín o Gutiérrez Solana. 

La presencia insoslayable, sin embargo, por encima de todos ellos, es la del autor de España invertebrada. Y los comisarios, conscientes de ello, le otorgan un espacio singular en la muestra, a través de la cual se diseminan interesantes documentos cedidos, en su mayoría, por la Fundación Ortega-Marañón. El propio filósofo fundó el movimiento o le dio, al menos, la señal de salida: su conferencia Vieja y nueva política, del 23 de marzo de 1914, sería el manifiesto o ideario generacional que aglutinaría conceptos clave como ciencia, razón, universidad, cultura o investigación.

La exposición es anchísima: más de doscientas piezas (algunas inéditas) en las que cabe todo. Hay seis secciones: 1914, año axial, que reúne una veintena de libros y lienzos, con obras de Joan Miró o Pablo Picasso, entre otros; Una generación para la historia, que incluye un retrato de Ortega y Gasset, obra deZuloaga, otro de Gómez de la Serna, de Vázquez Díaz, y otro de Juan Ramón Jiménez, de Juan BonaféCiencia como preocupación nacional, en la que, además de algunos inventos, podemos encontrar dibujos originales de Ramón y Cajal y algún lienzo de Sorolla como retratista de su generación;Plenitud de una generación, en la que destaca el famoso retrato que le hizo Enrique Segura a Azaña, así como algunos manuscritos, como el de La rebelión de las masasRealidad cultural plural de España, que contiene los originales de algunas revistas regionales de la época, como la vasca Hermés, o la gallega Nós y algunos retratos de, entre otros, Pompeu Fabra o Eugeni D´Ors; y Generación del 14 y América, en la que se pueden ver algunas cartas originales que reflejan la admiración que aquel continente despertó en quienes, como Pérez de Ayala, lo visitaron y vinieron diciendo que allí, también, hallaríamos el futuro.

Horrores Humanos: Los 10 peores experimentos psicológicos de la historia


Durante los primeros años de la psicología, los experimentos se salieron de control y los psicólogos utilizaron técnicas que en la actualidad serían consideradas poco éticas. Los pacientes tuvieron que soportar las primeras incursiones en un campo desconocido, siendo los conejillos de indias de personas que querían lograr sus objetivos. No todos los médicos eran así, pero hubo algunos que se destacaron por la crueldad, y a continuación haremos un repaso de algunos de los experimentos psicológicos menos éticos de la historia.

El estudio del Monstruo

Así se llamó a un estudio que se realizó en la Universidad de Iowa, donde se tomó a un grupo de huérfanos y se los utilizó en un experimento de conducta. Se los separó en dos, algunos recibían un discurso positivo sobre sus habilidades, y otros un discurso negativo donde se menospreciaba sus logros. Estos últimos tuvieron efectos negativos en su vida y problemas psicológicos. Al principio Wendell Johnson, el médico a cargo, negó el experimento, pero años más tarde la universidad se disculpó por él.

Experimento sobre las expresiones faciales 

Durante los años 20 se realizó un experimento para saber si las expresiones faciales eran las mismas en todas las personas, al reír, llorar, emocionarse o entristecerse. Fue realizado en la Universidad de Minnesota y los sujetos fueron en su mayoría estudiantes. Parte del experimento consistía en oler amoníaco, ver pornografía y tocar insectos, para fotografiar las reacciones de cada individuo.

La peor parte era cuando los hacían cortarle la cabeza a una rata. La mayoría se negaban, pero un tercio lo hizo, con medidas precarias por lo que la rata sufría mucho. El propio encargado de los experimentos, Carney Landis, decapitaba las ratas frente a quienes se resistían a hacerlo.

El cambio de sexo de David Reimer

En 1965, un bebé llamado David Reimer fue utilizado para un experimento de cambio de sexo. Fue llevado para ser circuncidado pero en el proceso su pene resultó quemado por un error en el procedimiento. El psicólogo John Money sugirió entonces un cambio de sexo. Sus verdaderas intenciones eran probar que la crianza determina la identidad de género y no la naturaleza. David sufrió numerosos problemas psicológicos, su familia se desmoronó y recién a los 14 años supo la verdad. Money siguió insistiendo en el triunfo del experimento.

Experimento de la cárcel de Stanford

En 1971, un grupo de psicólogos de la universidad de Stanford realizó un experimento muy polémico y poco ético. Seleccionaron dos grupos de estudiantes, unos jugaron el rol de presos y otros de carcelarios, lo que permitiría estudiar el comportamiento de las personas bajo cautiverio. Al poco tiempo, comenzaron a creer realmente en sus personajes, llevando a catastróficas consecuencias psicológicas.

Proyecto MK Ultra

El proyecto MK Ultra fue realizado por la CIA en los años ’50 y ’60, con el objetivo de manipular la mente de otros individuos. Utilizando drogas y metodologías poco ortodoxas pretendían controlar el cerebro humano. Se le suministraba LSD a personal de la CIA, militares, doctores, prostitutas y pacientes con desórdenes mentales, sin el consentimiento de ninguno de ellos. Los documentos del proyecto fueron destruidos para que fuera imposible el rastreo.

Elefantes con LSD

En 1962 el director del Zoológico Lincoln Park inyectó a un elefante con una dosis de LSD 3 mil veces mayor a la de un humano. Su intención era inducir al elefante a un estado de agresividad y altas hormonas. El experimento salió mal y el elefante murió instantáneamente, generando las protestas de toda la comunidad.

El experimento Milgram

Stanley Milgram quería probar que los alemanes tenían algo particular en sus genes que los hacía participar del genocidio y cometer atrocidades. Para probarlo ató a un hombre a una silla eléctrica y le pidió a un grupo de personas que le realizaran preguntas, apretando el botón de electricidad cuando contestara mal. El hombre torturado era un actor, y la silla no funcionaba, sin embargo cada vez que el hombre gritaba y rogaba, las personas más deseaban torturarlo. Su hipótesis original no fue probada, y el experimento de Milgram solo logró sacar lo peor de los individuos convocados.

Experimento en personas esquizofrénicas

En la Universidad de California se realizó un estudio que implicaba que un grupo de personas esquizofrénicas dejaran de tomar su medicación. El objetivo del programa era estudiar la esquizofrenia de cerca y que los psicólogos aprendieran nuevas formas de tratarla. Sin embargo, llevó a consecuencias desastrosas para los pacientes, los cuales empeoraron en su situación y uno de ellos cometió suicidio.

La Tercera Ola

El experimento de la Tercera Ola pretendía probar que el fascismo podía surgir dentro de sociedades democráticas. Se tomó como objeto de estudio una clase de secundaria, en la cual se les inculcó a algunos miembros la idea de pertenecer a un orden prestigioso. En pocos días comenzaron a segregar al resto de los estudiantes que no pertenecían al grupo y a cometer actos de violencia contra quienes no seguían sus pasos.

Durante los años 60 la homosexualidad era considerada una enfermedad, por lo que los psicólogos intentaban curarla con diferentes tácticas. Una de ellas fue generar aversión a la homosexualidad mostrando a los pacientes imágenes de parejas del mismo sexo, al mismo tiempo que se les aplicaba choques eléctricos e inyecciones que inducían al vómito. El objetivo era asociar el dolor con la homosexualidad, pero el experimento solamente logró dañar a los pacientes psicológicamente y generar traumas a largo plazo. 

En la actualidad, la psicología cuenta con una experiencia de más largo tiempo, sabiendo diferenciar entre aquellos experimentos poco éticos y los aprobados por la ciencia. Sin embargo, es necesario tener en cuenta estos errores para no volver a cometerlos.

Espera pronto una nueva entrega con otro de los @HorroresHumanos, que nunca deben ser olvidados, para así jamás ser repetidos.

(Información http://www.culturizando.com/2014/03/horrores-humanos-los-10-peores.html)

 

10 grandes inventos creados por mujeres


 

El mal llamado ‘sexo débil’ ha sido subestimado en muchas áreas a lo largo de la historia, entre ellas, la ciencia y la investigación, profesiones consideradas exclusivas para los hombres, sin embargo, hoy te presentamos 10 fabulosos e indispensables inventos creados y/o perfeccionados por mujeres.


1. El astrolabio
El astrolabio es un dispositivo para para determinar las posiciones de las estrellas sobre la bóveda celeste que fue perfeccionado por Hipatia de Alejandría, matemática, física y filósofa que vivió en el siglo IV. Hipatia trabajó con su padre, el astrónomo Teón, para hacer correcciones en el Almagesto de Ptolomeo y construir el astrolabio que conocemos comúnmente.

2. La sierra circular

Tabitha Babbitt observó un hombre en un aserradero mientras manejaba una sierra con dos asas, la cual necesitaba que se tirara de ella hacia atrás y hacia adelante con gran esfuerzo. Babbitt pensó que era una pérdida de energía, y en 1810 creó el prototipo de una sierra circular, que más tarde llegó a ser usada en la industria de los aserraderos.

3. El Champan moderno

Nicole Clicquot desarrolló en 1808 una tecnología gracias a la cual el champán lo conocemos claro y transparente hoy en día, ya que hasta que ella desarrolló dicha técnica era una bebida opaca y sin brillo, debido a los lodos que se acumulaban en su interior y que no se expulsaban. Esta singular mujer de 1,47 mts. de estatura, marcó su época. Conocida al fin de sus días como la Gran Dame de la Champagne, vivió casi hasta los noventa años y llegó a ser la primera mujer de negocios de los tiempos modernos.

3. El periscopio
Con la ayuda del periscopio, que fue patentado en 1845 por Sarah Mather, se determina la distancia y la posición de los objetos observados desde un submarino.

4. Conservas de carne
En 1873 en la Exposición Universal de Viena, la rusa Nadia Kozhina presentó un método para preservar la carne en latas de conserva, invento por el que recibió una medalla.

5. El lavavajillas Josephine Cochrane creó una máquina que lavaba los platos y no los golpeaba. Esto sucedió en 1886.

6. El soplador de nieve
En 1892 una secretaria llamada Cynthia Westover pensó que las calles tenían que estar tan limpias como el hogar. Se puso a trabajar en ello e invento el antecesor de las modernas máquinas de limpiar la nieve.

7. El limpiaparabrisas
Mary Anderson inventó el primer limpiaparabrisas para automóvil en 1903. Sintió pena por un conductor que se veía obligado en plena tormenta de nieve a parar constantemente para limpiar el parabrisas y se le ocurrió una idea que apuntó en su libreta de bocetos. Se le ocurrió un brazo giratorio con una lámina de caucho que el conductor podía accionar a través de una palanca. El limpiaparabrisas windsheld se convirtió en el equipo estándar de todos los coches de 1916.

8. WiFi

Hedy Lamarr se hizo famosa después de protagonizar una de las primeras escenas de naturaleza sexual en el cine, razón por la cual Adolf Hitler dijo que el director era un enemigo del Tercer Reich, y el Papa Pío XII invitó a los católicos no ver la película. Pero Hedy era fascinante no sólo por su faceta de actriz. En 1941 patentó un medio secreto de comunicación, que cambiaba dinámicamente la frecuencia de emisión para que fuera difícil de interceptar por el enemigo. Desde 1962, este dispositivo se utiliza en los torpedos del ejercito de Estados Unidos, y ahora se utiliza en las comunicaciones inalambricas y es conocido como WiFi. Hedy es recordada como la mujer más preciosa en la historia del cine y también como la inventora de la primera versión del espectro ensanchado.

9. Chaleco antibalas moderno
Stephanie Kwolek es una química polaco-estadounidense, que en 1965 inventó el poliparafenileno tereftalamida mejor conocido Kevlar®, una fibra de alta resistencia, color dorado, que puede ser hasta cinco veces más resistente que el acero y que en la actualidad es utilizada en la elaboración de chalecos antibalas. Su invención ha salvado la vida a miles de policías, bomberos y militares.

10. El Geobond (material indestructible para construcción)

Patricia Billings (nacida en Clinton, Missouri, EE.UU.) ha inventado una de las sustancias más revolucionarias y potencialmente provechosas de la industria moderna: un material de construcción que es indestructible e incombustible. Estudió arte en Texas y durante años se dedicó a la escultura. A finales de los años 70 una de sus obras de yeso cayó y se rompió. Teniendo en cuenta que en el Renacimiento algunos escultores utilizaban un añadido de cemento para dar mayor longevidad a sus obras decidió experimentar.

Billings tuvo éxito ocho años más tarde, inventando un aditivo lechoso que actuaba de catalizador,creando de esta manera un yeso indestructible. Pero había más, este nuevo material era también increíblemente resistente al calor y no es tóxico por lo que se usa en construcción.

 

Información (http://www.culturizando.com/2013/08/10-grandes-inventos-creados-por-mujeres.html)

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